sábado, 24 de septiembre de 2011

Capitulo 28

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''EL SUEÑO''
Me desperté temprano en la mañana, aproximadamente a las ocho.
Me levanté y fui a ver si mi madre estaba en su cuarto.
Estaba dormida aún con la ropa de trabajo. Debía haber llegado tarde.
Fui al baño y de paso me observé el cuello en el espejo. Todo lo rojo había desaparecido.
Tomé un baño y lavé mis dientes. Me vestí así:
Decidí que era hora de lavar mi ropa, así que fui a mi habitación y tomé el bote de la ropa sucia,
luego me encamine hacía el cuarto de lavado y separe los colores claros de los oscuros.
Mientras esperaba a que saliera la primera carga de ropa fui a desayunar algo. Mamá bajo las
escaleras cuando yo estaba terminando mi comida.
—Hola, Sofi. ¿Cómo te fue ayer con lo del proyecto?—me preguntó mientras se preparaba un café.
—Ah… Bien, terminamos todo.
—Que bien. Por cierto, tu amigo Martin, es muy guapo—me dijo alzando las cejas mientras le daba
un trago a su café.
—Sip, trae a todas las chicas de la escuela locas, bueno, tambien Alex —le dije sonriendo.
Ella soltó una ligera y despreocupada carcajada.
—Cierto, ese Alex también es un guaperas.
Sonreí.
Me levanté de la mesa y dejé mi plato en el fregadero.
—Sofi ¿a ti que chico te gusta?—me preguntó repentinamente mi madre.
Me puse nerviosa, pero sabía disimular muy bien.
—Pues nadie por el momento—le mentí.
—¿Sabes? Me gusta como se ven juntos Martin y tú—dijo con la mirada perdida.
Me reí.
—¿Por qué?—le pregunté.
—Pues porque es un chico muy guapo y tú también lo eres. —me dijo
—Sofi, Sofi, Sofi. Desde pequeña te crees un patito feo y en realidad siempre has sido un cisne—me dijo mi mama suspirando.
—Eso es porque tu me ves con ojos de madre—le dije abrazándola.
—Claro—dijo con sarcasmo— Voy a terminar lo que tengo que hacer—le dije soltándola y regresando al patio.
Ella asintió y se sentó en la mesa para tomar su café.
Terminé de lavar cuando fueron las diez de la mañana y la tarea la había terminado desde ayer,
así que me quedé sin nada que hacer.
Mi madre se puso a lavar su ropa cuando yo terminé. Subí a mi cuarto y me acosté.
Desde hace unos días ya casi no utilizaba el ordenador, pero lo cierto es que no me interesaba,
por lo cual decidí ver la tele y relajarme un rato. También estaba el asunto de Martin, pero podía pensar
en él el domingo.
Llevaba un rato viendo la televisión cuando sonó el timbre.
Abrí la puerta y me sorprendió ver en frente de mí a Alex.
—Hola, Sofi—me dijo con una sonrisa.
—Hola, Alex. ¿Qué haces aquí?—le pregunté mientras revisaba a su alrededor para ver si no traía “compañía”.
—Helen no viene conmigo—dijo al ver que miraba hacía todos lados buscándola.
—Ah, OK—le dije.
—¿Puedo pasar?—me preguntó.
—Claro, adelante—le dije haciéndome a un lado para que pasara.
De repente vi a mi madre bajando las escaleras con urgencia y vestida con su uniforme del trabajo.
—¿Mamá?—le dije cuando tomó su bolsa—¿A dónde vas?
—Al trabajo. Hubo un problema con un formulario de profesores, así que me hablaron de urgencia para
que vaya a ayudar. Lo siento, voy a llegar tarde.
—No te preocupes. Por cierto, Alex está aquí—le dije señalando a mi amigo.
—Ah. Hola, Alex—dijo mi madre mientras se acercaba para besar su mejilla.
—Hola, Rebeca—le dijo él.
—Lamento no poder atenderte, pero tengo prisa. Bueno, nos vemos—dijo moviendo la mano mientras
salía de la casa y cerraba la puerta detrás de ella.
—Bueno y… ¿cuál es la razón de tu visita?—le pregunté otra vez alzando las cejas.
—Quiero hablar contigo sobre algo importante—me dijo mientras fruncía la boca con nerviosismo.
—Está bien—le dije y me senté en el sofá doble de mi sala.
Sentí una ligera sensación de deja vú cuando se acercó y se sentó junto a mí.
—¿Y de qué quieres hablar que sea tan urgente como para venir a mi casa?—le pregunté.
—Pues el asunto es que…—le temblaba la voz mientras se explicaba.
—Ya suéltalo…—le dije alzando una ceja con suspicacia.
—Es que es difícil para mí decir esto—dijo mirando hacía el suelo, evitando mi mirada.
—¿Decir qué?—pregunté confundida.
—Sofi, te quiero—dijo mirándome a los ojos repentinamente.
—¿Qué?—le dije con voz ahogada, como si me hubieran propinado un golpe en las costillas.
—Mira, yo se que quizá tú no sientes lo mismo pero no quiero que esto se interponga en nuestra
amistad ¿sí?—me dijo con la voz quebrada y nervioso.
—Pero ¿y Helen?—le pregunté con una sonrisa que se empezaba a extender por mi rostro.
—Terminé con ella ayer. No podía seguir ocultando lo que sentía.
—Alex ¿hablas en serio?—le dije rompiendo en sollozos.
—Sí, pero ¿por qué lloras?—me dijo mientras me abrazaba y quitaba las lagrimas de mi rostro.
—Porque es-toy tan fe-feliz—le dije casi sin poder hablar por mis sollozos.
—¿De verdad?—me dijo tomando mi cara entre sus manos—¿Eso quiere decir que tú también me
quieres?

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