El sonido de mi alarma me despertó a las seis de la mañana. Me levante y fui al cuarto de mi madre.
Ella estaba acostada aún con la ropa de ayer. Me acerqué y la tapé con la manta.
Olía a alcohol, madre mía con mi madre, y fijate que hacía años que no tamaba una simple cerveza x)
Oy tendría un resacón impresionante JAJAJA.
Fui al baño y me lavé los dientes y la cara, luego abrí mi armario & me puse esto.
Ella estaba acostada aún con la ropa de ayer. Me acerqué y la tapé con la manta.
Olía a alcohol, madre mía con mi madre, y fijate que hacía años que no tamaba una simple cerveza x)
Oy tendría un resacón impresionante JAJAJA.
Fui al baño y me lavé los dientes y la cara, luego abrí mi armario & me puse esto.
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(Imaginaos que en vez de pantalones es una falda)
La mini falda no me quedaba muy corta así que decidí que no necesitaba mallas, además serviría para
broncearme un poco, ya que últimamente estaba muy pálida.
Me di una última mirada en el espejo, todo estaba bien a excepción de mi cabello que como siempre estaba hecho una maraña.
Al menos había intentado cepillarlo.
La mini falda no me quedaba muy corta así que decidí que no necesitaba mallas, además serviría para
broncearme un poco, ya que últimamente estaba muy pálida.
Me di una última mirada en el espejo, todo estaba bien a excepción de mi cabello que como siempre estaba hecho una maraña.
Al menos había intentado cepillarlo.
Salí de la casa escuchando mi iPod y con la chaqueta de Alex en el brazo. Estaba recordando como actuaría con Martin,
en el plan que había formulado escuchando a las dos vocecitas de mi cabeza.
Actúa normal, pero deja todo claro. Actúa normal, pero deja todo claro… me repetía a mi misma constantemente.
No es que fuera muy aprensiva, pero trataba de apegarme a mi plan, ya que la mayoría del tiempo me pasaba que, hacía los planes
y en el momento de llevarlos a cabo me dejaba llevar por la emoción de la situación y terminaba, o improvisando, o modificando
absolutamente todo mi plan.
en el plan que había formulado escuchando a las dos vocecitas de mi cabeza.
Actúa normal, pero deja todo claro. Actúa normal, pero deja todo claro… me repetía a mi misma constantemente.
No es que fuera muy aprensiva, pero trataba de apegarme a mi plan, ya que la mayoría del tiempo me pasaba que, hacía los planes
y en el momento de llevarlos a cabo me dejaba llevar por la emoción de la situación y terminaba, o improvisando, o modificando
absolutamente todo mi plan.
Llegué a la parada del autobús y, como casi toda la semana anterior, Martin ya me esperaba; tenía expresión preocupada y de culpa.
No pude evitar rechinar los dientes al verlo. Al menos se nota que se arrepiente.
Cerré los ojos un momento, respiré hondo y traté de relajarme. Después lo miré. Tenia los ojos fijos en mí, pero no en mi cara, si no de mi cuello para abajo y estaba con la boca abierta.
Lo miré confundida y después recordé la ropa que me había puesto hoy y que Martin jamás me había visto con ropa así porque la semana pasada no hubo tanto calor.
Lo miré entrecerrando los ojos muy enojada.
No pude evitar rechinar los dientes al verlo. Al menos se nota que se arrepiente.
Cerré los ojos un momento, respiré hondo y traté de relajarme. Después lo miré. Tenia los ojos fijos en mí, pero no en mi cara, si no de mi cuello para abajo y estaba con la boca abierta.
Lo miré confundida y después recordé la ropa que me había puesto hoy y que Martin jamás me había visto con ropa así porque la semana pasada no hubo tanto calor.
Lo miré entrecerrando los ojos muy enojada.
—Eres un idiota—le dije secamente y me paré a dos metros de lejanía de él.
—Sofi, ¿sigues enfadada?—me preguntó mientras se acercaba a mí.
—No, para nada—le dije con sarcasmo y mirándolo con toda la fiereza que pude reflejar. Se intimidó un poco ante mi mirada y eso no me sorprendió porque ya sabía que mis ojos pueden llegar a ser bastante aterradores si me lo propongo.
—Si es por lo del… beso, te prometo que no lo volveré a hacer nunca sin tu permiso—me dijo con solemnidad.
—Estaba pensando en perdonarte respecto a eso, hasta que llegué y me miraste como un cerdo—le dije desviando la mirada.
—Sofi, ¿sigues enfadada?—me preguntó mientras se acercaba a mí.
—No, para nada—le dije con sarcasmo y mirándolo con toda la fiereza que pude reflejar. Se intimidó un poco ante mi mirada y eso no me sorprendió porque ya sabía que mis ojos pueden llegar a ser bastante aterradores si me lo propongo.
—Si es por lo del… beso, te prometo que no lo volveré a hacer nunca sin tu permiso—me dijo con solemnidad.
—Estaba pensando en perdonarte respecto a eso, hasta que llegué y me miraste como un cerdo—le dije desviando la mirada.
Soltó una risita y lo miré a los ojos otra vez con todo el poder aterrador de mi mirada. Sus risitas pararon en seco.
—¿Por qué tanta risa?—le pregunté retadora.
—Pues, porque dijiste que pensabas perdonarme hasta que te miré como un cerdo—me dijo con una nota irónica en la voz—, pero si eso te molestó, solo espera a llegar a la escuela. Traes locos a todos los chicos y te pones algo así…—señaló mi ropa con un movimiento de mano—Debes admitir que para todos nosotros, es un regalo para la vista—alzó las cejas como con reverencia.
—Bueno—continuó—. ¿Podrías perdonarme respecto al beso y respecto a mirarte como un cerdo?—me preguntó con voz suplicante.
¡Recuerda el plan! me dije.
—Esta bien—dije—, pero procura no volver a cometer ese tipo de errores conmigo ¿ok?
—Lo intentaré respecto a mirarte así, porque, en serio, es muy difícil contenerse—dijo echándome una última mirada de la cabeza a los pies.
Suspiré. Después de todo solo era un chico, no podía pedirle tanto.
Cuando abordamos el autobús se sentó conmigo.
—Por cierto—me recordó—, lo que te dije de la escuela es totalmente cierto.
—Ciertamente no lo creo—le dije con tono burlón.
—No lo creas—me dijo sonriendo solo con un lado de la boca.
Nos quedamos callados, él mirándome y yo, cohibida, mirando la ventana.
—Algo que no sabía de ti es lo aterradora que puede ser tu mirada—me dijo repentinamente.
Lo miré y sonreí.
—Es mi don—le dije guiñándole un ojo—. Eso es porque mis ojos son muy oscuros y son aterradores si así lo quiero.
Pero también pueden ser muy dulces—entonces empleé el poder de mi mirada, pero a la inversa y lo miré como yo sabía que me veía muy tierna con solo cambiar lo que quería mostrar.
Él se quedó atrapado por mis ojos hasta que lo liberé.
—¿Lo ves?—le dije sonriendo con todas mis ganas. La verdad, eso era algo de lo que me enorgullecía.
—¿Por qué tanta risa?—le pregunté retadora.
—Pues, porque dijiste que pensabas perdonarme hasta que te miré como un cerdo—me dijo con una nota irónica en la voz—, pero si eso te molestó, solo espera a llegar a la escuela. Traes locos a todos los chicos y te pones algo así…—señaló mi ropa con un movimiento de mano—Debes admitir que para todos nosotros, es un regalo para la vista—alzó las cejas como con reverencia.
—Bueno—continuó—. ¿Podrías perdonarme respecto al beso y respecto a mirarte como un cerdo?—me preguntó con voz suplicante.
¡Recuerda el plan! me dije.
—Esta bien—dije—, pero procura no volver a cometer ese tipo de errores conmigo ¿ok?
—Lo intentaré respecto a mirarte así, porque, en serio, es muy difícil contenerse—dijo echándome una última mirada de la cabeza a los pies.
Suspiré. Después de todo solo era un chico, no podía pedirle tanto.
Cuando abordamos el autobús se sentó conmigo.
—Por cierto—me recordó—, lo que te dije de la escuela es totalmente cierto.
—Ciertamente no lo creo—le dije con tono burlón.
—No lo creas—me dijo sonriendo solo con un lado de la boca.
Nos quedamos callados, él mirándome y yo, cohibida, mirando la ventana.
—Algo que no sabía de ti es lo aterradora que puede ser tu mirada—me dijo repentinamente.
Lo miré y sonreí.
—Es mi don—le dije guiñándole un ojo—. Eso es porque mis ojos son muy oscuros y son aterradores si así lo quiero.
Pero también pueden ser muy dulces—entonces empleé el poder de mi mirada, pero a la inversa y lo miré como yo sabía que me veía muy tierna con solo cambiar lo que quería mostrar.
Él se quedó atrapado por mis ojos hasta que lo liberé.
—¿Lo ves?—le dije sonriendo con todas mis ganas. La verdad, eso era algo de lo que me enorgullecía.
Me miró asombrado y asintió.
Cuando llegamos a la escuela maldije a Martin.
A excepción de los profesores y personal de mantenimiento, todos los chicos de la escuela que estaban a un radio de veinte metros
cuadrados voltearon a verme y se quedaron con la boca abierta. A unos incluso se les cayó la baba.
Yo me ruboricé, pero a pesar de todo mantuve la mirada lo más aterradora que los nervios me permitieron. Bajo presión no era muy buena invirtiéndole fuerza, por eso al inicio de las clases no fui capaz de mirarlos a todos de la manera en que miré a Martin esa mañana.
A pesar de los nervios, mi mirada tuvo algo de efecto en algunos chicos, que no volvieron a mirarme.
Y lo peor fue que no solo los chicos se me quedaron viendo, si no que además gran parte de las chicas me veían como si fuera una basura.
Cuando llegamos a la escuela maldije a Martin.
A excepción de los profesores y personal de mantenimiento, todos los chicos de la escuela que estaban a un radio de veinte metros
cuadrados voltearon a verme y se quedaron con la boca abierta. A unos incluso se les cayó la baba.
Yo me ruboricé, pero a pesar de todo mantuve la mirada lo más aterradora que los nervios me permitieron. Bajo presión no era muy buena invirtiéndole fuerza, por eso al inicio de las clases no fui capaz de mirarlos a todos de la manera en que miré a Martin esa mañana.
A pesar de los nervios, mi mirada tuvo algo de efecto en algunos chicos, que no volvieron a mirarme.
Y lo peor fue que no solo los chicos se me quedaron viendo, si no que además gran parte de las chicas me veían como si fuera una basura.
¿Cómo había cambiado todo tan drásticamente de la secundaria a la preparatoria?
Antes los chicos no me miraban de esa manera a pesar de que usara minifaldas y a otras chicas sí.
Me dio envidia cuando vi pasar a una chica usando una minifalda idéntica a la mía y solo con unos cuantos chicos que se le quedaron viendo.
¿Por qué no la ven a ella?
Suspiré. No era mi día de suerte.
Antes los chicos no me miraban de esa manera a pesar de que usara minifaldas y a otras chicas sí.
Me dio envidia cuando vi pasar a una chica usando una minifalda idéntica a la mía y solo con unos cuantos chicos que se le quedaron viendo.
¿Por qué no la ven a ella?
Suspiré. No era mi día de suerte.
Y el día no hacía más que empeorar. Cuando llegamos al salón de historia no solo me vieron si no que empezaron a chiflar.
En ese momento si me enojé muchísimo y los miré a todos gran furia. Se quedaron callados.
Me dirigí a mi asiento junto con Martin.
En ese momento si me enojé muchísimo y los miré a todos gran furia. Se quedaron callados.
Me dirigí a mi asiento junto con Martin.
—Sorprendente—me dijo mientras miraba a todos los chicos que aún me veían, aún como idiotas.
—Sofi, guau…—dijo Carlos examinando mi vestimenta.
—Gracias, supongo—le dije con sequedad.
—Sofi ¿Cómo se te ocurre venir así a la escuela sabiendo que tienes tantos admiradores?—me dijo Nat, regañándome con tono amistoso mientras se acercaba a la mesa donde me sentaba en compañía de Greta y Hana.
Alcé una ceja.
—¿Tengo admiradores?—le pregunté.
—Por favor—dijo Greta mirando al cielo y haciendo un gesto con las manos como si estuviera rogando—¿qué vamos a hacer con esta chica?
—Sofi, no se si no lo hayas notado—dijo Hana con tono entre celoso y amistoso—, pero traes a más de media escuela a tus pies. En lo que a chicos respecta, por supuesto.
—Que mal—dije con voz triste y desganada.
—Sofi, guau…—dijo Carlos examinando mi vestimenta.
—Gracias, supongo—le dije con sequedad.
—Sofi ¿Cómo se te ocurre venir así a la escuela sabiendo que tienes tantos admiradores?—me dijo Nat, regañándome con tono amistoso mientras se acercaba a la mesa donde me sentaba en compañía de Greta y Hana.
Alcé una ceja.
—¿Tengo admiradores?—le pregunté.
—Por favor—dijo Greta mirando al cielo y haciendo un gesto con las manos como si estuviera rogando—¿qué vamos a hacer con esta chica?
—Sofi, no se si no lo hayas notado—dijo Hana con tono entre celoso y amistoso—, pero traes a más de media escuela a tus pies. En lo que a chicos respecta, por supuesto.
—Que mal—dije con voz triste y desganada.
Me sentía realmente mal, más que nada porque estaba sucediendo exactamente lo que no quería y porque eso me iba a impedir tener
más amigas que amigos.
más amigas que amigos.
—Tampoco te pongas así—me dijo Nat, notando que realmente me sentía mal.
—No, estoy bien—dije con una sonrisa—. Es solo que me gustaría que fuera distinto.
—Sea como sea, tienes que decirme cuál es tu dieta—me dijo Greta repentinamente.
—¿Mi dieta?—le pregunté frunciendo el ceño, confundida.
—No me vas a decir que ese cuerpazo lo tienes sin hacer ningún esfuerzo ¿o sí?—dijo Hana entrometiéndose.
—¿Cuerpazo?—dije abriendo los ojos de golpe y alzando la voz por la sorpresa. Luego me eché a reír.
Ellas me miraron con cara de “perdió la cabeza”.
—No, estoy bien—dije con una sonrisa—. Es solo que me gustaría que fuera distinto.
—Sea como sea, tienes que decirme cuál es tu dieta—me dijo Greta repentinamente.
—¿Mi dieta?—le pregunté frunciendo el ceño, confundida.
—No me vas a decir que ese cuerpazo lo tienes sin hacer ningún esfuerzo ¿o sí?—dijo Hana entrometiéndose.
—¿Cuerpazo?—dije abriendo los ojos de golpe y alzando la voz por la sorpresa. Luego me eché a reír.
Ellas me miraron con cara de “perdió la cabeza”.
—¿Qué es tan gracioso?—dijo Hana, repentinamente ansiosa.
—Pues eso—dije sin poder dejar de reír.
—¿Qué cosa?—dijo Greta, contagiándose ligeramente de mi risa.
Traté de calmarme para poder explicarles.
—Que Hana acaba de decir que tengo un cuerpazo—le dije respirando profundo para no volver a tener un ataque de risa.
—Pero sí lo tienes—dijo Nat, alzando una ceja.
—Por favor, sean realistas, estoy plana—dije
—Pues eso—dije sin poder dejar de reír.
—¿Qué cosa?—dijo Greta, contagiándose ligeramente de mi risa.
Traté de calmarme para poder explicarles.
—Que Hana acaba de decir que tengo un cuerpazo—le dije respirando profundo para no volver a tener un ataque de risa.
—Pero sí lo tienes—dijo Nat, alzando una ceja.
—Por favor, sean realistas, estoy plana—dije
Entonces fueron ellas las que se echaron a reír y yo no me pude contener, así que me eché a reír con ellas.
—Sofi, pero si estas muy bien—dijo Greta después de que nos tranquilizáramos.
—Bah…—dije tomando mis brazos por detrás de mi cabeza y bostezando.
—Supongo que eso significa que no tienes dieta—dijo Greta decepcionada.
—No, lo siento—le dije frunciendo la boca.
—¿Y tampoco haces ejercicio?—preguntó Nat.
—Me gusta salir a correr de vez en cuando para liberar mi exceso de energía—dije encogiéndome de hombros—. ¿Eso cuenta?
—¿Cuando?—preguntó pensativa.
—Una vez cada dos semanas aproximadamente—le respondí.
—Hm… no realmente, no cuenta.—dijo respondiendo a mi pregunta anterior.
—Sofi, pero si estas muy bien—dijo Greta después de que nos tranquilizáramos.
—Bah…—dije tomando mis brazos por detrás de mi cabeza y bostezando.
—Supongo que eso significa que no tienes dieta—dijo Greta decepcionada.
—No, lo siento—le dije frunciendo la boca.
—¿Y tampoco haces ejercicio?—preguntó Nat.
—Me gusta salir a correr de vez en cuando para liberar mi exceso de energía—dije encogiéndome de hombros—. ¿Eso cuenta?
—¿Cuando?—preguntó pensativa.
—Una vez cada dos semanas aproximadamente—le respondí.
—Hm… no realmente, no cuenta.—dijo respondiendo a mi pregunta anterior.
Llegó el profesor y todos volvieron a sus asientos. Al fin el descanso y Alex, Martin, la zorra y yo nos sentamos juntos, como siempre.
—Te traje tu chaqueta—le dije a Alex entregándosela
—Ah, gracias—me dijo mientras la tomaba de mi mano.
—Te traje tu chaqueta—le dije a Alex entregándosela
—Ah, gracias—me dijo mientras la tomaba de mi mano.
Me senté muy cerca de Martin, siguiendo el plan de los celos. En Alex parecía tener el mismo golpe todos los días y eso me encantaba, aunque tenía la desventaja de que estaba tan pendiente de mí, que no notaba cada vez que Helen se le insinuaba a Martin.
Martin, en cambio, parecía indiferente respecto a este detalle. Supuse que porque estaba muy acostumbrado a que las chicas le coquetearan.
Luego llegaron un grupo de chicas y se sentaron a coquetear con Martin y Alex.
Esto pasaba todos los días desde que nos sentábamos juntos.
A veces eran un par de chicos que coqueteaban conmigo y con la zorra y otras veces chicas que coqueteaban con Alex y Martin.
Pero todos los días, alguien diferente se sentaba con nosotros. Me imaginé que después de unos meses las personas se empezarían
a repetir.
Martin, en cambio, parecía indiferente respecto a este detalle. Supuse que porque estaba muy acostumbrado a que las chicas le coquetearan.
Luego llegaron un grupo de chicas y se sentaron a coquetear con Martin y Alex.
Esto pasaba todos los días desde que nos sentábamos juntos.
A veces eran un par de chicos que coqueteaban conmigo y con la zorra y otras veces chicas que coqueteaban con Alex y Martin.
Pero todos los días, alguien diferente se sentaba con nosotros. Me imaginé que después de unos meses las personas se empezarían
a repetir.
Y fiel a mi costumbre, como siempre después de terminar la comida que había comprado, me acostaba recargando mi cabeza sobre las
piernas de Martin. No podía evitar sonreír siempre que Alex resoplaba o rechinaba los dientes.
Cuando terminó el descanso, Martin y yo regresamos a clases.
—Buenos días, chicos—dijo la profesora Conner al entrar al salón.
—Buenos días—contestaron todos en coro, automáticamente.
—Hoy vengo con una noticia sobre un proyecto—dijo la profesora mientras dejaba sus cosas en el escritorio.
En seguida, ante la mención de algo que indicara trabajo, la reacción del grupo fue de automáticos “ahs” y “bus” decepcionados.
—Tranquilos, no es para este momento, si no para el próximo lunes—dijo la profesora poniendo los ojos en blanco—. El proyecto se llama “Arma tu propia clase” y cosiste en planear, en equipos, una clase de inglés con los temas que vienen de la página veinticuatro a la página treinta y seis.
piernas de Martin. No podía evitar sonreír siempre que Alex resoplaba o rechinaba los dientes.
Cuando terminó el descanso, Martin y yo regresamos a clases.
—Buenos días, chicos—dijo la profesora Conner al entrar al salón.
—Buenos días—contestaron todos en coro, automáticamente.
—Hoy vengo con una noticia sobre un proyecto—dijo la profesora mientras dejaba sus cosas en el escritorio.
En seguida, ante la mención de algo que indicara trabajo, la reacción del grupo fue de automáticos “ahs” y “bus” decepcionados.
—Tranquilos, no es para este momento, si no para el próximo lunes—dijo la profesora poniendo los ojos en blanco—. El proyecto se llama “Arma tu propia clase” y cosiste en planear, en equipos, una clase de inglés con los temas que vienen de la página veinticuatro a la página treinta y seis.
En seguida la atmosfera se cargó de emoción después de la mención de que el proyecto sería en equipos.
—Ahora—prosiguió la profesora—, los equipos son de grupos de tres. En este momento quiero que se levanten de sus lugares y elijan
a sus compañeros.
En seguida absolutamente todos los chicos y chicas del salón se levantaron de sus lugares como animales y empezaron a elegir sus equipos.
Una fila de ocho chicos se peleó por llegar a mi lugar mientras gritaban “Sofi ¿quieres ser mi compañera de equipo?”.
La profesora chifló para llamar la atención del grupo.
—Ahora—prosiguió la profesora—, los equipos son de grupos de tres. En este momento quiero que se levanten de sus lugares y elijan
a sus compañeros.
En seguida absolutamente todos los chicos y chicas del salón se levantaron de sus lugares como animales y empezaron a elegir sus equipos.
Una fila de ocho chicos se peleó por llegar a mi lugar mientras gritaban “Sofi ¿quieres ser mi compañera de equipo?”.
La profesora chifló para llamar la atención del grupo.
—Por favor, en orden—dijo mientras se acercaba al grupo de chicos que querían formar equipo conmigo. Yo solo los miraba
atónita—Haber… ¿qué está pasando aquí?
—Profesora, yo quiero ser el equipo de Sofi—dijo en seguida Martin, antes que cualquiera pudiera hablar.
—¡No, yo!—gritó otro chico.
Después todos empezaron a gritarle a la profesora.
—¡Silencio, chicos!—tuvo que gritar ella.
Todos volvieron a callarse.
—Mejor dejemos que Sofi elija a sus compañeros de equipo ¿sí?—sugirió la profesora, alzando las cejas—Señorita Sofia ¿sería por favor
tan amable de pasar al frente y escoger a sus compañeros de equipo?
atónita—Haber… ¿qué está pasando aquí?
—Profesora, yo quiero ser el equipo de Sofi—dijo en seguida Martin, antes que cualquiera pudiera hablar.
—¡No, yo!—gritó otro chico.
Después todos empezaron a gritarle a la profesora.
—¡Silencio, chicos!—tuvo que gritar ella.
Todos volvieron a callarse.
—Mejor dejemos que Sofi elija a sus compañeros de equipo ¿sí?—sugirió la profesora, alzando las cejas—Señorita Sofia ¿sería por favor
tan amable de pasar al frente y escoger a sus compañeros de equipo?
Hice una mueca de sufrimiento. ¿Por qué a mí?
Me levanté de mi lugar y me paré en frente de todo el salón. Me di la vuelta y miré a todos los chicos que llamaban mi atención con sus manos y se señalaban para que los eligiera.
—Hm… ¿Nat?—pregunté insegura.
—Lo siento, Sofi. Ya hice equipo con Greta y Hana—dijo Nat con gesto de disculpa.
Suspiré y proseguí.
—Hm… ¿Alguna chica que quiera hacer equipo conmigo?—pregunté con voz temblorosa y jugando con mis manos por el nerviosismo.
Nadie levantó la mano. Al parecer los equipos de chicas ya se habían formado.
—Bueno ¿alguien quiere hacer equipo conmigo?—pregunté de forma estúpida.
Todos los chicos levantaron las manos y dijeron “¡yo!”.
Los miré a todos. Tragué saliva y elegí.
—¿Martin?—pregunté.
—¡Sí!—gritó él.
—Señor Martin, pase al frente por favor—dijo la profesora.
Me levanté de mi lugar y me paré en frente de todo el salón. Me di la vuelta y miré a todos los chicos que llamaban mi atención con sus manos y se señalaban para que los eligiera.
—Hm… ¿Nat?—pregunté insegura.
—Lo siento, Sofi. Ya hice equipo con Greta y Hana—dijo Nat con gesto de disculpa.
Suspiré y proseguí.
—Hm… ¿Alguna chica que quiera hacer equipo conmigo?—pregunté con voz temblorosa y jugando con mis manos por el nerviosismo.
Nadie levantó la mano. Al parecer los equipos de chicas ya se habían formado.
—Bueno ¿alguien quiere hacer equipo conmigo?—pregunté de forma estúpida.
Todos los chicos levantaron las manos y dijeron “¡yo!”.
Los miré a todos. Tragué saliva y elegí.
—¿Martin?—pregunté.
—¡Sí!—gritó él.
—Señor Martin, pase al frente por favor—dijo la profesora.
Él se levantó de su asiento con una sonrisa triunfal y se dirigió al frente del salón para pararse justo a mi lado izquierdo.
Todos los chicos lo miraron entrecerrando los ojos.
—Solo una persona más—me animó la profesora. Al parecer comprendía como me sentía.
Todos los chicos juntaron las manos a modo de súplica y me hicieron señas para que los eligiera. Miré a Martin.
—Dejaré a Martin elegir por mí—le dije a la profesora.
—¡No!—dijeron los chicos a coro.
La profesora solo asintió.
Martin los miró a todos con una sonrisa de suficiencia.
—Elegiré a…
Todos los chicos lo miraron entrecerrando los ojos.
—Solo una persona más—me animó la profesora. Al parecer comprendía como me sentía.
Todos los chicos juntaron las manos a modo de súplica y me hicieron señas para que los eligiera. Miré a Martin.
—Dejaré a Martin elegir por mí—le dije a la profesora.
—¡No!—dijeron los chicos a coro.
La profesora solo asintió.
Martin los miró a todos con una sonrisa de suficiencia.
—Elegiré a…
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