Una chica adolescente, Sofi, ve la vida de un modo diferente a los demás y cree que hay una vida social adolescente en varios grados. Ella está solo en uno. Pero cuando deciden mudarse de ciudad su vida cambia, gira unos 90º, ya no sabe quién le gusta, y tampoco quién está enamorada de ella. ¿Con qué chico acabará? ¿Cuál será su secreto? ¿Lo dirá? ... Todo esto y muchas más sorpresas en PALABRAS PARA ÉL.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Capitulo 17
Entré en casa, & no había nadie, genial *ironia* no tenia hambre, así que me heche un rato en el sofa a ver la televisión, estaban
haciendo Buena suerte Charlie *-* me encanta esa serie!! Estube como 1 hora y media viendola hasta que me cansé &
salí de casa para conocer el barrio, a la vuelta de la esquina había un parque, me sente en un columpio & me quede pensando
en mis cosas cuando alguien se sienta en el de al lado.
-Holaa. —dijo la chica de al lado, era morena, con los ojos marrones, bastante guapa.
-Holaa, soy Sofi y tu?? —pregunté con una sonrrisa
-Yo soy Rachel encantada, que haces aqui sola?
-Bueno, nada, estaba curioseando el barrio, como soy nueva.
-Aaa, entiendo, olle quieres que te acompañemos yo y mi hermano ese de allí, es que no sabemos que hacer. —dijo sonrriendo
-Claro, bamos.
Rachel me presento a su hermano Daniel, dos años mayor que yo, era de un moreno muy claro, bastante más alto que yo,
y estaba... madre como estaba *¬*
Pasamos como dos horas paseando por allí, hablando como si nos conocieramos de toda la vida, nos dimos los telefonos,
tuenti, etc... Hasta que llegamos al portal de mi casa.
-No puedo creerlo —me dijo después de que lo comenté lo de Martin—, así de directo es el chico. ¿Qué no tiene vergüenza?
Nos carcajeamos porque sonó como abuelita.
-Y dime —dijo después de habernos calmado—. ¿A ti no te gusta para nada?
-Rachel —le dije en tono de clara desaprobación— como podría pensar siquiera en eso, si estoy aún suspirando por Guille.
-Hay amiga, no sabes como me duele escuchar eso, me siento terrible por no haber estado contigo hoy…
-No te preocupes, de todas maneras no nos conociamos así que no podías estar conmigo. —nos carcajeamos
-Yo se que no estas bien emocionalmente pero, ese hecho no significa que no puedas empezar de nuevo—me dijo algo insegura-
-¿A que te refieres? —le pregunté.
-Bueno —prosiguió— ese chico, Martin ¿es simpatico?
-Rachel… —me empecé a quejar.
-Limítate a contestarme, por favor.
Suspiré.
-Si, muy simpatico —admití.
-¿Entonces que te impide tener una relación con él? —preguntó retóricamente.
-Que tengo miedo a salir mal…
-Sofi, en todo hay riesgos. Que digas eso es como decir que tienes miedo a vivir porque te puedes morir—dijo con serenidad.
-Pero aún así no pienso en él de esa manera, es muy pronto.
-Tampoco digo eso, simplemente no te niegues a ser su amiga ¿ok?
Lo pensé un instante y luego contesté.
-Voy a ver.
-OK, eso me basta —dijo mas tranquila—. Y prométeme que vas a hacer amigas.
-Lo prometo —dije a regañadientes.
-Muy bien, ahora ya vete a dormir, que mañana será un largo día.
-Está bien, adiós. Nos llamamos e.e!
-Por supuestisimo! adiós, te quiero y cuídate.
-También te quiero, nos vemos.
Me quedé en la cama,pensando en lo que acabábamos de hablar.
Me quedé viendo el techo de mi habitación un rato sin pensar en nada realmente y después decidí que la mejor decisión la tendría el destino.
Así que si al día siguiente, el chico seguía intentando ser amistoso le daría la oportunidad al menos de ser mi amigo.
Lo haré por mí… pensé ya medio dormida.
Al día siguiente, al subirme al autobús hubo una pequeña sorpresa.
-Hola, Sofi —me saludó Martin desde uno de los asientos del autobús mientras yo lo miraba con ojos abiertos como platos.
-¿Que haces aquí? —le pregunté atónita.
-Te dije que yo también tomaba este autobús —me dijo, mientras yo tomaba asiento en el lugar más alejado que encontré de él.
Se paró de su lugar y fue a sentarse junto a mí. Suspiré sabiendo que le había prometido a Rachel que al menos intentaría hacer amigos, así que no me quejé.
-¿Cómo es que ayer no te vi aquí? —le pregunté.
-Pues porque ayer mi padre me llevó a la escuela, pero al enterarme de que tú tomabas el autobús, decidí que pasaría las mañanas contigo
-Eres muy insistente —le dije— pero ayer hablé con mi mejor amiga, y le prometí que al menos intentaría hacer amigos.
-Eso quiere decir que… ¿serás mi amiga? —dijo emocionado. No sabía porque tanta emoción de su parte pero al fin y al cabo no era mi problema.
-Eso significa que intentaré ser tu amiga —dije enfatizando el “intentaré”.
-Que bien, porque tengo algunos planes y ahora que somos amigos, puedo incluirte en ellos.
Puse los ojos en blanco por lo apresurado que era Martin, pero lo hecho, hecho estaba.
Al llegar a la escuela, nos sentamos juntos de nuevo. Y Martin se puso a charlar con Carlos e Irving, alardeando de que ya éramos amigos
-Sofi ¿en serio?—me había preguntado Irving.
-Sí, también sere bustra amiga
Martin me miró entrecerrando los ojos, molesto supuse que porque había accedido a ser amiga de los otros dos sin ser necesaria tanta insistencia—, mientras Carlos e Irving chocaban palmas.
Empezaron a contar chistes y yo realmente me estaba divirtiendo, hasta que llegó alguien inesperado.
Alex entró al salón y yo me quede mirándolo con ojos muy abiertos, como si hubiera visto un fantasma. Entonces me miró y gritó:
-¡Sofi! —mientras me saludaba con la mano desde la puerta.
Le devolví el saludo y él se acercó. Los chicos solo se le quedaron viendo con sorpresa.
-¿Que haces aquí? —le pregunté confundida.
-Vengo a invitarte a una fiesta —me dijo mientras me saludaba con un beso en la mejilla.
-¿Y no podías haber esperado a que fuera el descanso?
-Es que no quería interrumpirte a ti y a tus amigas.
-Ah… Bueno y ¿de que se trata?
Fui consciente de que todas las miradas estaban fijas en nosotros.
-Es que mi hermana cumple 18 años y me permitieron invitar a un par de amigos a la fiesta para no aburrirme, ya sabes…
-Hm… ¿Y cuando es la fiesta?
-Este sábado, yo paso a por ti.
-Y supongo que Helen va a ir a la fiesta ¿no? —dije ocultando mis ligeras esperanzas.
-Por supuesto —me dijo sonriente, creyendo que yo lo decía para no estar sola con él.
Estaba pensando en que excusa darle, pero Martin interrumpió.
-Emm… Disculpa —le dijo Martin a Alex.
Los dos volteamos a verlo con cara de “¿Y a este quien le hablo?”.
-¿Sí? —dijo Alex.
-Es solo que yo ya había invitado a Sofi a salir este sábado…
-¿En serio? —le pregunté confundida, y luego capté— Ah… sí, lo del sábado…
Alex me vio con cara de “¿Lo conoces?” y yo lo vi con cara de “Sí, lo conozco y tiene razón”. Entonces torció la boca decepcionado y dijo:
-Entonces supongo que saldremos otro día…
-Perdón en serio, Alex… —le dije aliviada— Discúlpate con Samantha de mi parte ¿quieres?—Samantha era su hermana.
-Por supuesto, no hay problema —dijo con la mirada gacha.
Se me partió el corazón, pero tenía que hacerlo por mi bien.
Entonces sin más que decir se despidió de mí con un abrazo y se fue. Me sentía agradecida con Martin.
-Gracias —le susurré al odio cuando salió del salón y todos volvieron a sus cosas—. Te debo una.
-De nada —me dijo con una sonrisa juguetona, a la que correspondí con una tierna de mi cosecha—entonces él es el mejor amigo ¿eh?
-Sí…
-Me lo eh imaginado. Y supongo que Helen es la “zorra” —dijo con un movimiento de los dedos enfatizando la palabra zorra.
Asentí.
-Supongo que algún día me la vas a presentar. Mientras tanto hay que planear que vamos a hacer el sábado.
Alcé una ceja. No habla en serio…
-¿Qué?
-No era solo una coartada Sofi, realmente quiero salir contigo el sábado.
-Pero… —empecé a darle una excusa, pero me interrumpió.
-Pero nada. Me debes una ¿recuerdas?
-Me estás chantajeando —lo acusé.
Sonrió travieso y me dijo:
-Esa es mi especialidad.
Me quedé callada, sintiéndome traicionada.
-Entonces, vamos al cine, yo invito. Paso por ti a las ocho. Aunque no salgas iré a tu casa, así que no intentes cancelar.
Lo miré enojadísima, pero sabía que era muy capaz de hacerlo, así que cerré los ojos, respiré hondo y asentí.
Era mejor hacerlo planeado y que no espantara a mi madre.
En ese momento llego la profesora Johnson, de geografía…
Como esa profesora no nos había dado clase ayer tuvimos que presentarnos una vez más…
Las siguientes dos clases fueron las de algebra y química, esta última con el profesor Mathew.
Después siguió el temido receso. Hana, Greta y Nat se sentaron conmigo pero esta vez otras dos chicas se nos unieron: Brenda y Leslie.
Nos sentamos en el césped, cerca de las canchas. Un lugar demasiado concurrido, pero las chicas querían ver más “especímenes”.
En el momento en que nos sentamos llegaron Carlos, Irving y, por supuesto, Martin, junto con tres chicos más: Brandon, Oscar y Austin.
Hice cuentas y enseguida supe cuál era el plan. Seis chicas y seis chicos. Era una niñada pero mis compañeras no parecían decepcionadas.
Suspiré, sabiendo que si me resistía a pasar el receso con ellos quedaría como aguafiestas.
-Hola, chicas —saludó Martin.
Las chicas sonrieron y saludaron con las manos. Yo solo lo miré con sarcasmo.
-¿Podemos sentarnos con vosotras? —preguntó, siendo aún la voz del grupo, así que supuse que desde un principio la idea había sido suya.
-Si quieren —dijo Greta, después de haber dado una inspección a las caras de las chicas para ver si estaban de acuerdo.
Martin se sentó junto a mi, supongo que le divertía ver mi cara de fastidió cada vez que se me acercaba.
Empezaron a conversar y de pronto escuché que decían mi nombre. Puse más atención y vi que era Hana. Estaba conversando con un chico, era Austin.
Él había preguntado si sabía quien era el chico que me fue a ver en la mañana.
¡Que metiches son todos en esta escuela!
Decidí no prestar atención, solo me preocuparía por cosas innecesarias. Así que me concentré en mi comida. Le di una mordida a mi
sándwich y sentí que alguien me observaba.
Volteé la cabeza para ver de quien se trataba, pero no era quien… eran quienes.
Unos chicos mucho mas mayores me observaban y eso me puso ansiosa. Quería que ya terminara el descanso, pero, como siempre me
pasaba, mientras más lo deseé más se estiró el tiempo.
-¿Estás bien? —preguntó Martin al ver que me estaba poniendo nerviosa.
-Sí —le mentí.
-No me parece —dijo, y siguió la dirección de mi mirada—. ¿Por qué te miran?
-Créeme que no tengo ni la más mínima idea.
Los observó un momento y luego sonrió.
-¿De que te ríes? —le pregunte alzando una ceja.
-De que ya se porque te miran —dijo con una pequeña carcajada.
-¿Por qué?—dije con ojos muy abiertos. ¿Cómo podía saberlo?
-¿Me prometes que no te enfadas conmigo?—preguntó con cautela.
-¡Les contaste...!—lo acusé.
-¡No!—me miró enojado por mi acusación. Al parecer él no era el único que sacaba conclusiones exageradas.
-¿Entonces?
-Promételo—ordenó.
-Está bien, lo prometo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario