Capitulo 45: '' ¿Que vamos a hacer con Alex? ''
—Creo que es… el lugar que utilizamos para pensar. Se está muy tranquilo aquí.
—Lo noto—le dije en voz baja, para no romper el silencio.
—¿Salimos?—me preguntó acercándose a las puertas de vidrio que estaban en el extremo de la estancia.
—Lo noto—le dije en voz baja, para no romper el silencio.
—¿Salimos?—me preguntó acercándose a las puertas de vidrio que estaban en el extremo de la estancia.
Me acerqué a él y tomé la mano que tenía extendida hacía mí, entonces salimos caminando.
Lo que había afuera era un lugar enorme, con árboles que creaban sombra y frescura, flores creciendo por doquier y lleno de pasto.
—¿Esto es parte de tu casa?—le pregunté con ojos muy abiertos.
—Sí, la mansión ocupa el espacio de toda la manzana, y la mitad de todo es esto—dijo extendiendo el brazo hacía el vasto espacio que
se extendía ante nosotros.
—Wow—fue todo lo que dije.
Lo que había afuera era un lugar enorme, con árboles que creaban sombra y frescura, flores creciendo por doquier y lleno de pasto.
—¿Esto es parte de tu casa?—le pregunté con ojos muy abiertos.
—Sí, la mansión ocupa el espacio de toda la manzana, y la mitad de todo es esto—dijo extendiendo el brazo hacía el vasto espacio que
se extendía ante nosotros.
—Wow—fue todo lo que dije.
Me llevó a través de los árboles, hasta llegar a un banco metálico y de color blanco, que se encontraba cerca de una de las paredes que
delimitaban la mansión. Nos sentamos ahí.
La brisa que soplaba, era el antídoto perfecto contra el calor. Era otoño, por lo cual las hojas de los árboles ya empezaban a amarillear
y a caer.
delimitaban la mansión. Nos sentamos ahí.
La brisa que soplaba, era el antídoto perfecto contra el calor. Era otoño, por lo cual las hojas de los árboles ya empezaban a amarillear
y a caer.
—¿Crees que esto dure mucho?—le pregunté recostada sobre sus piernas.
—Durará por siempre—me respondió en un suspiro, acariciando mi rostro.
—Nada es para siempre—le dije con melancolía.
—Esto sí lo será—me dijo acercándose para besarme con suavidad.
—Durará por siempre—me respondió en un suspiro, acariciando mi rostro.
—Nada es para siempre—le dije con melancolía.
—Esto sí lo será—me dijo acercándose para besarme con suavidad.
Me preocupaba pensar en el futuro. ¿Qué nos depararía el destino?
Me gustaban las cosas como estaban. Si en mis manos hubiera estado el tiempo, lo habría congelado todo en ese instante, en el preciso
momento en el que el roce de sus labios contra los míos hacia revolotear mi estomago con emoción.
Me gustaban las cosas como estaban. Si en mis manos hubiera estado el tiempo, lo habría congelado todo en ese instante, en el preciso
momento en el que el roce de sus labios contra los míos hacia revolotear mi estomago con emoción.
—Te quiero—le dije cuando dejamos de besarnos.
—Te amo—me respondió.
—Te amo—me respondió.
Suspiré. Amor… yo casi lo amaba, pero aún quería a Alex.
Me pregunté si no se trataría solo de un capricho mío… ¿cuál era la razón para que no pudiera aún olvidarlo?
Tenía que dejarlo ir pronto, y no sería fácil, pero lo iba a conseguir. Iba a luchar por lo que Martin y yo teníamos juntos. Era casi como magia… ni siquiera casi, lo era.
Lo que Martin y yo estábamos viviendo, era una historia digna de contar a mis hijos, y quizá a mis nietos. De devolverles la fe en el amor cuando se enamoraran perdidamente alguien y fueran no correspondidos, de decirles que siempre se puede salir adelante, como lo había hecho poco a poco yo…
Siempre habrá alguien que te ame y no solo tus padres.
Me pregunté si no se trataría solo de un capricho mío… ¿cuál era la razón para que no pudiera aún olvidarlo?
Tenía que dejarlo ir pronto, y no sería fácil, pero lo iba a conseguir. Iba a luchar por lo que Martin y yo teníamos juntos. Era casi como magia… ni siquiera casi, lo era.
Lo que Martin y yo estábamos viviendo, era una historia digna de contar a mis hijos, y quizá a mis nietos. De devolverles la fe en el amor cuando se enamoraran perdidamente alguien y fueran no correspondidos, de decirles que siempre se puede salir adelante, como lo había hecho poco a poco yo…
Siempre habrá alguien que te ame y no solo tus padres.
—Tenemos que pensar un poco—le dije a Martin, recordando uno de los puntos importantes que teníamos que arreglar en muy poco tiempo.
—¿Pensar?—me preguntó confundido.
—¿Qué vamos a hacer con Alex?—le pregunté.
—Ah…
—Si se enoja demasiado podría hacerte daño—dije tocando su rostro preocupada—. Hay que decírselo con delicadeza.
Sonrió, complacido ante mi aprensión.
—Me encanta cuando te preocupas por mi—dijo acercándose, rozando su nariz con la mía en ademán juguetón y tomando la mano que
tenía en su rostro.
—¿Pensar?—me preguntó confundido.
—¿Qué vamos a hacer con Alex?—le pregunté.
—Ah…
—Si se enoja demasiado podría hacerte daño—dije tocando su rostro preocupada—. Hay que decírselo con delicadeza.
Sonrió, complacido ante mi aprensión.
—Me encanta cuando te preocupas por mi—dijo acercándose, rozando su nariz con la mía en ademán juguetón y tomando la mano que
tenía en su rostro.
Sonreí, pero me concentré. No quería ocasionar una pelea entre ellos.
¿De qué lado me pondría? Es decir, Martin era mi novio, pero Alex era mi mejor amigo… sin mencionar que lo amaba.
¿Qué iba a hacer?
¿De qué lado me pondría? Es decir, Martin era mi novio, pero Alex era mi mejor amigo… sin mencionar que lo amaba.
¿Qué iba a hacer?
—¿Y si guardamos el secreto?—le pregunté con la mirada perdida.
Era cobarde, pero al menos era una opción.
—No creo que esa sea una muy buena idea—me dijo frunciendo la boca—. Piénsalo, ya sabemos que le gustas porque es más que obvio,
no va a terminar con Helen, pero seguro si no sabe lo que tenemos, posiblemente se va a poner nervioso al ver nuestra cercanía… y va a
terminar haciendo tonterías.
Fruncí la boca. Tampoco quería que Alex se quedara sin alguien a quien amar, mucho menos ahora, sabiendo que si lo hacía, yo no podría
corresponderle, ya no…
Era cobarde, pero al menos era una opción.
—No creo que esa sea una muy buena idea—me dijo frunciendo la boca—. Piénsalo, ya sabemos que le gustas porque es más que obvio,
no va a terminar con Helen, pero seguro si no sabe lo que tenemos, posiblemente se va a poner nervioso al ver nuestra cercanía… y va a
terminar haciendo tonterías.
Fruncí la boca. Tampoco quería que Alex se quedara sin alguien a quien amar, mucho menos ahora, sabiendo que si lo hacía, yo no podría
corresponderle, ya no…
—Mira, la escuela queda descartada, recuerda el show de la vez pasada, así que no lo haremos ahí y nos expondremos a una pelea, que
posiblemente tenga malas consecuencias—le dije con preocupación.
—Estoy de acuerdo—dijo Martin asintiendo—. ¿Y si hacemos que alguien se lo diga? Así como si fuera por casualidad…
—Eso le dolería—dije frunciendo la boca—, se sentiría traicionado.
—Deja que se lo diga yo, a la salida—me dijo pensativo—.Lo haré con mucho tacto.
—No, ni loca. ¿Crees que te dejaré solo para que tenga la oportunidad de herirte si se enoja? Si en algo conozco a Alex es que, cuando se
enoja, se enoja de verdad—dije alzando las cejas. Y levantándome de sus piernas para sentarme correctamente.
—Esto es un lío—dijo entrecerrando los ojos pensativo.
—Lo haré yo—dije finalmente, suspirando—. Mañana iré a visitarlo a su casa. Será mejor si es antes del lunes, o quizá pueda arrepentirme.
posiblemente tenga malas consecuencias—le dije con preocupación.
—Estoy de acuerdo—dijo Martin asintiendo—. ¿Y si hacemos que alguien se lo diga? Así como si fuera por casualidad…
—Eso le dolería—dije frunciendo la boca—, se sentiría traicionado.
—Deja que se lo diga yo, a la salida—me dijo pensativo—.Lo haré con mucho tacto.
—No, ni loca. ¿Crees que te dejaré solo para que tenga la oportunidad de herirte si se enoja? Si en algo conozco a Alex es que, cuando se
enoja, se enoja de verdad—dije alzando las cejas. Y levantándome de sus piernas para sentarme correctamente.
—Esto es un lío—dijo entrecerrando los ojos pensativo.
—Lo haré yo—dije finalmente, suspirando—. Mañana iré a visitarlo a su casa. Será mejor si es antes del lunes, o quizá pueda arrepentirme.
Yo era una cobarde, y era mejor si no me daba tiempo a mi misma de arrepentirme.
—No quiero que vayas tú sola—me dijo Martin tomando mi mano, preocupado.
—Me encanta cuando te preocupas por mí—le dije sonriendo y besando sus labios.
—Es en serio—me dijo cuando dejamos de besarnos—. No quiero que te lastime.
—Precisamente porque sé que a mí jamás me haría daño alguno, iré yo. Conmigo es tan inofensivo como un gatito enojado—dije con media
sonrisa.
—¿Me juras que no te pasará nada?—me preguntó después de un largo rato de haberlo pensado.
—Te lo prometo. Alex es incapaz de hacerle daño a una mujer—le dije un poco más segura.
—Me encanta cuando te preocupas por mí—le dije sonriendo y besando sus labios.
—Es en serio—me dijo cuando dejamos de besarnos—. No quiero que te lastime.
—Precisamente porque sé que a mí jamás me haría daño alguno, iré yo. Conmigo es tan inofensivo como un gatito enojado—dije con media
sonrisa.
—¿Me juras que no te pasará nada?—me preguntó después de un largo rato de haberlo pensado.
—Te lo prometo. Alex es incapaz de hacerle daño a una mujer—le dije un poco más segura.
Lo único que me preocupaba era si se enfadaria mucho conmigo; solo podía ser muy hiriente con sus palabras.
Lo sabía porque lo conocía realmente enojado, pero jamás conmigo. Trague saliva ante el miedo y el nerviosismo.
Lo sabía porque lo conocía realmente enojado, pero jamás conmigo. Trague saliva ante el miedo y el nerviosismo.
—Estaremos bien—dijo Martin con la mirada perdida.
Asentí. Me hubiera gustado haber podido saber que era lo que estaba pensando realmente.
Me senté en el pasto y, al ver que me bajaba del asiento, Martin lo hizo conmigo. Me acosté en sus piernas, como solía hacerlo en los
recesos, y miré las nubes, pensando en que diría Alex mientras Martin pasaba los dedos entre mi cabello. No sería nada bueno.
Sería uno de los peores días de mi vida, de eso si estaba cien por ciento segura.
Me senté en el pasto y, al ver que me bajaba del asiento, Martin lo hizo conmigo. Me acosté en sus piernas, como solía hacerlo en los
recesos, y miré las nubes, pensando en que diría Alex mientras Martin pasaba los dedos entre mi cabello. No sería nada bueno.
Sería uno de los peores días de mi vida, de eso si estaba cien por ciento segura.
—¿Cuál es tú color favorito?—me preguntó Martin repentinamente.
—El rojo—le respondí automáticamente—¿Por qué?
—Ese es el mío también—contestó.
Me eché a reír.
—Empiezo a creer que tú y yo somos bastante parecidos—le dije jugando con su mano.
—Me parece que sí, y bastante de verdad—nos interrumpió la voz de su hermana que se acercaba—. Párense, ya es hora de ir a desayunar.
—Ya voy—dije mientras me levantaba. Martin me empujo desde la cintura para ayudarme. Era bastante fuerte—.Gracias.
—El rojo—le respondí automáticamente—¿Por qué?
—Ese es el mío también—contestó.
Me eché a reír.
—Empiezo a creer que tú y yo somos bastante parecidos—le dije jugando con su mano.
—Me parece que sí, y bastante de verdad—nos interrumpió la voz de su hermana que se acercaba—. Párense, ya es hora de ir a desayunar.
—Ya voy—dije mientras me levantaba. Martin me empujo desde la cintura para ayudarme. Era bastante fuerte—.Gracias.
Le di la mano para ayudarlo a levantarse.
—Haces ejercicio ¿verdad?—le pregunté.
—Hay un gimnasio en el tercer piso—dijo encogiéndose de hombros.
—Lo supuse—dije asintiendo.
—¿Por qué?—preguntó con curiosidad.
—No estás tan escuálido que digamos—le dije con media sonrisa.
—Ah—dijo riendo y mostrando uno de sus bíceps.
—Hay un gimnasio en el tercer piso—dijo encogiéndose de hombros.
—Lo supuse—dije asintiendo.
—¿Por qué?—preguntó con curiosidad.
—No estás tan escuálido que digamos—le dije con media sonrisa.
—Ah—dijo riendo y mostrando uno de sus bíceps.
La verdad es que era delgado, pero no estaba como palo. Se veía muy bien, para ser sincera.
—Presumido—dije entornando los ojos, después le di la espalda y seguí a su hermana.
—Así que… son exactamente de la misma edad… ¿eh?—me preguntó.
Asentí.
—Qué curioso—dijo ella con la mirada perdida.
—Sip—dije yo.
—Presumido—dije entornando los ojos, después le di la espalda y seguí a su hermana.
—Así que… son exactamente de la misma edad… ¿eh?—me preguntó.
Asentí.
—Qué curioso—dijo ella con la mirada perdida.
—Sip—dije yo.
Caminamos a través del pasillo para regresar a la sala y una vez que estuvimos ahí seguimos caminando, tomando otro de los pasillos.
De verdad, esa casa era enorme…
El pasillo por el que pasamos tenía ventanas que daban hacía la parte frontal de la casa y que iluminaban con luz natural, y además había
otros cuatro pasillos por los que se llegaba a través de ese, que parecía el principal.
Finalmente llegamos a un quinto pasillo, aunque el principal continuaba hacia adelante hasta una puerta doble enorme, que se podía ver
desde donde estábamos.
De verdad, esa casa era enorme…
El pasillo por el que pasamos tenía ventanas que daban hacía la parte frontal de la casa y que iluminaban con luz natural, y además había
otros cuatro pasillos por los que se llegaba a través de ese, que parecía el principal.
Finalmente llegamos a un quinto pasillo, aunque el principal continuaba hacia adelante hasta una puerta doble enorme, que se podía ver
desde donde estábamos.
—¿Qué es allá?—le pregunté a Martin, señalando la puerta doble en la que terminaba el enorme pasillo.
—Ahí hay unas escaleras especiales—me dijo entrecerrando los ojos pensativo—. Llevan al sótano.
—¿Al sótano?—pregunté confundida.
—Es algo extraño—dijo frunciendo la boca—. Es ahí donde guardamos algo así como la historia de la familia.
—Ahí hay unas escaleras especiales—me dijo entrecerrando los ojos pensativo—. Llevan al sótano.
—¿Al sótano?—pregunté confundida.
—Es algo extraño—dijo frunciendo la boca—. Es ahí donde guardamos algo así como la historia de la familia.
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