-¿Estás bien? —preguntó Martin al ver que me estaba poniendo nerviosa.
-Sí —le mentí.
-No me parece —dijo, y siguió la dirección de mi mirada—. ¿Por qué te miran?
-Créeme que no tengo ni la más mínima idea.
Los observó un momento y luego sonrió.
-¿De que te ríes? —le pregunte alzando una ceja.
-De que ya se porque te miran —dijo con una pequeña carcajada.
-¿Por qué?—dije con ojos muy abiertos. ¿Cómo podía saberlo?
-¿Me prometes que no te enfadas conmigo?—preguntó con cautela.
-¡Les contaste...!—lo acusé.
-¡No!—me miró enojado por mi acusación. Al parecer él no era el único que sacaba conclusiones exageradas.
-¿Entonces?
-Promételo—ordenó.
-Está bien, lo prometo.
-Pues porque eres preciosa —dijo con una sonrisa enorme.
-Habla en serio—le dije entrecerrando los ojos.
-Es en serio, Sofi, conozco esa cara de estupefacción.
Lo mandé a volar y seguí comiendo.
Al terminar la última clase, me dirigí rápido al baño, para ver si perdía de vista a Martin, o mejor dicho para ver si él me perdía de vista a mí.
-¿Tratando de esconderte de mí?—me dijo cuándo salí del baño.
Puse los ojos en blanco y fui a la parada del autobús, él me siguió.
-Ya, en serio ¿por qué me sigues?
-¿Quieres la verdad? —preguntó con inocencia.
-Noo —le dije con sarcasmo
Se río de mi tono.
-Bueno, tú lo has pedido —me advirtió.
”La verdad, Sofi, es que…—titubeó con nerviosismo, algo extraño en él— la verdad es que me gustas muchísimo.
No le creí. Lo miré arqueando una ceja.
-Aja…
-¿No me crees? —dijo con cara de sorpresa.
-¿Cómo voy a creer algo tan estúpido? —le pregunté con ironía, mientras seguía caminando a la parada del autobús.
Me miró confundido.
-¿Y por qué tendría que ser estúpido? —me preguntó mientras me seguía.
-Número uno: me acabas de conocer. Número dos: ¿por qué te fijarías en mi cuando hay miles de chicas en esta misma escuela
que están mucho mejor que yo? Y número tres: ya sabes que a mí me gusta otra persona. Por esas razones es estúpido.
-OK, la número uno quizá es razonable, pero las otras dos son estúpidas.
-Ninguna de mis razones es estúpida.
-La dos y la tres si lo son. La dos porque no he visto ninguna chica más hermosa que tú en toda mi vida—me ruboricé & la numero
tres porque seguire intentando conquistarte.
-Pues de una vez te digo que estás perdiendo tu tiempo.
-Ya sé que no te gusto, pero eso no impide que te guste en un futuro —me dijo guiñándome un ojo.
Entonces me sonrió de nuevo y se marcho dejandome con la palabra en la boca.
-¡Se te declaró! —gritó Rachel a través del teléfono.
-Sí, pero no lo grites!
-Huy, perdón —dijo más bajito—. Bueno, y ¿qué piensas hacer?
-Pues tratar de desalentarlo, claro está.
-Espera, aún no lo desalientes del todo, preséntamelo antes y yo te digo si es o no buen partido —me dijo en tono entusiasta.
-Sabes que me digas lo que me digas, voy a hacer lo que a mí me parezca ¿verdad?
-Aún así…
Suspiré. De pronto escuché el sonido de una llamada entrante en el teléfono.
-Rachel, tengo otra llamada, hablamos luego ¿ok?
-Vale, cuídate.
-Sí, igual.
Colgué y espere a que sonara de nuevo para poder contestar. Entonces vi y reconocí el número telefónico que indicaba el identificador
de llamadas. Contesté.
-Hola —dije lo menos nerviosamente que pude.
-¿Sofi?—preguntó esa voz tan familiar.
-Sí, soy yo.
—¡¿Quién es, cariño?!—escuché a mí madre preguntar desde la planta baja.
-¡Es Alex! —le contesté.
-¡Ah, salúdalo de mi parte!
-¡Sí!—le grité a mi madre y luego me dirigí a Alex—Ya ¿Qué pasa? Por cierto, mamá te manda saludos.
-Gracias, salúdala de mi parte después.
-Claro. Dime… ¿para que me has llamado?
-Solo quería saludarte…
-Ya lo has hecho, y… ¿ahora? —le dije en tono bromista.
Rió bajito y después continuó.
-Bueno, el asunto es… No te enfades conmigo por ser paranoico ¿ok?
-Ya suéltalo, Alex…
Se hizo un silencio prolongado antes de que continuara.
-Bueno, es que últimamente —dijo lentamente, como si fuera un sermón— siento que me evitas.
Me descubrió T.T
-¿De dónde sacas eso? —le dije fingiendo una voz divertida.
-De que casi no te he visto. Yo pensé que, ahora que estas en mi escuela, estaríamos todo el tiempo juntos, como en los viejos
tiempos —su voz se desvaneció mientras hablaba. Se me hizo un nudo en la garganta.
-Alex, siendo sincera, siento que si estuviera contigo como antes, Helen se pondría celosa. Recuerda que antes no tenías novia.
-Sofi, respecto a eso no te preocupes, ella es muy comprensiva, además sabe lo mucho que te quiero y ella respeta eso.
-Bueno, entonces ¿qué quieres hacer?
-Podrías desayunar conmigo, con tus amigas estas todo el día durante clases, yo no te veo para nada. ¿Puedes? Por favor…
Suspiré.
-Alex…
-¿Por favor, por favor, por favor, por favor?
-OK —me rendí, no tenía sentido luchar, porque me iba a terminar convenciendo.
-Gracias, So, eres la mejor.
-Claro… & retira lo de So!
-jajaja vale... Nos vemos mañana.
-Sí, adiós.
Colgué el teléfono, me eché en la cama y me puse una almohada sobre la cara. ¿Qué hice? ¿Qué hice?
Una chica adolescente, Sofi, ve la vida de un modo diferente a los demás y cree que hay una vida social adolescente en varios grados. Ella está solo en uno. Pero cuando deciden mudarse de ciudad su vida cambia, gira unos 90º, ya no sabe quién le gusta, y tampoco quién está enamorada de ella. ¿Con qué chico acabará? ¿Cuál será su secreto? ¿Lo dirá? ... Todo esto y muchas más sorpresas en PALABRAS PARA ÉL.
viernes, 2 de septiembre de 2011
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