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Me desperté a las ocho de la mañana. Estaba ansiosa porque Rachel llegaría pronto. Desayuné, en compañía de mi madre.
—Ah… mamá, por cierto ¿recuerdas que dentro de un rato llegará Rachel?
—¿Aja?—me dijo mientras tomaba un trago de jugo de naranja.
—Bueno, es que planeábamos salir—le dije, insegura sobre lo que me preguntaría.
—¿A dónde vais a ir?—me dijo tranquila.
—Pues, al cine—dije con indiferencia, tratando de ocultar el nerviosismo de mi voz.
—Hm… ¿Y van a ir ustedes solas?—¿Por qué tiene que preguntarme eso? Pensé.
—No, de hecho un chico de mi escuela que conoce a Rachel nos invitó—mentí.
—¿Y tú lo conoces?—me preguntó.
—Sí… va en el mismo salón que yo.
—¿A qué hora salen?
—A las ocho.
—Está bien—dijo después de pensarlo un momento—. Solo cuídate mucho.
Suspiré. Lo peligroso había pasado ya… En ese momento sonó el timbre. Me levanté de la mesa y puse mi cuchara y mi plato en el fregadero. Fui a abrir la puerta.
—¡Hola!—me dijo Rachel mientras me abrazaba—¡Te he extrañado mucho, mucho, mucho, mucho, muchoooo…!
—¡Yo también! Hay tantas cosas que tengo que contarte…
—Sí pero, primero al cuarto.—dijo, después me tomó de la mano y me llevo directo al cuarto.
Al pasar por el comedor saludó a mi mamá.
Cuando llegamos a mi cuarto cerró la puerta
y dijo:
—Ahora sí, cuéntamelo toooodoooo… Con lujo de detalles.
Le conte lo que me había pasado con los chicos de la escuela y lo mucho que me fastidiaba tener tantos “admiradores”, sobre cómo
estaba marchando el plan de “poner celoso a Alex” que al parecer estaba dando resultado, sobre lo que sentía tanto por Alex
como por Martin—esta fue una pregunta que respondí a petición de ella—y sobre cómo estaba sobrellevando estar con Alex y
Helen todos los días durante el descanso.
Y después ella me contó sobre sus posibles novios, como eran sus profesores, que le gustaba y que no de su escuela, sus
nuevos amigos, los chicos que no le caían muy bien, su relación con su hermano y sobre uno de sus amigos, que le gustaba.
Nos reímos tanto que el tiempo pasó volando y cuando me fijé en el reloj ya eran las seis de la tarde.
—Ya casi es la hora, voy a tomar un baño y vengo en seguida—le dije a Rachel.
—Claro. Cuando tú salgas yo ya me habré arreglado—dijo mientras prendía la tele de mi cuarto y después señalo su maleta de ropa y
me guiño un ojo. Ella era experta en cambiarse el look y además sabía que yo tardaba horas bañándome. La tele solo la prendía porque le
gustaba el bullicio que hacía, no porque la fuera a ver realmente.
Sonreí. Salí del cuarto y fui al baño.
Me di cuenta de que me sentía muy nerviosa por las posibilidades.
Las posibilidades…
Tampoco es que estuviera emocionada por la disque-cita, si no más bien nerviosa por lo que diría Martin al ver que hice trampa para no estar a solas con él.
Suspiré. No me gustaba hacer tormentas en vasos de agua y lo que estaba haciendo ahora era exactamente eso. Me aclaré la mente
mientras me bañaba y pensé en que era lo que realmente me preocupaba, o sea, la verdadera situación que mereciera que yo estuviera
nerviosa. Me sorprendí al ver que realmente no tenía porque estarlo.
No tenía porque estarlo: Primero, porque Martin no me gustaba, así que no había porque estar nerviosa en cuanto a ese aspecto.
Segundo, realmente no me iba a hacer nada por haber invitado a Rachel. Y tres, en caso de que sí me reclamara, él no tenía porque
quejarse de nada, ya que, en todo caso, no tenía ningún derecho sobre mí.
Salí del baño y fui a mi cuarto envuelta en una toalla.
Cuando llegué vi un conjunto sobre la cama. Estaba precioso y combinado con ropa que había en el armario. Miré a Rachel sorprendida por su talento artístico. Jamás hubiera pensado que con la ropa que había en el armario se podía armar algo tan… a la moda y a la vez tan sencillo.
—Rachel, eres una artista—le dije con ojos muy abiertos—. Has visto mucha tele ¿verdad?—adiviné.
Me guiñó un ojo y salió de la habitación para que pudiera vestirme.
Me vestí rápido porque mi baño había tardado más o menos una hora—siempre me tardaba mucho cuando me bañaba, por eso me
despertaba tan temprano para ir a la escuela—. Me puse todo tal como lo había dejado en la cama, pero en lugar de ponerme las
bailarinas me puse convers. Me caía con las bailarinas y no iba a estar incómoda todo el tiempo que estuviera parada o caminando.
Terminé de vestirme y bajé las escaleras. Rachel se me quedó viendo, observando su obra, luego fijo la vista en mis pies y frunció el ceño.
Me miró a los ojos. Le sonreí a modo de disculpa.
—Sabes que no se caminar con esas bailarinas…
—Sofi, tienes casi dieciséis, ya va siendo tiempo de que aprendas.
—Lo haré algún día, lo prometo pero hoy no.
Frunció la boca y después suspiró.
—Me niego, ve a ponerte las bailarinas o sí no…
—¿O sí no?—le reté con media sonrisa.
—O sí no, no iré contigo a la cita con Martin—me dijo triunfal.
—Rachel ¿tanto teatro por unas bailarinas?—le dije molesta.
—Sofi, te ves muy bien con ellas y vas a ver que poco a poco te acostumbras. A parte quiero que te veas impresionante frente a
ese chico—me dijo juntando las manos y con la mirada perdida, como si estuviera imaginando a Romeo y Julieta.
Alcé una ceja.
—¿Y no crees que ese encanto se terminaría si me caigo en un charco mientras camino?
Frunció la boca.
—Bueno, pero mañana te haré practicar.
—Está bien…—dije más tranquila. Eso era más razonable que ir en la cuerda floja por la calle.
—¿Lo prometes?
—Si, lo prometo—dije con voz desganada y entornando los ojos.
—Bueno ¿y no piensas mínimo cepillar tu cabello?
No esperó a mi respuesta y me jaló la mano para llevarme de vuelta al cuarto, donde estaba la maleta que había preparado para el pijama.
La abrió y saco unos productos para alizar el cabello. Trabajó en él como cinco minutos y después hizo que me viera en el espejo de cuerpo entero que estaba cerca de la puerta del cuarto. Había hecho un milagro!!
—Rachel, muchísimas gracias—dije mientras observaba mi cabello, que se veía ondulado, como realmente era, en lugar de todo
esponjado y sin forma.
Después me fijé en lo que llevaba puesto Rachel a través del reflejo.
—Oye, Rachel… ¡Wow! No creo que Martin volteé a ver mi ropa si tu llevas eso.
Llevaba unas mallas blancas que le llegaban hasta media pantorrilla, y encima una minifalda. También se había puesto una blusa negra y
blanca a rayas sin mangas y escotada.
—Gracias—me dijo—, pero yo voy casual y tu elegante—de repente frunció la boca y miró hacía mis pies—. Bueno, ibas…
Me reí. De repente sonó el timbre. Instantáneamente miré el reloj que estaba en la pared del cuarto.
—No creo que sea él, apenas son las siete y media…
—Habrá que ir a ver—dijo Rachel con emoción en la voz.
Me acompañó a abrir la puerta y me sorprendí al ver a Martin ahí, vestido con unos pantalones de mezclilla de corte recto y una camisa blanca de manga larga que se había remangado hasta los codos.
Él me sonrió con ganas.
—Hola—me dijo con su voz seductora, luego miró hacía abajo—, estas preciosa.
Me ruboricé y abrí más la puerta para que pudiera ver a Rachel, que estaba atrás de esta.
Se le abrieron los ojos de golpe.
—Emm… hola—le dijo a Rachel confundido.
Rachel lo saludó con la mano y con una sonrisa. Él me volteo a ver.
—Martin, ella es Rachel, mi mejor amiga—le dije, señalando a Rachel con un gesto de la mano, luego hice lo mismo con Martin—. Y Rachel,
este es Martin.
Se estrecharon la mano.
—Encantado de conocerte. ¿Así que a ti es a la que le tengo que agradecer que Sofi haya aceptado tener amigos?
—Esa misma.
Puse los ojos en blanco.
—¿Qué haces aquí tan temprano?—le pregunté recordando la hora.
—Es que no quería perder ningún segundo que pudiera estar a tu lado—dijo ruborizándose ante la presencia de Rachel y de paso
avergonzándome a mí.
—Aw… Mi vida, que ternurita—dijo Rachel, haciéndome reír.
Él la miró divertido también. Rachel siempre sabe como romper el hielo, pensé.
—Bueno—dijo Martin volviendo a ser serio—, entonces ¿nos vamos ya?
—Sí, solo le voy a avisar a mi madre…
Fui a decirle junto con Rachel, así que hice pasar a Martin a la sala.
—Mamá, ya llegó nuestro amigo—le dije mientras veía la tele.
—OK, cariño. Cuídate mucho—me dijo mientras se levantaba para besar mi mejilla—, tú también Rachel.
—No te preocupes Rebeca.
Mi madre asintió, se acostó en su cama y siguió viendo la tele.
—No lleguen demasiado tarde—nos dijo mientras salíamos de la habitación.
Martin esperaba sentado en el sofá.
—¿Lista?—me preguntó.
Asentí, así que se paró.
—Entonces, vámonos. Hasta luego Rachel—se despidió con un gesto de la mano.
Ella alzó una ceja y sonrió. A él le confundió, ese gesto.
—¿Por qué te despides?—le preguntó Rachel a Martin.
No pude evitar sonreír ante la perplejidad del rostro de Martin. Él me miró frunciendo el ceño.
—¿Qué?—fue lo único que le pudo decir a Rachel. Era tan cómico, al menos desde mi punto de vista, que tuve que aguantar la respiración
para no carcajearme.
—Yo voy con ustedes. Martin ¿qué acaso Sofi no te avisó?—le preguntó Rachel con fingida sorpresa.
—¿Por qué?—preguntó él decepcionado, tanto que fue casi grosero, pero dudo que a Rachel le hubiera molestado. De hecho creí que se
estaba divirtiendo tanto como yo.
—¿No recuerdas que le dijimos a Alex que ella venía con nosotros?—intervine.
—Pero creí que era una mentira—me dijo poniendo cara de perrito, no supe si a propósito o fingiéndola para hacerme cambiar de opinión.
—Pues ya ves… pero no soy tan mentirosa—le dije, mientras encogía los hombros, poniendo cara de inocencia.
Una probada de su propio chocolate. Resopló y puso los ojos en blanco.
—¿Pero qué tiene de malo?—preguntó Rachel, invirtiéndole un tono enojado a su voz.
—Pues nada… supongo—dijo Martin agachando la mirada en un gesto de rendición. Respiró hondo—. Bueno, no importa si vienes con
nosotros, pero ya vámonos o se nos hará tarde para comprar los boletos.
Al salir de la casa nos encontramos con un lujoso coche color negro, lo miré con sorpresa, la cual fue incluso mayor cuando vi a
Martin introducir las llaves en la puerta.
—¿Es tu coche?—le pregunté con ojos desorbitados. Rachel tenía exactamente la misma expresión que yo en su rostro.
—Fue mi regalo de cumpleaños—dijo con indiferencia.
—Pero aún no tienes edad para un permiso—le dije confundida.
—No, pero los policías no lo saben—me dijo guiñándome un ojo.
Volteé a ver a Rachel. Ella alzo las cejas como diciéndome “¿Guapo y rico? No está mal”.
Al subir abrió la puerta del copiloto e hizo el asiento hacía adelante para que Rachel pudiera sentarse atrás, luego lo acomodó y yo me
senté al frente.
Rachel y yo íbamos contándole animadamente a Martin sobre todas la aventuras divertidas que habíamos vivido juntas desde que nos
conocimos. Él se reía con todas las boberías que le contábamos.
Cuando al fin llegamos al cine, Rachel sacó él dinero para comprar su boleto y el mío.
—¿Qué haces?—le preguntó ofendido cuando ella le iba a entregar el dinero a la cajera.
—Pues… pagar nuestros boletos—le contesté yo.
—Guardad vuestro dinero—ordenó—, esta noche invito yo.
—No es necesario, Martin—le dijo Rachel, que me conocía tan bien, que sabía que eso era lo que yo iba a decir.
Entonces adelantó la mano para pagarle a la cajera, pero Martin fue más rápido y le entregó el dinero antes que Rachel.
—¡Martin!—me quejé.
—Por favor, Sofi. Puede que Rachel este aquí, pero para mí esto sigue siendo una cita ¿OK?—me ruboricé y desvié la mirada.
—Pues ya qué…—dije enojada. Rachel soltó una risita ante mi expresión tanto de vergüenza como de enojo.
—Bueno, entonces ¿qué hacemos mientras esperamos a que sea la hora de la función?—preguntó Rachel.
—Vamos a hacer fila para comprar las palomitas—dije señalando la dulcería y la larga fila que había. El lugar estaba lleno por ser el primer
sábado después de haber empezado clases.
Fuimos a formarnos y nos encontramos con una sorpresa… una desagradable sorpresa.
—¡Sofi,Rachel & Martin, que sorpresa veros aqui!—dijo la fingida voz de sorpresa de....................
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