viernes, 9 de septiembre de 2011

Capitulo 22

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Suspiré. ¿De verdad es posible que me quiera tanto como dice? Me negué a creerlo. Quizá esta pasando por una etapa de la adolescencia,
se comprensiva… me dije a mi misma.
Pensé un segundo en la pregunta que acababa de hacerme. ¿De verdad podía llegar a querer a Martin en la manera en la que quería a Alex?
Si le daba tiempo a las cosas, quizá si el tiempo me hacía olvidarme de Alex en caso de que al final no se cumplieran mis deseos
¿podía llegar a tener una relación con Martin?
La posibilidad existía… aunque en ese momento no lo sintiera así.
—Quizá…—fue la respuesta más sincera que pude darle.
—¿En serio? ¿Sí tengo una oportunidad? Quiero decir si te diera tiempo—me dijo con la esperanza reluciendo en sus ojos oscuros.
—Es posible, pero es muy poco probable, porque a estas alturas, ya estoy segura de que sí le gusto a Alex, aunque sea un poquito.
—Con que sea posible me basta, yo me hare cargo del resto. Además, tú le gustas a todos…—dijo con una sonrisa renovada en su rostro.
Puse los ojos en blanco. Este chico es imposible…
—Bueno, como quieras. Solo dime si seguirás ayudándome con el plan. Si decides no hacerlo debido a tu situación sentimental, lo entenderé
perfectamente.
—Por supuesto que te seguiré ayudando, recuerda que yo también tengo un plan en marcha—me dijo guiñándome un ojo.
—Perfecto—dije, entonces me di la vuelta para volver a la sala.
—¿Por qué tardaron tanto?—dijo Alex con cinismo cuando volvimos a la sala.
Alcancé a ver la cara de irritación de Helen ante el tono posesivo que empleaba Alex. Reprimí las ganas de sonreír.
—Pero si no hemos tardado ni cinco minutos—dije con tono inocente e inclinando la cabeza para verme tierna.
Él resopló, claramente molesto, y se acomodó en su asiento con los brazos cruzados sobre el pecho. Me reí bajito. Después me acomodé
de nuevo en los brazos de Martin.
Empecé a ver la película. Luego me percaté de que Alex me observaba, no porque lo hubiera visto, simplemente sentía su mirada,
así que me aproveche de este hecho me pegué más a Martin, quién al sentir como me pegaba, inclinó la cabeza, así que quedó pegando
su mejilla a la parte izquierda de mi frente, porque estaba más alto que yo.
Pude escuchar como la respiración de Alex se agitaba y sonreí.
Me sentía contrariada entre los brazos de Martin: cómoda, sobre todo porque mi plan estaba dando resultado y en parte porque hacía
muchísimo frío en la sala—miré a Rachel un momento, preocupada porque estuviera pasando frío, pero ella había llevado una chamarra.
Era más precavida que yo—e incómoda, porque estaba jugando con los sentimientos de un chico que posiblemente me quisiera.
Decidí concentrarme en la película, ya que estaríamos ahí las dos horas y media que duraba.
Se trataba de lo típico, una pareja de enamorados que tenía muchos obstáculos para estar juntos, pero al final hallaban soluciones a
sus problemas y vivían felices para siempre. Ojalá fuera tan fácil…
Al terminar la película me separe de Martin y me paré. Me sentía agarrotada, así que me estiré como si me hubiera acabado de despertar.
Todos los demás, es decir, Rachel, Alex, Martin y la zorra, hicieron lo mismo.
Salimos de la sala después de que se vaciara.
—Bueno, supongo que eso es todo—dijo Martin despidiéndose de Alex y Helen—, Nos vemos en la escuela.
—¿Se van juntos?—me preguntó Alex.
—Sip—le contesté.
—Es peligroso que os vayais caminando siendo tan tarde y vosotros solos—dijo preocupado.
—Alex, no eres mucho mayor que nosotros—le dijo Rachel alzando una ceja, creyendo que se refería a nuestra juventud cuando dijo
“vosotros solos”.
—Lo sé, pero estando ustedes solas con Martin, si algún subnormal intentara hacerles algo él no podría protegeros a las
dos—dijo alzando las cejas como si hubiera dicho algo muy importante.
—No nos iremos caminando—le dijo Martin.
—Los taxis son algo caros—dijo torciendo la boca contrariado. ¿A qué viene tanta preocupación?
—Tampoco nos vamos en taxi—le dije poniendo los ojos en blanco.
—Ya es tarde para un autobús…
—Alex, nos iremos en un coche—dijo Rachel, perdiendo la paciencia.
—¿Viene alguien a por vosotros?—preguntó confundido.
—No exactamente—le expliqué—, Martin tiene un cohe. —Y vaya coche... pensé.
Alex y Helen lo miraron con incredulidad.
—¿No tienes quince años?—preguntó ella.
—Sí, pero tengo un permiso especial—le respondió.
Lo miré alzando una ceja.
—No fue eso lo que dijiste hace un rato…—lo acusé.
—Solo me estaba haciendo el interesante—me dijo con una sonrisa burlona.
Entorné los ojos. Típico…
—En ese caso ¿podreis llevarnos?—preguntó Helen—Es que tenemos que estar en casa antes de las doce y son las once y media.
Martin me miró a modo de pregunta. Asentí a regañadientes. No tenía ganas de compartir mi oxígeno con esa zorra, así que mucho
menos un coche, pero no podía ser mal educada, al menos no enfrente de Alex.
—Claro—dijo Martin encogiéndose de hombros.
Nos encaminamos hacía el coche de Martin. Estaba helando afuera, así que me estremecí.
—¿Tienes frío?—me preguntó Martin, pero no espero respuesta, solo me rodeó con su brazo.
—Un poco—admití.
A Alex casi se le salen los ojos de las cuencas cuando vio el abrazo de Martin, después se quito la chaqueta.
—Toma, Sofi—se apresuró a decir Alex, dandome la chaqueta.
—Gracias—le dije mientras la tomaba y me la ponía, pero aún así, después de ponérmela, Martin me volvió a rodear con el brazo.
Pude ver como Alex, frustrado, rechinaba los dientes. Casi me reí.
Al llegar al coche de Martin, él desactivo la alarma con un botón de su control. Alex y Helen lo miraron con ojos muy abiertos por la sorpresa.
—¿Este es tu coche?—le preguntó la zorra, con voz sorprendida.
—Aja—se limitó a contestar Martin.
—¿Tienes un Mercedes?—le preguntó Alex en el mismo tono de voz de la zorra.
—Eso creo—le dijo Martin torciendo un poco la boca
—¿Y por qué nunca lo llevas a el instituto?—preguntó incrédulo Alex.
—Tengo mis razones—dijo mientras me miraba. Yo desvié la vista, avergonzada.
Abrió la puerta del copiloto e hizo el asiento para adelante, para que pudieran pasar Rachel, Alex y la zorra a la parte de atrás, luego hacía
delante para que me sentara.
Nadie hablo durante el trayecto a casa de Alex. Las únicas veces que se rompió el silencio fue para que Alex le indicara la dirección a Martin.
Cuando llegamos a su casa, me baje del coche para que pudieran salir él y Helen.
Una vez que los dejamos, comenzamos a charlar animadamente.
—¿Vieron la cara de Alex cuando se abrazaron de camino al parquing?—preguntó Rachel muerta de la risa por el recuerdo.
Me uní a sus risas, al igual Martin.
—A mi me encanto cuando abrazo a la zorra en el cine, pero se dio cuenta de que Martin me tocó la cara y nos reclamó que eso no era
una cita. Eso significa que a pesar de que abrazaba a la zorra, estaba al pendiente de mi—dije suspirando de pura autosuficiencia.
—La mejor parte de la noche, fue cuando abracé a Sofi en el cine, sin mencionar la cara que puso Alex.
—Esa también fue mi parte favorita—dijo Rachel—. La cara que puso fue más o menos así.
Entonces imitó la cara que había puesto Alex. Abrió mucho los ojos y la boca, haciendo que su ojo izquierdo se cerrara como en un tic
nervioso.
Martin y yo nos echamos a reír ante su imitación.
Así pasamos todo el camino. Recordando nuestras partes favoritas de la velada.
Al llegar a mi casa y bajar del coche, Rachel nos dejo solos a Martin y a mí.
—Creo que ahora sí, salgo sobrando—había dicho. La miré entrecerrando los ojos. Me las iba a pagar más tarde.
En cuanto nos quedamos solos se hizo un silencio incómodo.
—Bueno… supongo que nos vemos el lunes en el insti ¿no?—le dije a Martin, despidiéndome.
—O en el autobús ¿no?—dijo Martin sonriendo.
Entorné los ojos con media sonrisa. Era muy terco, pero en fin.
—Claro—le dije.
Luego se acerco a mí para darme lo que yo pensé que sería un beso en la mejilla, pero de pronto cambió la dirección en que iba su rostro y
me besó en los labios con fiereza, entreabriendo un poco la boca.
Me alejé lo más rápido que pude.
—¡Martin!—grité furiosa, luego le di una cachetada con toda la fuerza que pude invertirle a un golpe tan repentino.
Sonó horrible e incluso me dolió la mano.
—¡AAAhh…!—aulló de dolor.
—Nunca jamás vuelvas a hacer eso—le dije con ojos muy abiertos tanto por la sorpresa como por el enojo.
—Auch…—dijo mientras se tallaba la mejilla donde le había propinado la cachetada—Esta bien, te prometo que no te vuelvo a robar un beso.
—Perfecto—le contesté—, hasta el lunes—luego le cerré la puerta en las narices.
Me quedé recargada en la puerta, escuchándolo.
—La besé…—escuché que decía Martin a través de la puerta—¡Yupi! Auch…
hahahaha Después escuché como sus pasos se alejaban y luego el motor su carro.
Me toqué los labios. Ese había sido mi primer beso. No fue como esperaba que fuera… Suspiré, ya que yo hubiera querido que ese beso
me lo hubiera dado Alex.
Subí las escaleras y entré a mi cuarto. Rachel me esperaba acostada en la cama matrimonial que había en mi recamara.
Siempre dormíamos juntas a pesar de que había un cuarto para invitados.
—Creí escuchar gritos—dijo confundida, aunque más bien sonó como pregunta.
—Escuchaste bien—le dije algo molesta ante el recuerdo.
Alzó las cejas como diciendo “¿Qué pasó?”.
—Me besó—le dije bajito, pero no me escuchó.
—¿Qué?—dijo al tiempo que ponía una mano detrás de su oreja para acentuar la expresión.
—Me besó—le dije un poco más fuerte pero a regañadientes.
Se quedó con la boca abierta.
—¡NO!—dijo mientras una sonrisa se extendía por su rostro.
—¡SÍ!—le dije mientras entornaba los ojos molesta.
—Cuenta exactamente como fue—ordenó al tiempo que se acomodaba en la cama para sentarse sobre las sabanas con las
piernas cruzadas.
Le expliqué como me había robado el beso con todos los detalles que recordaba, aunque lo cierto es que no había demasiado que contar.
Todo fue muy rápido.
—No puede ser. ¿Cómo se atreve?—dijo mientras rompía a reír en carcajadas.
—Lo sé—le dije pero sin reírme. Estaba demasiado molesta como para encontrarle el chiste.
—Hay amiga, eres una suertuda—me dijo con un suspiro.
—¿Suertuda?—le pregunté con ojos muy abiertos y una ceja alzada.
—A mi me encantaría que un chico tan guapo como Martin me robara un beso—dijo mordiéndose el labio y abrazando a una almohada.
—Si te gustara alguien más, no te gustaría—le dije entrecerrando los ojos.
—Pues de hecho me gusta alguien más y aún así me gustaría—me dijo guiñándome un ojo.
—Eso es porque tu eres subnormal y yo no—le dije en tono burlón.
—¡Ja-ja-ja, mira quién habla!—me dijo pellizcando mi cachete como si fuera una niña pequeña.
Suspiré. Probablemente tenía razón. Yo era algo rarita, una que se llevaba bien con las personas pero en fin rarita. La mayoría de las veces
no era como todos los jóvenes, por lo general pensaba un poco diferente, pero aún así me llevaba bien con la gente.
Solo era cuestión de que aceptaran mi forma de pensar y yo siempre acepto todo tipo de opiniones.
—Bueno, ha sido un largo día—le dije a Rachel.
Ella bostezó.
—Si… Ya duérmete, alienígena—me dijo mientras se acomodaba en la cama.
—¿Le avisaste a mamá que llegamos?—le pregunté antes de irme a cambiar de ropa.
—Sip.
—OK, ya duérmete.

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