CAPITULO 37 ''Eres la persona con la que quisiera casarme''
—Aunque suene muy cursi… en este momento siento… que eres la persona con la que quisiera casarme—me dijo viéndome a
los ojos, mientras estábamos a algunos pasos de la entrada del café.
Me eché a reír a pesar de la seriedad con la que lo dijo. Él esbozó media sonrisa.
los ojos, mientras estábamos a algunos pasos de la entrada del café.
Me eché a reír a pesar de la seriedad con la que lo dijo. Él esbozó media sonrisa.
—A todo vas demasiado rápido—le dije separándome de él y caminando hacía la entrada del café.
—Quizá—admitió—, pero al menos tengo oportunidad ¿no? A pesar de ir rápido.
—Debo admitir que… sí, la tienes, incluso más ahora que se que no eres solo una cara guapa y un cuerpo escultural—le dije de forma
divertida.
—Quizá—admitió—, pero al menos tengo oportunidad ¿no? A pesar de ir rápido.
—Debo admitir que… sí, la tienes, incluso más ahora que se que no eres solo una cara guapa y un cuerpo escultural—le dije de forma
divertida.
Se adelantó y abrió la puerta del café para que yo pasara.
—Gracias—le dije.
—Así que… a ti te gustan los cerebros ¿eh?—dijo con la mirada perdida una vez que estuvimos sentados uno frente al otro en una
de las mesas más alejadas de el resto de la gente.
—No tanto solo los cerebros—dije frunciendo la boca y después riendo—. También me gustan los chicos guapos, es decir, me gusta
que el físico también sea aceptable.
—Estas buscando alguien perfecto—me dijo riendo conmigo.
—O algo bastante cercano a la perfección—dije asintiendo.
—Por eso no te gusté como al resto de las chicas ¿verdad?—me dijo con ojos divertidos—Te hacía falta saber si tenía cerebro.
—Hm… Más que nada fue el modo en que llegaste a mí. O sea, te acababa de conocer y ya me estabas preguntando si tenía novio.
Ahora que conozco como piensas, te entiendo, pero en ese momento solo pensé que eras un engreído, un cabeza hueca… sin ofender.
—Gracias—le dije.
—Así que… a ti te gustan los cerebros ¿eh?—dijo con la mirada perdida una vez que estuvimos sentados uno frente al otro en una
de las mesas más alejadas de el resto de la gente.
—No tanto solo los cerebros—dije frunciendo la boca y después riendo—. También me gustan los chicos guapos, es decir, me gusta
que el físico también sea aceptable.
—Estas buscando alguien perfecto—me dijo riendo conmigo.
—O algo bastante cercano a la perfección—dije asintiendo.
—Por eso no te gusté como al resto de las chicas ¿verdad?—me dijo con ojos divertidos—Te hacía falta saber si tenía cerebro.
—Hm… Más que nada fue el modo en que llegaste a mí. O sea, te acababa de conocer y ya me estabas preguntando si tenía novio.
Ahora que conozco como piensas, te entiendo, pero en ese momento solo pensé que eras un engreído, un cabeza hueca… sin ofender.
Él se echó a reír.
—Puede que sí sea un poquito engreído—dijo sonriendo como a modo de disculpa—. Pero es que ninguna chica me había rechazado
en toda mi vida. Obviamente no pensé que tú serías la excepción a la regla.
—Yo debería ser la regla y no la excepción—le dije poniendo mi mano en mi frente y negando con la cabeza como gesto de
reprobación—. ¿Cómo pueden las chicas ser tan… manipulables por el físico de un chico?
—¿Tú no eres así para nada?—me preguntó alzando una ceja de forma provocativa y tocando mi mano, que descansaba sobre la mesa.
Sentí el cosquilleo eléctrico que corría a través de nuestra piel tocándose.
—Lo mío no es por el físico—le dije sin retirar la mano.
—Y ¿por qué es entonces?—me preguntó frunciendo el ceño.
—Sinceramente, no tengo ni idea. Solo sé que siento un cosquilleo eléctrico cada vez que me tocas—admití ruborizándome y desviando
la mirada—. ¿Tú no lo sientes?
—Sí lo siento, recuerda que hace tiempo ya lo había mencionado—susurró—; pero yo sí se por qué lo sentimos.
—Puede que sí sea un poquito engreído—dijo sonriendo como a modo de disculpa—. Pero es que ninguna chica me había rechazado
en toda mi vida. Obviamente no pensé que tú serías la excepción a la regla.
—Yo debería ser la regla y no la excepción—le dije poniendo mi mano en mi frente y negando con la cabeza como gesto de
reprobación—. ¿Cómo pueden las chicas ser tan… manipulables por el físico de un chico?
—¿Tú no eres así para nada?—me preguntó alzando una ceja de forma provocativa y tocando mi mano, que descansaba sobre la mesa.
Sentí el cosquilleo eléctrico que corría a través de nuestra piel tocándose.
—Lo mío no es por el físico—le dije sin retirar la mano.
—Y ¿por qué es entonces?—me preguntó frunciendo el ceño.
—Sinceramente, no tengo ni idea. Solo sé que siento un cosquilleo eléctrico cada vez que me tocas—admití ruborizándome y desviando
la mirada—. ¿Tú no lo sientes?
—Sí lo siento, recuerda que hace tiempo ya lo había mencionado—susurró—; pero yo sí se por qué lo sentimos.
Lo miré de repente. Estaba con la vista clavada en nuestras manos.
—¿Por qué?
—Porque te gusto más de lo que tu misma crees—me dijo mirando mis ojos y sonriendo, pero con seriedad.
—Yo creo que tú, más bien, tienes un poder con el cuál haces que yo sienta lo que tú quieres que sienta—dije riéndome, pero retirando
mi mano.
—Sí, claro—dijo con divertido sarcasmo—. Si así fuera ya habría hecho que te enamoraras de mí.
—¿Puedo tomar su orden?—preguntó el mesero de repente.
—Yo quiero un capuchino y un baguette—dijo Martin y después me miró.
—Yo un frappé y… pie de limón—le dije mientras revisaba la carta rápidamente.
—En seguida traigo su orden—dijo sonriéndome.
—Porque te gusto más de lo que tu misma crees—me dijo mirando mis ojos y sonriendo, pero con seriedad.
—Yo creo que tú, más bien, tienes un poder con el cuál haces que yo sienta lo que tú quieres que sienta—dije riéndome, pero retirando
mi mano.
—Sí, claro—dijo con divertido sarcasmo—. Si así fuera ya habría hecho que te enamoraras de mí.
—¿Puedo tomar su orden?—preguntó el mesero de repente.
—Yo quiero un capuchino y un baguette—dijo Martin y después me miró.
—Yo un frappé y… pie de limón—le dije mientras revisaba la carta rápidamente.
—En seguida traigo su orden—dijo sonriéndome.
Asentí, devolviéndole la sonrisa amablemente.
—Bueno, cuéntame más sobre como ves las cosas—le dije a Martin, recordándole porque estábamos ahí.
—¿Por qué quieres saberlo?—me preguntó intrigado.
—Es que me gusta la gente diferente—dije encogiéndome de hombros.
—Y mi forma de pensar es… ¿diferente?—dijo frunciendo el entrecejo.
—Sip. Por eso es que ahora me caes un poquito mejor que antes—le dije guiñándole un ojo.
—A veces no te entiendo—me dijo con una sonrisa asombrada.
—¿No me entiendes?—le pregunté confundida—¿Cómo?
—Es solo que me confundes, Sofia Garcia—me dijo recargando su mentón sobre su mano.
—Ahora yo no entiendo…
—Es que, a veces pareces ser tan rígida y luego, repentinamente cambias y te vuelves tan dulce y tierna conmigo, y después vuelves
a ser seria. Me hipnotizas—me dijo encogiendo sus hombros y cerrando los ojos como si fuera algo muy obvio—. Eres interesante.
—Eres el único que piensa eso—le dije suspirando.
—Claro, pero es porque soy el único que no se dejó intimidar por tus ojitos aterradores—dijo riéndose—. Ya en serio, aún así no creo
ser él único que piense eso.
—Más bien tú eres él único lo suficientemente tonto como para creer eso—le dije con media sonrisa.
—Si así es, entonces me gusta ser tonto.
—Y sigues siendo tonto—le dije entornando los ojos.
—¿Por qué quieres saberlo?—me preguntó intrigado.
—Es que me gusta la gente diferente—dije encogiéndome de hombros.
—Y mi forma de pensar es… ¿diferente?—dijo frunciendo el entrecejo.
—Sip. Por eso es que ahora me caes un poquito mejor que antes—le dije guiñándole un ojo.
—A veces no te entiendo—me dijo con una sonrisa asombrada.
—¿No me entiendes?—le pregunté confundida—¿Cómo?
—Es solo que me confundes, Sofia Garcia—me dijo recargando su mentón sobre su mano.
—Ahora yo no entiendo…
—Es que, a veces pareces ser tan rígida y luego, repentinamente cambias y te vuelves tan dulce y tierna conmigo, y después vuelves
a ser seria. Me hipnotizas—me dijo encogiendo sus hombros y cerrando los ojos como si fuera algo muy obvio—. Eres interesante.
—Eres el único que piensa eso—le dije suspirando.
—Claro, pero es porque soy el único que no se dejó intimidar por tus ojitos aterradores—dijo riéndose—. Ya en serio, aún así no creo
ser él único que piense eso.
—Más bien tú eres él único lo suficientemente tonto como para creer eso—le dije con media sonrisa.
—Si así es, entonces me gusta ser tonto.
—Y sigues siendo tonto—le dije entornando los ojos.
Paso un largo rato, & yo seguia pensando, me undí en mis pensamientos & no me di cuenta de que Martin me estaba hablando.
—.. y entonces aproveché que estaba como una cuba y fui directo a ella, pensaba llevármela a mi casa... Qué buena estaba.
Salimos del pub y fuimos a mi casa. Acto seguido le arranqué el vestido, mientras la besaba, y pasó...
¡No sabía desabrochar su sujetador! Por lo que fui a la cocina a por unas tijeras y... —dijo Martin antes de que le interrumpiera
—¡¡¡¡¡QUUUEEE!!!!!—grite, tan alto, que todas las personas voltearon a verme
—JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJJAAJAJAJ—Se descojonaba él
—Explicame el chiste—dije verdaderamente enfadada & lanzadole una mirada asesina
—Te tendrías que haber jajajaja visto la jajajajaja la cara! —dijo Martin, entrecerre los ojos— lo siento, pero no me hacias caso,
& dije lo primero que me vino a la mente x)
—Seras inutil —dije intentando no reirme, pero fue fallido, estalle en una gran carcajada
Salimos del pub y fuimos a mi casa. Acto seguido le arranqué el vestido, mientras la besaba, y pasó...
¡No sabía desabrochar su sujetador! Por lo que fui a la cocina a por unas tijeras y... —dijo Martin antes de que le interrumpiera
—¡¡¡¡¡QUUUEEE!!!!!—grite, tan alto, que todas las personas voltearon a verme
—JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJJAAJAJAJ—Se descojonaba él
—Explicame el chiste—dije verdaderamente enfadada & lanzadole una mirada asesina
—Te tendrías que haber jajajaja visto la jajajajaja la cara! —dijo Martin, entrecerre los ojos— lo siento, pero no me hacias caso,
& dije lo primero que me vino a la mente x)
—Seras inutil —dije intentando no reirme, pero fue fallido, estalle en una gran carcajada
Nos echamos a reír juntos y después llegó el mesero con nuestra comida. Seguimos cenando y conversando sobre algunas cosas serias,
otras tonterías. Más tonterías que cosas serias…
Terminamos la cena y Martin pagó la cuenta, a pesar de que quise pagar mi parte.
otras tonterías. Más tonterías que cosas serias…
Terminamos la cena y Martin pagó la cuenta, a pesar de que quise pagar mi parte.
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