—Sí, sí quiero olvidarlo—le dije, cuando al fin me concentré un momento en el punto importante del asunto.
—Yo sé que no quieres—susurró en mi oído de forma provocativa.
—Sí quiero—le dije con voz temblorosa, insegura.
Él se rió de mí.
—Huy sí, se nota que quieres olvidarlo—dijo con voz divertida, besándome debajo de la oreja.
—Martin, no quiero lastimarte. Por eso es mejor que lo olvidemos. No lo hagas por mí, hazlo por ti—le dije con voz suplicante.
—No hay ningún dolor que justifique que me pierda esto—dijo mientras me besaba de nuevo.
Suspiré mientras me rendía entre sus brazos.
—Pero ¿y Alex?—pregunté con culpa cuando nos sentamos a esperar el autobús.
—Sofi, olvídate de él—dijo mientras tocaba mi cara.
—No puedo—dije cerrando los ojos, como si me doliera solo de pensarlo. De hecho así era, me dolía el solo hecho de pensar en olvidarme
de Alex—. Martin, escúchame. Desearía poder corresponderte, pero yo no mando a mi corazón.
—Yo creo que no lo estas escuchando bien—dijo él tocando la punta de mi nariz con su dedo índice—. Te diré porque pienso eso…
”Lo pienso porque yo no puedo contenerme cada vez que nos besamos, y lo cierto es que tú tampoco ¿o lo vas a negar?—me preguntó
alzando una ceja.
—De forma lamentable mi autocontrol no es suficiente—le dije frunciendo la boca—, pero eso es solo porque tu insistes. Si dejaras de
besarme y yo de devolverte los besos, podríamos tener una amistad perfectamente normal.
—Contigo jamás podría solo tener una amistad—me dijo guiñando un ojo.
—Martin, al menos déjame elegir. Yo no quiero tener una relación que no sea exclusivamente de amistad contigo ¿sí?
—Pero…—empezó a decir, así que lo interrumpí.
—¿Por favor?
—¿Es que acaso tú no sientes la electricidad cada vez que nos tocamos?—dijo tocándome la mano.
—Sí lo siento, pero no soy la persona correcta.
—Sofi…
—Martin, yo también te deseo. Sí, lo admito. Pero el deseo no es amor.
—Pero yo sí te quiero—dijo mirando nuestras manos.
—¿Cómo puedes decir eso si apenas nos conocimos?—le dije con media sonrisa.
—Porque jamás había sentido esto—tocó su corazón con la mano libre—. Desde el primer día que te vi sentí como se agitaba casi a
la velocidad de la luz, y créeme que yo tampoco creía en el amor a primera vista.
—Solo es gusto, yo sentí lo mismo cuando nos besamos, pero es gusto y nada más. Para amar se necesita más tiempo.
Suspiró.
—Sofi, ya me han gustado otras chicas, pero esto es diferente.
—Perdóname—dije dando por terminada la conversación.
—Te advierto que no dejaré de intentarlo—me dijo sin soltar mi mano.
—Y yo te advierto que el plan de los celos sigue en marcha…
—Yo sé que no quieres—susurró en mi oído de forma provocativa.
—Sí quiero—le dije con voz temblorosa, insegura.
Él se rió de mí.
—Huy sí, se nota que quieres olvidarlo—dijo con voz divertida, besándome debajo de la oreja.
—Martin, no quiero lastimarte. Por eso es mejor que lo olvidemos. No lo hagas por mí, hazlo por ti—le dije con voz suplicante.
—No hay ningún dolor que justifique que me pierda esto—dijo mientras me besaba de nuevo.
Suspiré mientras me rendía entre sus brazos.
—Pero ¿y Alex?—pregunté con culpa cuando nos sentamos a esperar el autobús.
—Sofi, olvídate de él—dijo mientras tocaba mi cara.
—No puedo—dije cerrando los ojos, como si me doliera solo de pensarlo. De hecho así era, me dolía el solo hecho de pensar en olvidarme
de Alex—. Martin, escúchame. Desearía poder corresponderte, pero yo no mando a mi corazón.
—Yo creo que no lo estas escuchando bien—dijo él tocando la punta de mi nariz con su dedo índice—. Te diré porque pienso eso…
”Lo pienso porque yo no puedo contenerme cada vez que nos besamos, y lo cierto es que tú tampoco ¿o lo vas a negar?—me preguntó
alzando una ceja.
—De forma lamentable mi autocontrol no es suficiente—le dije frunciendo la boca—, pero eso es solo porque tu insistes. Si dejaras de
besarme y yo de devolverte los besos, podríamos tener una amistad perfectamente normal.
—Contigo jamás podría solo tener una amistad—me dijo guiñando un ojo.
—Martin, al menos déjame elegir. Yo no quiero tener una relación que no sea exclusivamente de amistad contigo ¿sí?
—Pero…—empezó a decir, así que lo interrumpí.
—¿Por favor?
—¿Es que acaso tú no sientes la electricidad cada vez que nos tocamos?—dijo tocándome la mano.
—Sí lo siento, pero no soy la persona correcta.
—Sofi…
—Martin, yo también te deseo. Sí, lo admito. Pero el deseo no es amor.
—Pero yo sí te quiero—dijo mirando nuestras manos.
—¿Cómo puedes decir eso si apenas nos conocimos?—le dije con media sonrisa.
—Porque jamás había sentido esto—tocó su corazón con la mano libre—. Desde el primer día que te vi sentí como se agitaba casi a
la velocidad de la luz, y créeme que yo tampoco creía en el amor a primera vista.
—Solo es gusto, yo sentí lo mismo cuando nos besamos, pero es gusto y nada más. Para amar se necesita más tiempo.
Suspiró.
—Sofi, ya me han gustado otras chicas, pero esto es diferente.
—Perdóname—dije dando por terminada la conversación.
—Te advierto que no dejaré de intentarlo—me dijo sin soltar mi mano.
—Y yo te advierto que el plan de los celos sigue en marcha…
(...)
—Sofi—dijo Austin cuando entré al salón en compañía de Martin, como siempre—¿trajiste el material del proyecto?
—Sí, tranquilo. ¿Y tú estudiaste tu parte?—le pregunté alzando las cejas a la expectativa.
Asintió.
—Perfecto—le dije sonriendo como si estuviera orgullosa de su trabajo.
—Eh… sip—dijo él sacudiendo la cabeza, como si estuviera deslumbrado.
—Sí, tranquilo. ¿Y tú estudiaste tu parte?—le pregunté alzando las cejas a la expectativa.
Asintió.
—Perfecto—le dije sonriendo como si estuviera orgullosa de su trabajo.
—Eh… sip—dijo él sacudiendo la cabeza, como si estuviera deslumbrado.
Nos sentamos en nuestros respectivos lugares y yo me puse el iPod, tal como había hecho el primer día para intentar aislarme de mis
compañeros, bueno… más bien de Martin.
Me recosté en la mesa. No había dormido nada bien por estar pensando en lo malo qué sería el día de hoy, pero lo cierto es que Martin
actuaba como siempre había actuado, viéndome todo el tiempo y de la manera incómoda que yo recordaba, la diferencia era que yo lo
veía todo con nuevos ojos.
Yo le devolví la mirada, atrapándolo con el poder de mis ojos, aunque no sabía exactamente que quería mostrarle, si terror o ternura,
así que decidí alternarlos cada pocos segundo y su expresión pareció corresponder con mis miradas hasta que después de cinco
minutos me eché a reír y él rió conmigo.
compañeros, bueno… más bien de Martin.
Me recosté en la mesa. No había dormido nada bien por estar pensando en lo malo qué sería el día de hoy, pero lo cierto es que Martin
actuaba como siempre había actuado, viéndome todo el tiempo y de la manera incómoda que yo recordaba, la diferencia era que yo lo
veía todo con nuevos ojos.
Yo le devolví la mirada, atrapándolo con el poder de mis ojos, aunque no sabía exactamente que quería mostrarle, si terror o ternura,
así que decidí alternarlos cada pocos segundo y su expresión pareció corresponder con mis miradas hasta que después de cinco
minutos me eché a reír y él rió conmigo.
Me reí por la estúpida forma en que su rostro cambiaba repentinamente cada vez que yo quería.
Fue tan fuerte la explosión de carcajadas que todo la clase volteó a mirarnos.
—¿De que os reis?—preguntó Irving alzando una ceja.
—Es que…—intenté explicarle pero no pude dejar de reírme. Así que miró a Martin para que él le explicara.
—Es que Sofi… es… es que ella…—pero él tampoco pudo dejar de reírse y de golpear la mesa.
Estuvimos así como cinco minutos.
—¿Podrían contarle el chiste al salón?—preguntó repentinamente el profesor Hurley.
Fue tan fuerte la explosión de carcajadas que todo la clase volteó a mirarnos.
—¿De que os reis?—preguntó Irving alzando una ceja.
—Es que…—intenté explicarle pero no pude dejar de reírme. Así que miró a Martin para que él le explicara.
—Es que Sofi… es… es que ella…—pero él tampoco pudo dejar de reírse y de golpear la mesa.
Estuvimos así como cinco minutos.
—¿Podrían contarle el chiste al salón?—preguntó repentinamente el profesor Hurley.
No me había dado cuenta de que estaba ahí porque estuve viendo a Martin y él estuvo viéndome a mí, así que al parecer, por su cara de
espanto tampoco él se había dado cuenta. Nos callamos repentinamente.
espanto tampoco él se había dado cuenta. Nos callamos repentinamente.
—¿Y bien?—dijo el profesor.
—Es… es que no era una chiste—dije mirando al suelo.
—¿Entonces qué es tan gracioso?—preguntó el profesor de forma severa.
—Es que Sofi se me quedó viendo a los ojos—explicó Martin con sinceridad—, pero ella puede hacer que me aterre o que me de ternura
según lo que quiera mostrarme—dijo con una sonrisa—, entonces se me quedó viendo primero con enojo y luego con ternura cambiando
repetidas veces y después de cinco minutos nos empezamos a reír porque mi cara cambiaba según lo que ella quería.
”En pocas palabras nos reímos de mi debilidad ante sus tonterías—concluyó con una risita.
El profesor nos miró con curiosidad.
—No entendí muy bien… pero, por favor, presten atención a la clase—dijo y luego volteó hacía el pizarrón y continuó explicando algo sobre
la época victoriana de 1845, o algo así.
—Es… es que no era una chiste—dije mirando al suelo.
—¿Entonces qué es tan gracioso?—preguntó el profesor de forma severa.
—Es que Sofi se me quedó viendo a los ojos—explicó Martin con sinceridad—, pero ella puede hacer que me aterre o que me de ternura
según lo que quiera mostrarme—dijo con una sonrisa—, entonces se me quedó viendo primero con enojo y luego con ternura cambiando
repetidas veces y después de cinco minutos nos empezamos a reír porque mi cara cambiaba según lo que ella quería.
”En pocas palabras nos reímos de mi debilidad ante sus tonterías—concluyó con una risita.
El profesor nos miró con curiosidad.
—No entendí muy bien… pero, por favor, presten atención a la clase—dijo y luego volteó hacía el pizarrón y continuó explicando algo sobre
la época victoriana de 1845, o algo así.
Martin me miro y frunció la boca, conteniendo una sonrisa. Yo también sonreí y me puse un dedo en los labios para indicarle que guardara
silencio.
Al llegar el descanso, Austin se nos unió a Martin y a mí en nuestro camino hacia el lugar del patio donde nos reuníamos con Alex.
—¿Qué hay chicos?—preguntó Austin cuando tomamos asiento junto a Alex y Helen.
silencio.
Al llegar el descanso, Austin se nos unió a Martin y a mí en nuestro camino hacia el lugar del patio donde nos reuníamos con Alex.
—¿Qué hay chicos?—preguntó Austin cuando tomamos asiento junto a Alex y Helen.
Debido a la reciente expansión de nuestro grupo para desayunar, los lugares fueron… reasignados, por decirlo de alguna forma.
Ahora Martin se sentaba a mi derecha, Alex a mi izquierda, Austin en frente de mí y Helen… digamos que junto a Alex y Austin como en la
esquina del cuadrado.
Debía admitir que esa situación me gustaba. Estaba cosechando lo que había sembrado. Gracias karma…
Aunque fueran buenas noticias departe del universo, era al mismo tiempo un poco incomodo tener a tres chicos que peleaban por mí y
era muchísimo peor si tomábamos en cuenta que las únicas chicas de la escuela que me dirigían la palabra eran Nat y Greta, ya que ni
siquiera Hana se dignaba a hablarme.
Quizá el karma también me está haciendo una mala jugada…
Ahora Martin se sentaba a mi derecha, Alex a mi izquierda, Austin en frente de mí y Helen… digamos que junto a Alex y Austin como en la
esquina del cuadrado.
Debía admitir que esa situación me gustaba. Estaba cosechando lo que había sembrado. Gracias karma…
Aunque fueran buenas noticias departe del universo, era al mismo tiempo un poco incomodo tener a tres chicos que peleaban por mí y
era muchísimo peor si tomábamos en cuenta que las únicas chicas de la escuela que me dirigían la palabra eran Nat y Greta, ya que ni
siquiera Hana se dignaba a hablarme.
Quizá el karma también me está haciendo una mala jugada…
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