sábado, 24 de septiembre de 2011

Capitulo 29

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''EL SUEÑO''
Asentí mientras secaba mis lágrimas. Entonces él acerco su rostro al mío y me besó con ternura.
Yo le devolví el beso, abrazándolo con emoción.
Sus labios cobraron fuerza conforme nuestro beso se alargaba. Me abrazó por la cintura y me acercó a
él con fiereza. Mis recuerdos volaron al día anterior.
Lo jalé hacía mí para acostarnos sobre el sofá al igual que había hecho con Martin ayer. Deslicé mi
boca por su cuello y él se estremeció.
Sus manos se deslizaron por debajo de mi camisa y tocaron la piel de mi cintura desnuda. Su boca bajó
por mi cuello y besó mis clavículas, mientras yo enredaba mis dedos en su cabello y lo estrechaba
contra mí.
—Te esperé por tanto tiempo…—le dije cuando sus labios volvieron a subir hasta los míos.
—Perdóname por haberte hecho esperar…—susurró en mi oreja y luego la mordió con suavidad.
Me estremecí y busqué sus labios otra vez. Nos dimos la vuelta en el sofá y quedé sobre de él.
Toqué su abdomen por debajo de su playera y le besé el cuello una vez más.
Él me envolvió con sus brazos y me besó los labios. Nos devoramos con fiereza, pero en ese
momento escuche la voz de mamá.
—Sofi.
Me levanté, quitándome de encima de Alex y busque a mi madre con la vista.
—Sofi—volvió a decir. Pero yo no sabía de donde provenía su voz.
De repente mi visión se puso borrosa y todo se volvió negro.
—Ya levántate, floja—me dijo mi madre cuando abrí los ojos.
—¿Qué?—le pregunté a mi madre, confundida.
—Ya es sábado y son las dos de la tarde—me dijo.
Me tallé los ojos, y miré a mi alrededor. Estaba en mi cuarto con el pijama morado con cuello tipo
polo que me había puesto la noche anterior para ocultar lo rojo de mi cuello.
¿Fue un sueño?
Sí, había sido un sueño y para colmo lo de Martin había sucedido en realidad.
—¿Son las dos de la tarde?—le pregunté a mi madre frunciendo el ceño.
—Sí y tienes algo de ropa que lavar—me recordó señalando mi bote de ropa, que estaba lleno hasta el
tope.
Asentí y ella me dejó sola.
No podía creer que había sido un sueño, me dejé caer una vez más en mi cama y me tapé la cara con la almohada.
Y lo peor no era que el sueño no era real, si no que tendría que enfrentarme a lo que pasó con Martin el lunes.
Se me hizo un nudo en el estomago de solo pensarlo.
¿Cómo había sucedido todo aquello en tan poco tiempo? Ah, sí, todo había sucedido por dos cosas: Una, Martin empezó a gustarme un poco en el trayecto de la semana y dos, mis hormonas se pusieron loquitas en el momento equivocado.
Me sentía muy extraña, como si no fuera yo misma. Cada vez que recordaba lo que había pasado con Martin me costaba incluso
más trabajo creerlo. Simplemente no podía creer que fuera yo la persona que había, prácticamente, devorado a Martin el día anterior.
No era algo que yo haría, por el simple hecho de que nunca lo había hecho antes. Seguía sin poder creerlo.
Solo de pensar en el momento en que Martin me había preguntado si podía besarme y yo había dicho que no lo sabía…
Me costaba trabajo recordar porque no había dicho que no.
Me concentré en como me sentía en compañía de Martin.
Me sentía segura, porque tenía alguien en quien confiar y en quien apoyarme cuando estuviera lastimada, alguien que me cuidara la espalda.
Me sentía admirada, porque Martin todo el tiempo decía lo que le gustaba de mí, ya fueran mis ojos, lo lista que era, lo hermosa que era… todo, por supuesto, desde su punto de vista.
Pero sobre todo, me sentía amada, más no de la manera en que estaba acostumbrada. Me sentía amada no de la manera en que me amaba Rachel o mi madre, o cualquier miembro de mi familia, si no, más bien de la manera en que yo amaba a Alex.
Era raro pensar que alguien realmente me quisiera de esa manera, porque nunca antes me había pasado, o al menos no estando yo consiente de ello.
Me levanté de la cama y me miré el cuello en el espejo. Lo rojo ya había desaparecido.
Me puse ropas cómodas para el día que tenía por delante…
Cuando terminé de hacer todas mis tareas, tomé un baño y me acosté, porque ya eran las ocho de la noche. Había sido mucha ropa porque era la de dos semanas.
Veamos… ¿El lunes qué haré? Pensé mientras repasaba los planes.
En la mañana lo más probable era que viera a Martin y él actuaría como… como novio.
Me costaba trabajo pensar en eso porque se me hacía un nudo en el estomago cada vez que pensaba así.
Entonces, lo que haría sería ser como había sido desde antes de que pasara todo lo que pasó, es decir, actuar reacia que me besara,
me halagara o me mencionara cualquier cosa que tuviera que ver con tener una relación con él.
Suspiré, frustrada. Frustrada porque dudaba bastante que las cosas volvieran a ser igual que antes, ya que algo entre nosotros se había
encendido. Ahora existía el deseo que teníamos el uno por el otro, en niveles distintos, pero existía y estaba muy claro ahora.
Al menos lo intentaría, de eso estaba segura, aunque tampoco es que yo misma viera a Martin de la misma manera. Yo también lo deseaba,
pero no era ni la milésima parte de lo que sentía por Alex.
A pesar de que no lo deseara de la misma manera, ya lo veía todo de forma distinta, quisiera verlo así o no. Ahora cada vez que tocara a Martin, sentiría los nervios de punta, porque recordaba perfectamente la sensación que había sentido incluso cuando tomó mi mano, esa electricidad.
Y esa era la sensación que aún no sentía con Alex, pero estaba cien por ciento segura de que eso cambiaría si llegaba a pasarnos algo
parecido a lo que pasó con Martin.
Dejé de pensar en eso, porque solo me estresaba. Bostecé, estaba exhausta, así que me dejé ir y me quedé dormida.

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