—Dejaré a Martin elegir por mí—le dije a la profesora.
—¡No!—dijeron los chicos a coro.
La profesora solo asintió.
Martin los miró a todos con una sonrisa de suficiencia.
—Elegiré a… Austin.
El nombre me sonaba por alguna razón que no recordaba en ese momento.
—¡Sí!—gritó el aludido, todos los demás hicieron sonidos de decepción y buscaron otros equipos.
—¡No!—dijeron los chicos a coro.
La profesora solo asintió.
Martin los miró a todos con una sonrisa de suficiencia.
—Elegiré a… Austin.
El nombre me sonaba por alguna razón que no recordaba en ese momento.
—¡Sí!—gritó el aludido, todos los demás hicieron sonidos de decepción y buscaron otros equipos.
Austin se acercó a nosotros, era un poco más bajito que Martin y mucho más alto que yo, cabello castaño claro parecido al mío,
tez clara y ojos azules. Sus ojos eran muy bonitos, y era muy guapo, pero no tanto como Martin o Alex.
—Hola, compañera—me saludó con entusiasmo y seguridad.
—Hola—lo saludé asintiendo. En ese momento sonó la campana.
—Atención, chicos. Llévense sus libros y quiero que se reúnan en sus casas. El proyecto se entrega el próximo lunes
¿de acuerdo?—dijo la profesora mientras recogía su escritorio.
—Sí—dijeron los estudiantes.
tez clara y ojos azules. Sus ojos eran muy bonitos, y era muy guapo, pero no tanto como Martin o Alex.
—Hola, compañera—me saludó con entusiasmo y seguridad.
—Hola—lo saludé asintiendo. En ese momento sonó la campana.
—Atención, chicos. Llévense sus libros y quiero que se reúnan en sus casas. El proyecto se entrega el próximo lunes
¿de acuerdo?—dijo la profesora mientras recogía su escritorio.
—Sí—dijeron los estudiantes.
Fui por mis cosas a mi lugar y mis dos compañeros me siguieron, como perritos falderos.
—Así que… ¿qué día nos vamos a reunir y donde?—pregunté.
—Mi casa es muy grande—dijo Martin—y seguro a mis padres no les importará. Además vives muy cerca—me señaló.
—¿Qué día?—preguntó Austin.
—¿El viernes quereis?—preguntó Martin.
—Por mi no hay problema—dije, después miramos a Austin.
—Está bien—dijo Austin con una sonrisa—. Es una cita.
—Entonces a las cinco—concluyó Martin.
—Hm… ¿les parece bien si es a las seis?—preguntó Austin—Es que de cuatro a cinco y media tengo fútbol.
—Perfecto. Sofi y yo te esperaremos.
—Así que… ¿qué día nos vamos a reunir y donde?—pregunté.
—Mi casa es muy grande—dijo Martin—y seguro a mis padres no les importará. Además vives muy cerca—me señaló.
—¿Qué día?—preguntó Austin.
—¿El viernes quereis?—preguntó Martin.
—Por mi no hay problema—dije, después miramos a Austin.
—Está bien—dijo Austin con una sonrisa—. Es una cita.
—Entonces a las cinco—concluyó Martin.
—Hm… ¿les parece bien si es a las seis?—preguntó Austin—Es que de cuatro a cinco y media tengo fútbol.
—Perfecto. Sofi y yo te esperaremos.
Asentí. De repente recordé porque el nombre de Austin me sonaba. Era el chico que durante clases le había mandado la nota a Martin
preguntando si yo estaba disponible.
—OK. Nos vemos entonces—dijo Austin y se despidió moviendo la mano mientras salía del salón.
—¿Por qué elegiste a Austin si sabes que le gusto?—le reclamé, una vez que nos quedamos solos.
—Pues porque no tiene intenciones de rendirse y al parecer estaba haciendo planes para acercarse a ti, así que decidí tomar cartas en
el asunto para mostrarle de una vez que eres mía—dijo sonriendo con inocencia.
Lo miré alzando una ceja.
—¿Tuya?
—Una forma de decir que no tengo intenciones de compartirte.
—Aún así, no entiendo como piensas mostrarle que soy “tuya”—dije enmarcando la palabra con un movimiento de dedos.
—Yo tampoco, pero algo se me ocurrirá—dijo pensativo.
preguntando si yo estaba disponible.
—OK. Nos vemos entonces—dijo Austin y se despidió moviendo la mano mientras salía del salón.
—¿Por qué elegiste a Austin si sabes que le gusto?—le reclamé, una vez que nos quedamos solos.
—Pues porque no tiene intenciones de rendirse y al parecer estaba haciendo planes para acercarse a ti, así que decidí tomar cartas en
el asunto para mostrarle de una vez que eres mía—dijo sonriendo con inocencia.
Lo miré alzando una ceja.
—¿Tuya?
—Una forma de decir que no tengo intenciones de compartirte.
—Aún así, no entiendo como piensas mostrarle que soy “tuya”—dije enmarcando la palabra con un movimiento de dedos.
—Yo tampoco, pero algo se me ocurrirá—dijo pensativo.
La semana siguió sin más novedades que la del proyecto en equipo, además de que Martin empezaba a gustarme un poco más.
Aparte de las novedades, después del lunes Austin se empezó a sentar con nosotros—Alex, Martin, Helen y yo—durante los recreos.
Martin esta semana me empezo a gustar, era por su forma de actuar y hay que admitir que su físico
le ayudaba bastante.
Pero más que nada, era muy tierno. Aunque no me dejaba engañar por los halagos, él parecía tan sincero cuando me
decía que me quería y ese tipo de cosas que simplemente no podía evitar que me gustara, aunque fuera solo un poco
Finalmente llego el viernes.
Aparte de las novedades, después del lunes Austin se empezó a sentar con nosotros—Alex, Martin, Helen y yo—durante los recreos.
Martin esta semana me empezo a gustar, era por su forma de actuar y hay que admitir que su físico
le ayudaba bastante.
Pero más que nada, era muy tierno. Aunque no me dejaba engañar por los halagos, él parecía tan sincero cuando me
decía que me quería y ese tipo de cosas que simplemente no podía evitar que me gustara, aunque fuera solo un poco
Finalmente llego el viernes.
—Paso por ti a las cinco para llevarte a mi casa—me dijo Martin antes de que bajara del autobús.
—Sip.
—Sip.
Entré a mi casa y saludé a mi madre, conversamos mientras comíamos y le hablé del plan que tenía para la tarde.
—Mamá, por cierto, encargaron un proyecto en equipo para una clase, así que a las cinco viene un compañero por mi para ir a su casa a
hacer el trabajo ¿si?
—¿Cómo se llama tu compañero?—me preguntó.
—Martin Hogan.
—Hm… ¿Y donde vive?
—A dos casas de aquí, solo que no se exactamente donde. Por eso viene por mí.
—Está bien. Divertios trabajando.
—Ja-ja, claro—le dije con sarcasmo y sonriendo.
Ella rió quedito y se levantó de la mesa para lavar los platos.
—Mamá, por cierto, encargaron un proyecto en equipo para una clase, así que a las cinco viene un compañero por mi para ir a su casa a
hacer el trabajo ¿si?
—¿Cómo se llama tu compañero?—me preguntó.
—Martin Hogan.
—Hm… ¿Y donde vive?
—A dos casas de aquí, solo que no se exactamente donde. Por eso viene por mí.
—Está bien. Divertios trabajando.
—Ja-ja, claro—le dije con sarcasmo y sonriendo.
Ella rió quedito y se levantó de la mesa para lavar los platos.
Después de eso me cambié la ropa que había llevado a la escuela por esta:
Me acosté en el sillón, con mi mochila del colegio en el suelo por si Martin llegaba pronto, como lo había hecho el sábado.
—Ya me voy, Sofi—me dijo mi mamá después de un rato y se acercó para besar mi mejilla.
—OK. Nos vemos en la noche—le dije.
—Sí, adiós.
—Ya me voy, Sofi—me dijo mi mamá después de un rato y se acercó para besar mi mejilla.
—OK. Nos vemos en la noche—le dije.
—Sí, adiós.
Cuando abrió la puerta para salir se encontró con Martin, quien estaba a punto de tocar.
—Ah, tú debes de ser Martin—le dijo mi madre.
—Si, mucho gusto señora. Usted debe de ser la señora Miller ¿no?—le preguntó él con tono educado y extendiendo la mano.
—Dime Rebeca—dijo mamá, tomando su mano—. Bueno, nos vemos luego, porque voy tarde al trabajo.
—Ah, claro—dijo Martin haciéndose a un lado.
—¡Adiós, Martin! ¡Adiós, Sofi!—gritó mí mamá mientras se metía a su carro y se iba.
Tomé mi mochila del suelo y salí de la casa con Martin.
—¿Lista para conocer mi casa?—me preguntó entusiasmado.
—Sip—le dije—. ¿Estarán tus padres?
—No—me respondió con aún más emoción—. Mi padre tiene una fiesta de su trabajo, así que mamá fue con él.
Tenemos la casa para nosotros dos solos… y Austin, cuando llegue. Algunas personas trabajan ahí, pero estoy seguro de que no nos
molestarán.
—Ah, tú debes de ser Martin—le dijo mi madre.
—Si, mucho gusto señora. Usted debe de ser la señora Miller ¿no?—le preguntó él con tono educado y extendiendo la mano.
—Dime Rebeca—dijo mamá, tomando su mano—. Bueno, nos vemos luego, porque voy tarde al trabajo.
—Ah, claro—dijo Martin haciéndose a un lado.
—¡Adiós, Martin! ¡Adiós, Sofi!—gritó mí mamá mientras se metía a su carro y se iba.
Tomé mi mochila del suelo y salí de la casa con Martin.
—¿Lista para conocer mi casa?—me preguntó entusiasmado.
—Sip—le dije—. ¿Estarán tus padres?
—No—me respondió con aún más emoción—. Mi padre tiene una fiesta de su trabajo, así que mamá fue con él.
Tenemos la casa para nosotros dos solos… y Austin, cuando llegue. Algunas personas trabajan ahí, pero estoy seguro de que no nos
molestarán.
Repentinamente me sentí nerviosa. ¿Estaría sola con Martin en su casa?
Tranquilízate, él prometió que no volvería a hacer cosas estúpidas contigo… me dijo la voz de la sensatez en mi cabeza.
Nada que tú no le permitieras… contraatacó la voz loca.
Me tenían confundida discutiendo en mi cabeza.
Por una parte, yo queria a Alex pero por otro lado, Martin me gustaba y estaríamos solos…
Malditas hormonas… pensé con nerviosismo.
Tranquilízate, él prometió que no volvería a hacer cosas estúpidas contigo… me dijo la voz de la sensatez en mi cabeza.
Nada que tú no le permitieras… contraatacó la voz loca.
Me tenían confundida discutiendo en mi cabeza.
Por una parte, yo queria a Alex pero por otro lado, Martin me gustaba y estaríamos solos…
Malditas hormonas… pensé con nerviosismo.
—Esta es mi casa—me dijo Martin, sacándome de mi discusión interna y señalando con su mano una enorme mansión.
Me quedé con la boca abierta.
—¿Esta es tu casa?—le pregunté.
—Sip—dijo sonriéndome.
—Wow…
Se rió.
—Vamos—me dijo mientras tomaba mi mano.
Me quedé con la boca abierta.
—¿Esta es tu casa?—le pregunté.
—Sip—dijo sonriéndome.
—Wow…
Se rió.
—Vamos—me dijo mientras tomaba mi mano.
Sentí el calor de su mano desde la punta de mis pies hasta la punta de mis cabellos alborotados.
Abrió la puerta metálica del portón plateado y lo primero que vi fue la fila de coches lujosos que estaban dentro.
Eran cinco, sin contar el de Martin.
Detrás de los coches había un sendero de adoquines que era muy ancho y largo, por el cual
se llegaba hasta la mansión, que era la construcción enorme que había hasta el final del sendero. Además había mucho más jardín hacía
los lados, parecía no tener fin.
Me sorprendí, pero no dije nada. La emoción me embargaba demasiado y hacía temblar mi estomago.
¡No! Amas a Alex, recuerda… me repetía la voz sensata al sentir el temblor en mi estomago.
Pero Alex está con una zorra… insistió la voz loca.
Pero la va a dejar pronto, el plan de los celos esta dando resultado.
Pues mientras la deja, hay que divertirnos…
No sabía que hacer. Estaba literalmente perdida.
No iba a hacer una tontería muy grande, a lo más que llegaría serían un par de besos, de eso estaba segura, pero aún estaba Alex
y por mucho que me gustara Martin, yo lo queria.
Pero también puedes llegar a amar a Martin, me dijo la voz loca.
Cállaros ya!, pensé hacía las dos voces de mi cabeza.
Abrió la puerta metálica del portón plateado y lo primero que vi fue la fila de coches lujosos que estaban dentro.
Eran cinco, sin contar el de Martin.
Detrás de los coches había un sendero de adoquines que era muy ancho y largo, por el cual
se llegaba hasta la mansión, que era la construcción enorme que había hasta el final del sendero. Además había mucho más jardín hacía
los lados, parecía no tener fin.
Me sorprendí, pero no dije nada. La emoción me embargaba demasiado y hacía temblar mi estomago.
¡No! Amas a Alex, recuerda… me repetía la voz sensata al sentir el temblor en mi estomago.
Pero Alex está con una zorra… insistió la voz loca.
Pero la va a dejar pronto, el plan de los celos esta dando resultado.
Pues mientras la deja, hay que divertirnos…
No sabía que hacer. Estaba literalmente perdida.
No iba a hacer una tontería muy grande, a lo más que llegaría serían un par de besos, de eso estaba segura, pero aún estaba Alex
y por mucho que me gustara Martin, yo lo queria.
Pero también puedes llegar a amar a Martin, me dijo la voz loca.
Cállaros ya!, pensé hacía las dos voces de mi cabeza.
Llegamos a las enormes puertas dobles de la entrada, que eran de madera con un arreglo de vidrio en los centros.
Entonces vi el enorme lugar. Era precioso…
—Esta es la sala—dijo Martin, mientras me jalaba para que me sentara con él en el sillón doble de la sala. Era suave y de cuero negro.
—Tu casa es muy bonita—le dije a Martin, nerviosa.
—No tan bonita como tú…—me dijo mirándome directamente a los ojos.
—Martin, no…—“no empieces”, le iba a decir, pero me interrumpió.
—Sh…—me dijo poniendo la mano sobre mi boca—Sofi, se que te prometí que no volvería a hacer ninguna tontería contigo, pero…
—¿Pero?—le pregunté quitando su mano de mi boca.
—Pero tengo muchas ganas de besarte—musitó.
Entonces vi el enorme lugar. Era precioso…
—Esta es la sala—dijo Martin, mientras me jalaba para que me sentara con él en el sillón doble de la sala. Era suave y de cuero negro.
—Tu casa es muy bonita—le dije a Martin, nerviosa.
—No tan bonita como tú…—me dijo mirándome directamente a los ojos.
—Martin, no…—“no empieces”, le iba a decir, pero me interrumpió.
—Sh…—me dijo poniendo la mano sobre mi boca—Sofi, se que te prometí que no volvería a hacer ninguna tontería contigo, pero…
—¿Pero?—le pregunté quitando su mano de mi boca.
—Pero tengo muchas ganas de besarte—musitó.
Yo no pude moverme. No sabía que hacer, no tenía experiencia. Mi historial de novios marcaba cero y él empezaba a acercarse.
Tocó mi mano y empezó a subir por mi brazo hacía mi hombro, luego a mi cuello y finalmente hasta mi cabeza, donde sus dedos se
enredaron con suavidad en mi enmarañado cabello.
Se acercó hasta que su aliento rozó mis labios y yo seguía en estado de shock.
—¿Puedo besarte?—preguntó en un susurro.
—No lo sé—le respondí con voz baja y temblorosa.
—Di que sí…—dijo mientras su nariz rosaba la mía.
Tragué saliva.
—¿Sí?—le dije con suave nerviosismo.
Tocó mi mano y empezó a subir por mi brazo hacía mi hombro, luego a mi cuello y finalmente hasta mi cabeza, donde sus dedos se
enredaron con suavidad en mi enmarañado cabello.
Se acercó hasta que su aliento rozó mis labios y yo seguía en estado de shock.
—¿Puedo besarte?—preguntó en un susurro.
—No lo sé—le respondí con voz baja y temblorosa.
—Di que sí…—dijo mientras su nariz rosaba la mía.
Tragué saliva.
—¿Sí?—le dije con suave nerviosismo.
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