sábado, 24 de septiembre de 2011

Capitulo 30

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El lunes por la mañana estaba nerviosa. En poco tiempo me encontraría con Martin y seguro intentaría hacer algo como besarme,
o lo que fuese, y seguro yo estaría dispuesta a devolverle el beso en el momento en que él me tocara por el simple hecho de que la
sensación que me producía su cálida piel era eléctrica, irresistible.
Sería difícil lidiar con eso si él insistía, pero si no lo hacía solo sería cuestión de ignorar la sensación cada vez que lo tocara.
Al menos tenía a la voz de la sensatez para ayudar a controlarme si era necesario. Solo hacía falta que me recordara una palabra: Alex.
Salí del baño y me vestí:
Pincha aquí para ver esta foto.
Baje a desayunar mis diarios cereales, & en eso sono el telefono. Entonces mi madre dice la tipica frase:
''Sooofii cogelo que me estoy duchandooo'' -.-
~~~~~~~~~~~~~~~~~Telefono~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
—Al habla la familia García, quien es?—dije, por que no era muy normal llamar a estas horas de la mañana.
—Que graciosa te has vuelto tu ¿no?—dijo una familiar voz
—Porfin te dignas a llamar feoncia, pensaba que te habias olvidado de mi!—le dije
—nunca olles? bueno, bueno, ahora si, CUENTAMEE!! que tal todo tía?
—Joder, otra gritando, Miriam, sabes que odio que grites en el telefono, que me quedare sorda!!!
—Vale, perdona churriponcia, cuentameee porfavooorr—dijo con desesperacion
—Bien, resumiendo, tengo miles de admiradores en el instituo, he visto a Alex & a la zorra, & he descubierto que aun le quiero,
eh echo un monton de amigas & amigos nuevos, & un tio buenisimo viene detras de mi como mi perrito faldero, a si, ayer
nos enrollamos en el sofa.
Ubo un silencio bastante laargo por parte de Miriam, estaría asimilando tooda la informacion.
—QQUUEE QUEEE!!!!!!!!!!!!!!!!—dijo gritando
—que no grites so puta!
—lo siento, pero tia que fuerte, pero... ¿como? aqui no, y alli si? no lo entiendo, que suerteeee!! flipante, como se llama?
—Martin—dije
—Puf... encima tiene nombre bonito, me lo tienes que presentar porfaaa, te hecho de menos, olle que me tengo que ir al insti,
lo siento, te quiero.
—Ok, yo igual. Mandale muchos besos a Fer de mi parte, & dile que me llame cuando pueda que le tengo que contar muchas cosas.
Adios!
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~Fin telefoono~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Y colgue. Respiré hondo al dar la vuelta en la esquina cerré los ojos. Luego los abrí y lo vi sentado, esperándome.
Se paró de donde estaba y se acerco a mí con los brazos abiertos y sonriendo, como si fuera a abrazarme…
y así lo hizo.
Me abrazó la cintura y me besó con ternura en los labios, un beso al que yo obviamente correspondí. Sentí un temblor en mi estomago,
como el cosquilleo de la electricidad entre nosotros.
No pude contenerme y le abracé el cuello mientras lo besaba con más fuerza. Él respondió a mi intensidad.
Alex. Me dijo la voz.
Usé toda mi concentración y dejé de besarlo.
Cuando me detuve él me miró a los ojos y acarició mi cara.
—No creo que puedas imaginarte lo feliz que estoy—me dijo con un tono contenido, por la emoción que lo
embargaba—. Todo el fin de semana estuve tratando de convencerme de que en verdad había pasado lo que paso, pero contigo aquí,
entre mis brazos, todo es más fácil de recordar.
—Martin, tengo que decirte algo—le dije desviando la mirada.
—¿Qué cosa?—me dijo preocupado ante mi tono evasivo.
Suspiré.
—Es que creo que deberíamos olvidarnos de esto…
Él volvió a besarme con intensidad y yo volví a devolverle el beso. Sabía cual era mi punto débil.
Toqué su abdomen, deseosa. Al sentirlo él me apretó más la cintura.
¡Alex, Alex, Alex!
Lo besé tres segundos más antes de detenerme a hacerle caso a la voz. Pero en lugar de detenerse cuando yo lo hice, bajo la dirección de
sus labios y besó mi cuello.
—¡Martin, estamos en la calle!—le dije para que parara, a pesar de que mi brazos en su cuello decían algo totalmente
distinto—¡Deja de besarme!
Él se detuvo y me miró a los ojos de nuevo, luego se acercó.
—¿Aún quieres olvidar lo que pasó entre nosotros el viernes?—me preguntó acariciando mis labios con los suyos.
Lo besé una vez más y él me devolvió el beso.
¿Para qué me quieres si vas a hacer lo que se te pegue en gana? Preguntó la voz de la sensatez con desesperación.
No puedo evitarlo… Me excusé conmigo misma.

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