sábado, 24 de septiembre de 2011

Capitulo 27

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''¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAIIIIIHH DIOOOOOOOOOOOOOOOS MIOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! que fuerteeee''
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—Martin, ya basta—susurré en su oreja mientras besaba mi cuello.
—¿Por qué?—me preguntó sin detenerse.
—Porque mi madre y tus padres, seguro llegarán pronto—le dije intentando dejar de tocarlo.
—Maldita sea, tienes razón—dijo, y después me besó en los labios.
Suspiré y dejé de besarlo.
—Llévame a casa ¿si?
—Está bien—dijo. Después me dio un último beso rápido y fue por mi mochila.
—Gracias—le dije mientras abría la puerta.
Cuando empezamos a caminar hacía mi casa me tomó de la mano y entrelazó sus dedos con los míos.
Caminamos en silencio. Ni una palabra, ni un suspiro, ni nada… Solo nos miramos a los ojos. Yo a él con culpa y él a mí con ternura.
Llegamos a mi casa y aún no estaba el coche de mamá.
—Nos vemos el lunes en la escuela—le dije mientras abría la puerta con las llaves y ponía la mochila en el suelo de la sala.
—Sí, hasta luego—dijo mientras tomaba mi cara entre sus manos y me besaba con suavidad.
¡Cuantos besos! Pensé.
Dejó de besarme y tomó mi mano mientras caminaba hacía atrás, dejándola ir poco a poco.
Entré y cerré la puerta.
Me dejé ir hasta el suelo recargada en la puerta.
Puse los pies en la tierra repentinamente. ¿Qué acababa de pasar?
Tomé mi mochila y subí corriendo las escaleras. Telefoneé el número de Rachel.
—¿Hola?—dijo la voz de mi amiga del otro lado de la línea.
—Rachel, a que no adivinas lo que acaba de pasar…
Le conté absolutamente todo y con lujo de detalles.
—¡No in-ven-tes!
—Así fue todo—le dije a Rachel con solemnidad.
—¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAIIIIIHH DIOOOOOOOOOOOOOOOS MIOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! que fuerteeee!
¿Y qué es lo que vas a hacer?!!—me preguntó.
—NO CHILLES LOCA!!, Pues, eso es lo que no sé…
—Sofi, no puedo creer todo lo que me acabas de contar—me dijo con voz emocionada y alegre—. Esto quiere decir que ya as olvidado a Alex.
Suspiré y me quedé callada.
—¿O quizá no?—dijo, al entender lo que significaba mi silencio.
—La verdad, lo sigo queriendo—le dije llevándome la mano libre a la frente.
—¿Entonces?
—Es que Martin me gusta y estábamos solos y mis hormonas se pusieron loquitas y todo fue muy rápido…—le dije rápida y nerviosamente.
—Tranquila, respira.
Hice lo que me decía.
—Sofi, en serio ¿estas demente? Pobre Martin, lo vas a destrozar…
—Se lo dije, le dije que estaba mal que nos besáramos porque yo queria a Alex y era muy probable que Alex también a mí.
—¿Y no reaccionó?—preguntó mi amiga con preocupación.
—Dijo que ese era su problema.
—Es un tonto—dijo bufando.
—Un tonto que besa demasiado bien—dije yo, recordando como sus labios se unían a los míos y luego bajaban hasta mi cuello.
—Sí, pero un tonto que tu no amas. Al menos no aún—dijo Rachel regañándome.
—Tienes razón. Ahora que tengo más clara la mente ya que no tengo a ningún chico guapo en frente de mí, ya sé más o menos que voy a
hacer… creo—le dije insegura, pero sí teniendo una idea de lo que haría.
—¿Se puede saber que harás?
—Él lunes voy a decirle a Martin que es mejor si olvidamos todo lo que pasó hoy.
—Esto es complicado—me dijo haciéndose eco de mis pensamientos.
—Lidiar con hombres siempre va a ser complicado—le dije, deprimida de solo pensar en todo lo que había permitido que sucediera esa tarde.
”Es que no se como pasó todo eso si hace solo una semana le di una cachetada por un beso ni la mitad de fuerte que los de hoy.''
—Yo sí lo sé. Es porque a pesar de que amas a Alex, Martin esta empezando a gustarte—me dijo Rachel con una ligera nota de felicidad
en la voz.
—Sí, pero esta mal que me permita a mi misma llegar tan lejos solo conociéndolo desde hace dos semanas—dije decepcionada por mi
poco autocontrol.
—Sofi, yo se que estas loquita, pero también se que dentro de ti hay una chica muy responsable y, a pesar de que aparece en el último
minuto, siempre aparece justo a tiempo, así que no te sientas tan mal. Además pronto lo vas a solucionar.
Suspiré.
—Eso espero. Bueno, estoy muy cansada, me voy a dormir.
—OK. Te marcó el lunes para que me cuentes como te fue.
—Está bien. Te quiero. Deséame suerte.
—Por supuesto. Yo también te quiero. Nos vemos.
—Adiós—le dije y luego colgué el teléfono.
Puse el teléfono en la mesita de noche y me acosté en la cama. Tenía ganas de llorar por sentirme tan atrapada y todo por mi culpa.
Me puse una almohada en la cara y solté un grito. Después me la quité y pensé un poco.
Decidí que no dejaría hablar a las voces de mi cabeza porque, sinceramente me sentía como esquizofrénica, así que las uní con el resto de mi mente para usarlas solo cuando yo
pensara en ellas.
¿Qué voy a hacer con Martin? Pensé.
Lo mejor que podía hacer era lo que ya había decidido, decirle que era mejor parar de hacer cosas que lo podían lastimar y que a pesar
de que fuera su problema, era mi amigo y no quería que sufriera.
Eso era lo mejor, pero por otro lado estaba el deseo…
Lo cierto es que me gustaba besarlo y mi voluntad bajaba tanto cuando nuestros labios se tocaban que casi no era capaz de pensar.
En ese momento se me ocurrió que lo mejor sería liberar únicamente a la voz de la sensatez, así que a pesar de sentirme como
esquizofrénica y probablemente estar algo chiflada, la liberé. Esa voz seguro me interrumpiría si Martin intentaba seducirme con sus besos.
Sus besos…
Jamás había besado a ningún otro chico en toda mi vida, (sin contar los picos jugando a la botella con mis amigos)
pero a pesar de eso dudaba que cualquiera pudiera besar así de bien.
Pensé en lo que él me había dicho, “besas muy bien”. Sonreí ante el recuerdo. No sabía a ciencia cierta si él decía la verdad, porque
me quería y dicen que el amor es ciego, pero decidí creerlo.
¿Y Alex? ¿Por qué pensaba en Martin en lugar de pensar en Alex?
Entonces tuve una idea e imaginé que todos los besos que había recibido esa tarde eran de Alex.
Suspiré. Era patética.
¿Por qué no podía ser Alex la persona que me quisiera tanto?
Me sentía demasiado cansada para pararme, así que solo tomé mi pijama y me volví a acostar. Me quité la ropa acostada y luego me puse
mi pijama.
—Tengo que lavarme los dientes—me quejé para mi misma.
Me levanté de la cama y me dirigí al baño para lavarme los dientes. Al verme en el espejo solté un grito ahogado.
Mi cuello estaba rojo de algunas partes y mis labios estaban ligeramente hinchados.
—Oh-oh—dije en voz muy baja.
Me lavé los dientes rápido y me eché agua fría en el cuello, pero no tuvo ningún efecto. No podía dejar que mi madre viera eso.
¿Qué hago? Estoy llena de chupetones!! -.-
Corrí a la cómoda que estaba en mi cuarto, ya que mi ropa interior y mis pijamas si las guardaba ahí, separadas del resto de mi ropa.
Cerré la puerta con seguro por si mi madre llegaba.
Busqué a toda velocidad un pijama que cubriera mi cuello. Los únicos pijamas que lo cubrirían eran los que tenían playeras de cuello tipo polo.
Elegí el pijama morado, porque era del mismo color del que estaba usando en ese momento, así que mi madre no notaría que la había
cambiado antes de que terminara la semana.
Me quité rápido la que tenía y me puse la otra.
Me fijé en el espejo y me di cuenta, con tranquilidad, de que me cubría toda la parte roja del cuello, ya que se concentraba principalmente
en la parte que estaba un poco más arriba de mis clavículas.
Cansada y, finalmente, relajada me acosté y me quedé dormida.

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