sábado, 8 de octubre de 2011

Capitulo 40

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CAPITULO 40 ''Jugar luchitas''
Me reí con él mientras negaba con la cabeza.
—No, no, no. Nada de eso, demasiado por hoy—le dije quitándomelo de encima, pero besando su cuello a la vez…
—Solo una luchita diminuta—suplicó en broma.
—Luchita de labios ¿sí?—le dije sonriente.
—Sí—dijo besándome apasionadamente. Sentía mariposas cada vez que me besaba de esa manera… bueno, más bien cada vez
que me besaba y punto.
—Ya—dije cuando empezamos a jadear.
—Bueno…—dijo rindiéndose.
Salimos de abajo de la cama silenciosamente.
—¿Dónde están las llaves?—le pregunté una vez que verifiqué que yo no las tenía.
—Las tengo yo—dijo metiendo la mano al bolsillo trasero de su pantalón.
Sonreí.
—Permíteme—le dije metiendo la mano en su bolsillo. Él sonrió y me abrazó mientras yo hacía mis cochinadas.
Al salir del cuarto cerré la puerta con sigilo. Bajamos las escaleras tomados de la mano y salimos de la casa. Suspiré de alivio.
—Ahora sí, hasta la vista—le dije, dándole un beso rápido en los labios.
—Espera, nena—me dijo abrazándome para no dejarme ir—. ¿Podemos vernos mañana? No creo poder aguantar hasta el lunes.
—Hm… Déjame pensarlo…—le dije con expresión seria y luego sonreí—. Claro que sí.
—Perfecto, entonces paso por ti mañana a las ocho de la mañana—dijo con entusiasmo—. ¿O es muy temprano?
—No, yo tampoco quiero perderme un segundo—dije recargando mi mejilla en su pecho. Sentí como besaba mi pelo.
—Te amo tanto—me dijo con un suspiro.
—Lo sé—le dije cerrando los ojos—. Ya, suficiente. Nos vemos mañana. Te quiero.
—OK. Yo también te quiero. Nos vemos—esperó a que cerrara la puerta para irse.
Me quedé escuchando sus pasos mientras se alejaba hacía su coche y después como se alejaba el silencioso rugido del motor.
Me recargué en la puerta y me dejé caer hasta el suelo, como hacía cuando casi no me creía lo que me pasaba.
Suspiré y me descubrí sonriendo a mí misma.
Estaba feliz.
Me levanté y subí al cuarto de mi madre, pero luego recordé lo que había pasado la última vez que nos… ejem… habíamos besado… y
que mi cuello había quedado rojo a más no poder, así que fui al baño antes y me eché una ojeada.
No me veía rara, solo exageradamente despeinada y ruborizada, así que me eché algo de agua en la cara y me cepillé un poco el cabello.
—Ya estoy en casa, mamá—le dije al abrir la puerta de su cuarto.
—Sofi ¿Qué hora es esta de llegar?—me dijo un poco molesta.
—Lo siento—le dije sonriendo a modo de disculpa—. Es que perdimos el sentido del tiempo, ya sabes, hablando y todo eso.
—Podrías haber llamado.
—Sí, pero ya me conoces, casi nunca me llevo el movil.
—Por eso mismo ni siquiera intenté llamarte—dijo negando con la cabeza y después suspiró—. En fin, ya estás aquí. Ya vete a dormir.
—Hm… espera, es que hay algo que quiero preguntarte antes—le dije.
—¿Aja?
—Solo es… ¿si te parece bien si mañana salgo con mi amigo…?
—¿De nuevo Martin?—preguntó frunciendo el ceño.
—Sip.
—¿A que hora?
—A las ocho de la mañana—dije tratando de casi no darle importancia al asunto.
—¿A las ocho?—preguntó abriendo mucho los ojos—¿Qué harán tan temprano?
Jugar luchitas… JAJAJAJA.
—Me invitó a desayunar y en su casa lo hacen temprano.
—Ah… Que amable. Está bien. ¿Cuánto tiempo estarás allí?
—No lo sé… Probablemente mucho.
—Si quieres invítalo a comer.
—Está bien. Bueno, ahora sí me voy a dormir.
—Qué descanses, amor.
—Igual, mamá…
A la mañana siguiente me desperté a las seis para que me diera tiempo de todo.
Me puse esto:
Pincha aquí para ver esta foto.
Después me cepille mi cabello y me lavé los dientes. Observé el reloj de mi habitación, eran las siete
y Martin acostumbraba llegar siempre una hora antes de lo que había dicho. Miré el cielo a través de
la ventana de mi cuarto mientras esperaba, estaba oscuro porque aún estaba el horario de verano.
El timbre sonó a las siete con cinco minutos.
Bajé corriendo. Estaba ansiosa.
Abrí la puerta con una sonrisa en el rostro.
—Hola, nena—me dijo Martin, con los brazos extendidos, listo para darme un abrazo.
—¡Martin!—dije entusiasmada mientras me lanzaba a sus brazos y lo besaba con ternura.
Me devolvió el beso, pero con más intensidad y alargándolo considerablemente.
—Soñé contigo—me dijo cuando dejamos de besarnos.
—¿Qué soñaste?—le pregunté, sonriendo con curiosidad

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