Seguí caminando hasta llegar al punto de destino, allí me encontré con una persona que no veía desde días antes de haber estado fingiendo la peor gripe de toda mi vida.
No le miré a la cara, preferirí no hacerlo, me sentía muy culpable con todo esto asique fingí no haberle visto e introduje la llave en la cerradura de mi casa.
- ¡Sofi, espera! -dijo él muy contento. ¿No estaba enfadado conmigo?-pensé.
Por un momento decidí no girar la cabeza y hacer con que no le había oído pero, entonces me sentiría más culpable.
Corrí hacia él y le abracé.
- ¡¡FEEEER!! ¡Cuánto tiempo! Ya pensé que hasta el lunes no te vería.
- Sí, bueno.. -se quedó callado-
- ¿Pasa algo Fer?
- No no, nada -sonrío- Sólo que tenía muchas ganas de verte y pensé venir a tu casa, menos mal que acabas de llegar
Sólo pude sonreír, no supe que decirle, Fer es tan bueno y cariñoso conmigo, de verdad os digo que es el mejor amigo que una chica como yo puede tener.
- Bueno, y ¿a dónde habías ido?
- ¿Eh? Ahh, con Miriam a dar una vuelta por ahí, tantos días en casa me estaba agobiando y es Sábado, asique no podía quedarme un Sábado en casa.. -se me soltó una risilla un poco chillona de la que me avergoncé al segundo-.
- ¿Ya estás bien? Mañana Mir y yo vamos a ir al cine a ver la película de Avatar y...
- ¿Otra vez? -le interrumpí-
- Sí -se rió- aunque esta vez es más larga..
- Bueno, pues pasaroslo bien... Yo ya me voy a casa que me estarán esperando mis padres para comer
¿No me habían invitado a ir al cine con ellos? ¿Esos eran mis dos mejores amigos? A lo mejor Miriam estaba enfadada conmigo y quería vengarse. ¡NO! No podría ser eso, ella nunca me haría algo así, ni si quiera estamos enfadadas, al menos, no que yo sepa.
- Pero Sofi... -dijo él preocupado-
- Oye Fer, ya hablaremos el lunes ¿vale? -dije muy seria- Mis padres me esperan, lo siento.
Últimamente estaba fingiendo más de lo habitual, últimamente era una mentirosa, me daba asco a mí misma. Y todo eso, desde que Guillermo apareció en mi vida.
'Como desearía que todo fuera como antes'-pensé.
Abrí la puerta de casa, 2:30 AM.
- ¡¡SOFIAAA!! ¿Se puede saber dónde habéis ido Miriam y tú? ¡Dijiste que tardarías media hora y llevas fuera de casa toda la mañana, TODA!
Mi madre estaba echa una furia, muy muy enfadada, menos mal que no estuve más tiempo hablando con Fer.. Si no, ahora mismo estaría encerrada en un sótano o degollada y eso no es muy agradable.
- Lo siento mamá
- ¿CREES QUE CON ESO LO ARREGLAS TODO? ¡Ya hemos acabado de comer y estábamos muy preocupados por tí, hija! Te pones mala durante casi una semana, pierdes muchas clases en el instituto, y encima el Sábado te vas de fiesta toda la mañana...
- Lo siento mamá
- Aish -resopló- Caliéntate la comida y sírvetela tú sola. Nunca cambiarás.. -se dirigió a la cocina hablando entre dientes hacia sí misma-.
Fui a la cocina y calenté la comida en el microondas.
2:40 AM.
Ya había acabado de comer, y menos mal, no aguantaba más. Solo necesitaba ir a mi habitación, escuchar música y llorar.. Seguramente haría el típico plan americo: película ñoña acompañada de palomitas con sal con cocacola y de postre un riquísimo helado de chocolate mientras miles de lágrimas recorren tus mejillas deseando que acabe la película ñoña que te ha hecho llorar.
Sí, realmente suena fantástico, ese sería mi plan para el sábado tarde. Total, ahora no tenía novio, ni amigas ni amigos, ni si quiera a Miriam y a Fer.
Me tumbé de un fuerte y sonoro salto en mi cama, cogí el móvil y los auriculares y puse música a todo volumen. Casi me retumbaba en los oídos, pero necesitaba sentir la música dentro de mí.
Me puse boca abajo, apoyé mi cabeza en la almohada y deje que las lágrimas se desahogaran. Ya llevaban un rato queriendo salir de mis ojos azules.
Yo sólo escuchaba mi música, y no oía mis llantos, pero los que estaban en mi casa sí los oían.
- Tata, ¿qué te pasa? -dijo mi hermana con su voz chillona.
No la vi entrar a mi habitación. Noté que alguien se me tiraba encima y me abrazaba.
- Oh, ¡Lucía! ¿No sabes que no se puede entrar en la habitación de alguien sin pedir permiso? -dije mientras me pasaba la mano por debajo del ojo intentado que no se notara que lloraba.
- Pues tú y Alberto entráis en la habitación de mamá y papá cuándo queréis y sin avisar -No sabía qué decirle, tenía razón, los niños pequeños al fin y al cabo son los más listos de todos.
- Bueno, pero... -cambié de tema- ¿Qué querías?
- Oí que estabas llorando y he venido para saber que te pasa. ¿Por qué lloras, tata?
- No lloro cariño, se me ha metido algo en el ojo -mentí
- Pero estás llorando igualmente, no me mientas, ya no soy una niña -me explicó mientras me reí.
- Pero estaba llorando porque.. Porque.. Porque me roza mucho el ojo, asique me lo voy a ir a lavar al baño ¿vale? -dije mientras me levanté de la cama y fui al baño rápidamente.
Ella se fue de mi habitación.
'Menos mal' pensé. La próxima vez que llore no estaré escuchando música a todo volumen. Aún así, no me puedo quejar, al menos no me ha pillado Alberto o alguno de mis padres. Salí del baño con papel en la mano. Me dirigí a mi habitación y me tumbé en la cama.
'Riiiiiiiiiiiiiiiiiiing' sonó el teléfono de casa. ¿Es que nunca podré escuchar música tranquila? pensé.
Sofia, cariño coge tú el teléfono -gritó mi madre.
Resoplé, pero lo cogí.
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