La semana pasó rápido para mí. Decidí no hablar más con Martin del tema profundo hasta que llegara el viernes, para que valiera
la pena salir juntos y fuera una conversación larga de intercambios de nuestra cosmovisión. (GUAU peazo palabra)
Me sentí ligeramente nerd, pero era interesante, ya que yo veía el mundo de una manera tan normal, que me resultaba interesante
conocer a alguien distinto.
Finalmente llegó el viernes…
Ya le había avisado a mi madre desde el martes, así que estaba todo preparado.
Por primera vez, me emocionaba pasar un rato con Martin de una manera que fuera interesante o agradable desde el punto de vista mental, y no físico.
la pena salir juntos y fuera una conversación larga de intercambios de nuestra cosmovisión. (GUAU peazo palabra)
Me sentí ligeramente nerd, pero era interesante, ya que yo veía el mundo de una manera tan normal, que me resultaba interesante
conocer a alguien distinto.
Finalmente llegó el viernes…
Ya le había avisado a mi madre desde el martes, así que estaba todo preparado.
Por primera vez, me emocionaba pasar un rato con Martin de una manera que fuera interesante o agradable desde el punto de vista mental, y no físico.
Me vestí así:
Eran las cinco de la tarde cuando yo ya estaba lista y, tal y como lo supuse, Martin tocó el timbre a las cinco en punto.
—Hola—lo saludé cuando abrí la puerta.
—Hola. ¿Estás lista?—me preguntó con ansiedad.
—Sip—le dije mientras cerraba la puerta.
—Hola—lo saludé cuando abrí la puerta.
—Hola. ¿Estás lista?—me preguntó con ansiedad.
—Sip—le dije mientras cerraba la puerta.
Caminamos hacía su coche & él, como todo un caballero, me abrió la puerta al subir.
—Gracias.
—No hay de que—me dijo al cerrar la puerta.
—Así que… explícame eso de que no hay nada de que avergonzarse—le dije mientras conducía.
Se echó a reír.
—¿De qué te ríes?—le pregunté alzando una ceja.
—De que ya se me había olvidado que querías salir conmigo solo para hablar de mi forma de ver el mundo—me dijo cuando dejó de reír.
—¿Para qué más querría salir contigo?—le dije con divertido sarcasmo.
—Pues, no se… Quizá para besarme—dijo guiñándome un ojo.
Me ruboricé.
—Eso ya quedó atrás—le dije, cruzando los brazos sobre mi pecho.
—Para mí aún sigue muy presente—me dijo con voz seria.
—Como sea, yo vine solo para hablar de tu forma de pensar, así que si no vamos a hacer eso, mejor da media vuelta al coche y regrésame
a mi casa—le ordené.
—Está bien, está bien…—me dijo riéndose de mí.
—Bien. ¿Entonces…?
—¿Entonces… qué?—me preguntó alzando una ceja.
—¡¿Por qué no hay nada de que avergonzarse?!—le pregunté perdiendo la paciencia.
—Ah… si eso. Bueno. ¿Recuerdas que te había mencionado a los estereotipos?—me preguntó alzando las cejas con expectación.
Asentí.
—Pues todo lo que nos avergüenza está relacionado a ello.
—¿Por qué?
—Pues, porque lo vergonzoso de una situación se limita al “¿Qué dirán de mí si hago esto…?”. ¿Me entiendes?
—Más o menos. ¿Te refieres a que lo que nos avergüenza es la gente…?
—No exactamente, es más bien lo que dice la gente de nuestras acciones. Por ejemplo: si te gusta un chico
¿cuál es la razón para que no le digas que te gusta? Pues el miedo a que no le gustes tú también y a lo que dirá o pensará de ti.
Incluso te avergonzará pensar en lo que diría la gente de ti.
—Tienes razón—le dije sonriendo, después de que lo pensé un minuto.
—¿Lo ves?
—Sí, pero aún no veo muy claro el motivo para que divulgues todo—le dije frunciendo el ceño, pensativa.
—Ya te lo dije… es como una especie de liberación. Si no lo hiciera sería como un mal habito.
—¿Y desde cuando descubriste todo esto?
—Esa es una larga historia…—me dijo con la mirada perdida.
—Me gustaria escucharla, si no te parezco demasiado cotilla....—le dije con cautela al ver su expresión pensativa.
Me miró contrariado.
—Si no te lo dijera, violaría mis propias reglas—dijo con media sonrisa.
—¿O sea que sí hay algo que te avergüence?—le pregunté abriendo los ojos de golpe.
—No con cualquiera—admitió—. Es que tú eres especial.
—¿Especial?
—Eres una de las pocas personas que me importa lo que piense de mí—me dijo sonrojándose.
—Ah—fue todo lo que dije.
—Entonces… ¿aún quieres saber?—me preguntó, después de que estacionó el carro afuera del café al que íbamos.
—Pues… si tú no te sientes bien contándome mejor no—le dije con una sonrisa.
Se me quedó viendo con cara de sorpresa.
—No conocía este aspecto tuyo—dijo tocando mi rostro de repente y de paso, haciendo que el cosquilleo eléctrico corriera por la piel
de mi mejilla.
—¿Qué aspecto mío no conocías?—le pregunte, cohibida.
—Es qué la mayoría de la gente suele siempre querer saber los secretos de otras personas y por eso mismo me sorprende que tú
no quieras saber una de las pocas cosas en el planeta que tienen un potencial vergonzoso para mí—me dijo ahora alborotando mi
cabello—. Aunque de todas maneras supe que eras especial desde que me rechazaste la primera vez que te vi.
Por lo general todas las chicas seden ante una cara guapa.
—Gracias.
—No hay de que—me dijo al cerrar la puerta.
—Así que… explícame eso de que no hay nada de que avergonzarse—le dije mientras conducía.
Se echó a reír.
—¿De qué te ríes?—le pregunté alzando una ceja.
—De que ya se me había olvidado que querías salir conmigo solo para hablar de mi forma de ver el mundo—me dijo cuando dejó de reír.
—¿Para qué más querría salir contigo?—le dije con divertido sarcasmo.
—Pues, no se… Quizá para besarme—dijo guiñándome un ojo.
Me ruboricé.
—Eso ya quedó atrás—le dije, cruzando los brazos sobre mi pecho.
—Para mí aún sigue muy presente—me dijo con voz seria.
—Como sea, yo vine solo para hablar de tu forma de pensar, así que si no vamos a hacer eso, mejor da media vuelta al coche y regrésame
a mi casa—le ordené.
—Está bien, está bien…—me dijo riéndose de mí.
—Bien. ¿Entonces…?
—¿Entonces… qué?—me preguntó alzando una ceja.
—¡¿Por qué no hay nada de que avergonzarse?!—le pregunté perdiendo la paciencia.
—Ah… si eso. Bueno. ¿Recuerdas que te había mencionado a los estereotipos?—me preguntó alzando las cejas con expectación.
Asentí.
—Pues todo lo que nos avergüenza está relacionado a ello.
—¿Por qué?
—Pues, porque lo vergonzoso de una situación se limita al “¿Qué dirán de mí si hago esto…?”. ¿Me entiendes?
—Más o menos. ¿Te refieres a que lo que nos avergüenza es la gente…?
—No exactamente, es más bien lo que dice la gente de nuestras acciones. Por ejemplo: si te gusta un chico
¿cuál es la razón para que no le digas que te gusta? Pues el miedo a que no le gustes tú también y a lo que dirá o pensará de ti.
Incluso te avergonzará pensar en lo que diría la gente de ti.
—Tienes razón—le dije sonriendo, después de que lo pensé un minuto.
—¿Lo ves?
—Sí, pero aún no veo muy claro el motivo para que divulgues todo—le dije frunciendo el ceño, pensativa.
—Ya te lo dije… es como una especie de liberación. Si no lo hiciera sería como un mal habito.
—¿Y desde cuando descubriste todo esto?
—Esa es una larga historia…—me dijo con la mirada perdida.
—Me gustaria escucharla, si no te parezco demasiado cotilla....—le dije con cautela al ver su expresión pensativa.
Me miró contrariado.
—Si no te lo dijera, violaría mis propias reglas—dijo con media sonrisa.
—¿O sea que sí hay algo que te avergüence?—le pregunté abriendo los ojos de golpe.
—No con cualquiera—admitió—. Es que tú eres especial.
—¿Especial?
—Eres una de las pocas personas que me importa lo que piense de mí—me dijo sonrojándose.
—Ah—fue todo lo que dije.
—Entonces… ¿aún quieres saber?—me preguntó, después de que estacionó el carro afuera del café al que íbamos.
—Pues… si tú no te sientes bien contándome mejor no—le dije con una sonrisa.
Se me quedó viendo con cara de sorpresa.
—No conocía este aspecto tuyo—dijo tocando mi rostro de repente y de paso, haciendo que el cosquilleo eléctrico corriera por la piel
de mi mejilla.
—¿Qué aspecto mío no conocías?—le pregunte, cohibida.
—Es qué la mayoría de la gente suele siempre querer saber los secretos de otras personas y por eso mismo me sorprende que tú
no quieras saber una de las pocas cosas en el planeta que tienen un potencial vergonzoso para mí—me dijo ahora alborotando mi
cabello—. Aunque de todas maneras supe que eras especial desde que me rechazaste la primera vez que te vi.
Por lo general todas las chicas seden ante una cara guapa.
Me eché a reír y él conmigo.
—No todas las chicas tienen solo chicos guapos en el cerebro—le dije cuando bajamos del coche—. Yo prefiero inteligencia y me
intereso más por mi familia y por las calificaciones, en gran parte.
—Sí… pero la mayoría de las chicas si se dejan convencer en seguida. En cambio tú me costaste trabajo, de hecho, me estas costando
trabajo.
—¿Soy un reto más?—le dije con una sonrisa comprensiva.
Se quedó callado mirando a la nada un minuto.
—De hecho, no—contestó finalmente como si se hubiera dado cuenta de algo.
—¿Entonces… qué soy para ti?—le pregunté ligeramente curiosa por su respuesta.
intereso más por mi familia y por las calificaciones, en gran parte.
—Sí… pero la mayoría de las chicas si se dejan convencer en seguida. En cambio tú me costaste trabajo, de hecho, me estas costando
trabajo.
—¿Soy un reto más?—le dije con una sonrisa comprensiva.
Se quedó callado mirando a la nada un minuto.
—De hecho, no—contestó finalmente como si se hubiera dado cuenta de algo.
—¿Entonces… qué soy para ti?—le pregunté ligeramente curiosa por su respuesta.
Tomó mi rostro entre sus manos repentinamente, con una mirada tan seria que no parecía ser él mismo.
Me encantan los capítulos! Me encanta tu novela! Y me encantas tú! Sube pronto, por favor :)
ResponderEliminarHola!!
ResponderEliminarMe encanta tu novela... es increible como escribes.