Capitulo 42 ''¿Que ocurre, nena? ''
—¿Qué ocurre, nena?—preguntó Martin, saliendo del nudo en que habíamos convertido el edredón.
Lo miré avergonzada y le señalé a la mujer. Volteó el torso para verla, ya que estaba sentada sobre él, y cuando la miró se le abrieron
los ojos de golpe, poniendo la misma expresión que ella tenía.
Lo miré avergonzada y le señalé a la mujer. Volteó el torso para verla, ya que estaba sentada sobre él, y cuando la miró se le abrieron
los ojos de golpe, poniendo la misma expresión que ella tenía.
—¿Tú?—preguntó Martin, más sorprendido que avergonzado—¿Qué haces aquí?
—¿Yo? Más bien ¿qué hace ella aquí?—inquirió frunciendo el entrecejo y señalándome con el dedo índice. Me ruboricé.
—Ella es mí novia—dijo de manera posesiva.
—¿Desde cuándo tienes novia formal?—preguntó confundida.
—Ella es la primera, y la única. Me enamoré—dijo sonriéndole y después mirándome.
La chica se echó a reír.
—¿Tú? ¿Enamorado?—se burló—Sí, claro.
Martin la miró con irritación.
—Es a la única que he amado en toda mi vida—dijo con seriedad.
—¿Yo? Más bien ¿qué hace ella aquí?—inquirió frunciendo el entrecejo y señalándome con el dedo índice. Me ruboricé.
—Ella es mí novia—dijo de manera posesiva.
—¿Desde cuándo tienes novia formal?—preguntó confundida.
—Ella es la primera, y la única. Me enamoré—dijo sonriéndole y después mirándome.
La chica se echó a reír.
—¿Tú? ¿Enamorado?—se burló—Sí, claro.
Martin la miró con irritación.
—Es a la única que he amado en toda mi vida—dijo con seriedad.
Ella lo miró un momento y repentinamente se puso seria.
—Oh por Dios, dices la verdad—dijo tapando su boca, sorprendida—. ¿Así que tú eres la que por fin le robó el corazón?
Me miraron ambos, ella sorprendida y él satisfecho.
[ACLARACION: la hermana de Martin, la llamaremos Sofia, & YO sere Sofi, para que no os confundais]
—Hola, soy Sofía Garcia—le dije mientras extendía mi mano sin saber que hacer realmente—. Me puedes llamar Sofi. Un placer conocerte.
—Yo soy Sofía Hogan—dijo ella estrechando mi mano—me puedes llamar Sofia x), encantada de conocer, por fin, a mi cuñada real.
—¿Real?—pregunté confundida.
—Este chico es popular, pero jamás estuvo interesado en nadie. Sé que te ama porque reconozco cuando dice la verdad.
Cosas de hermanos—explicó, aunque la verdad me confundió más. Decidí mejor no entrometerme.
—Ah… Hm… ¿Así que son hermanos?—le pregunté a Martin alzando las cejas—¿Ella es quien estudia en Oxford?
—La misma—me respondió él, asintiendo una vez.
—Ah…—fue todo lo que dije.
—Bueno… Hm… No es por incomodarlos ni nada de eso, pero… ¿qué hacían dando vueltas en la cama?—preguntó con cara
divertida—No me malentiendan, es solo que llevo aquí un rato…
—Yo soy Sofía Hogan—dijo ella estrechando mi mano—me puedes llamar Sofia x), encantada de conocer, por fin, a mi cuñada real.
—¿Real?—pregunté confundida.
—Este chico es popular, pero jamás estuvo interesado en nadie. Sé que te ama porque reconozco cuando dice la verdad.
Cosas de hermanos—explicó, aunque la verdad me confundió más. Decidí mejor no entrometerme.
—Ah… Hm… ¿Así que son hermanos?—le pregunté a Martin alzando las cejas—¿Ella es quien estudia en Oxford?
—La misma—me respondió él, asintiendo una vez.
—Ah…—fue todo lo que dije.
—Bueno… Hm… No es por incomodarlos ni nada de eso, pero… ¿qué hacían dando vueltas en la cama?—preguntó con cara
divertida—No me malentiendan, es solo que llevo aquí un rato…
Me reí con nerviosismo y escondí mi rostro en el pecho de Martin. Martin también empezó a reírse de la misma manera en que yo lo
estaba haciendo.
—Exactamente… ¿cuánto tiempo llevas aquí?—preguntó él.
—Aproximadamente… veinte minutos; lo suficiente para haber visto como se revolcaban en la cama hasta que se cayeron, aunque hasta
que no salió Sofi de ahí, pensé que solo eras tú con una almohada—dijo Sofía, conteniendo una sonrisa.
—No es lo que piensas…—me apresuré a decir—nosotros solo estábamos… eh… Je-je… pues verás, es muy chistoso porque nosotros
solo estábamos…
—¿Besuqueándose y toqueteándose… haciendo cosas pervertidas?—preguntó ella viéndose las uñas como si no le importara.
estaba haciendo.
—Exactamente… ¿cuánto tiempo llevas aquí?—preguntó él.
—Aproximadamente… veinte minutos; lo suficiente para haber visto como se revolcaban en la cama hasta que se cayeron, aunque hasta
que no salió Sofi de ahí, pensé que solo eras tú con una almohada—dijo Sofía, conteniendo una sonrisa.
—No es lo que piensas…—me apresuré a decir—nosotros solo estábamos… eh… Je-je… pues verás, es muy chistoso porque nosotros
solo estábamos…
—¿Besuqueándose y toqueteándose… haciendo cosas pervertidas?—preguntó ella viéndose las uñas como si no le importara.
Me quedé callada mordiéndome el labio con culpa, no podría zafarme mintiendo, ya que ni siquiera estaba totalmente vestida.
—Tranquila—dijo echándose a reír—. No voy a delatar vuestras cochinadas, si es lo que te preocupa…
—No es eso, es que… estoy tan avergonzada—le dije tapándome la cara con las manos.
—Tranquila. Con mi hermana no existe la vergüenza—me dijo Martin abrazándome.
—Exacto, aparte no empecemos con el pie izquierdo. Esto para mí es empezar muy bien, sin secretos entre nosotras—dijo alzando las cejas
dos veces de modo pícaro.
Me eché a reír. Me recordaba un poco a Rachel por su manera tan peculiar de romper el hielo.
—No es eso, es que… estoy tan avergonzada—le dije tapándome la cara con las manos.
—Tranquila. Con mi hermana no existe la vergüenza—me dijo Martin abrazándome.
—Exacto, aparte no empecemos con el pie izquierdo. Esto para mí es empezar muy bien, sin secretos entre nosotras—dijo alzando las cejas
dos veces de modo pícaro.
Me eché a reír. Me recordaba un poco a Rachel por su manera tan peculiar de romper el hielo.
—Bueno y aproximadamente… ¿cuánto llevan haciendo sus porquerías?—preguntó Sofía de forma casual.
—Llegamos aquí a las siete con diez minutos, más o menos—le respondí.
—Pues entonces, si mis cálculos son correctos, llevan haciendo porquerías más de una hora y media. De milagro no tuvieron sexo—nos
regañó en broma.
—Llegamos aquí a las siete con diez minutos, más o menos—le respondí.
—Pues entonces, si mis cálculos son correctos, llevan haciendo porquerías más de una hora y media. De milagro no tuvieron sexo—nos
regañó en broma.
Martin se echó a reír.
Me escondí en el edredón y empecé a buscar mi blusa, así que Martin hizo lo mismo, pero con él las cosas se pusieron un poco más
interesantes… Al ver como nos movíamos, Sofía nos lanzó un punta pié.
—Sigo aquí, marranos.
Nos echamos a reír.
—¿Me permites?—le dijo Martin en tono educado mientras me besaba—Estoy haciendo algo importante.
—Te dejaría, pero son quince para las nueve y nuestros papás no tardan en despertar—le dijo Sofía con urgencia mientras nos quitaba en
edredón de encima—, así que vístanse de una vez, par de urgidos.
Me escondí en el edredón y empecé a buscar mi blusa, así que Martin hizo lo mismo, pero con él las cosas se pusieron un poco más
interesantes… Al ver como nos movíamos, Sofía nos lanzó un punta pié.
—Sigo aquí, marranos.
Nos echamos a reír.
—¿Me permites?—le dijo Martin en tono educado mientras me besaba—Estoy haciendo algo importante.
—Te dejaría, pero son quince para las nueve y nuestros papás no tardan en despertar—le dijo Sofía con urgencia mientras nos quitaba en
edredón de encima—, así que vístanse de una vez, par de urgidos.
Estábamos muertos de risa en el suelo, por la cara que había puesto Sofía ante nuestro abrazo.
—Perdónalos, Dios. Son jóvenes, no saben lo que hacen—dijo teatralmente, mientras imploraba perdón al cielo.
—Perdónalos, Dios. Son jóvenes, no saben lo que hacen—dijo teatralmente, mientras imploraba perdón al cielo.
JAJAJAJAJAJAJAJAJA yo me partia el culo en el suelo con Martin.
Una vez que fue visible todo, encontré rápidamente mi blusa y me vestí al fin.
Alisé mis ropas y observé la habitación con detalle. Era muy lujosa, de esas que solo salían en películas.
Una vez que fue visible todo, encontré rápidamente mi blusa y me vestí al fin.
Alisé mis ropas y observé la habitación con detalle. Era muy lujosa, de esas que solo salían en películas.
—Les recomiendo que se peinen un poco—nos dijo Sofía, frunciendo la boca y señalando el tocador que estaba en frente de la cama.
Me acerqué al espejo en compañía de Martin y cuando vi mi reflejo me eché a reír. Estaba más despeinada que nunca, y eso ya es decir
mucho. Además Martin también tenía su hermoso cabello oscuro, totalmente desarreglado.
Empecé a cepillar mi cabello y Martin hizo lo propio con el suyo, pero sin dejar de verme un segundo.
—¿Qué?—le pregunté sonriendo.
—Es solo que te ves linda cuando cepillas tu cabello—dijo de forma divertida.
Puse los ojos en blanco.
—Creo que tu dirías que estoy linda hasta si estuviera matando a un perrito—le dije negando con la cabeza.
Me acerqué al espejo en compañía de Martin y cuando vi mi reflejo me eché a reír. Estaba más despeinada que nunca, y eso ya es decir
mucho. Además Martin también tenía su hermoso cabello oscuro, totalmente desarreglado.
Empecé a cepillar mi cabello y Martin hizo lo propio con el suyo, pero sin dejar de verme un segundo.
—¿Qué?—le pregunté sonriendo.
—Es solo que te ves linda cuando cepillas tu cabello—dijo de forma divertida.
Puse los ojos en blanco.
—Creo que tu dirías que estoy linda hasta si estuviera matando a un perrito—le dije negando con la cabeza.
Se acercó a mí y me abrazó desde atrás, por la cintura. Quedamos de frente al espejo, viendo nuestra imagen juntos.
—Matando a un perrito serías más bien sexy—susurró en mi oído.
Me eché a reír.
—Bueno, ahora bajemos a la sala y tengamos una conversación “casual”—dijo Sofía, enmarcando la palabra casual con un gesto de
los dedos.
—Matando a un perrito serías más bien sexy—susurró en mi oído.
Me eché a reír.
—Bueno, ahora bajemos a la sala y tengamos una conversación “casual”—dijo Sofía, enmarcando la palabra casual con un gesto de
los dedos.
Salimos de la habitación y observé por primera vez el piso superior, ya que cuando subimos las escaleras, Martin iba besándome.
El piso de afuera de la habitación era de madera clara y las paredes eran blancas. Estaba enorme. Lo que alcancé a ver del segundo piso
estaba lleno de puertas y había tres pasillos, todo bastante amplio, además las escaleras continuaban hacía arriba, a un tercer piso.
Bajamos las escaleras y nos sentamos en los sillones de la sala. Martin y yo juntos en el sillón doble y Sofía se acostó en el de tres piezas.
El piso de afuera de la habitación era de madera clara y las paredes eran blancas. Estaba enorme. Lo que alcancé a ver del segundo piso
estaba lleno de puertas y había tres pasillos, todo bastante amplio, además las escaleras continuaban hacía arriba, a un tercer piso.
Bajamos las escaleras y nos sentamos en los sillones de la sala. Martin y yo juntos en el sillón doble y Sofía se acostó en el de tres piezas.
—¿Tú familia es adinerada?—le pregunté a Martin, como si no fuera obvio.
—Algo. Mi papá es dueño de una constructora que gana mucho dinero al año—me contestó con indiferencia.
—No parece que te importe mucho—le dije sonriendo.
—Todo el dinero es de mis padres, no mío—dijo encogiéndose de hombros.
—Me gusta tu forma de pensar—dije, inclinando mi cabeza para apoyarla en su hombro—. No sabes cuánto me alegra que no seas
materialista.
—Qué bueno que te agrade—dijo besando mi pelo y rodeando mi cintura con su brazo.
—Sois tan cursis—dijo su hermana riendo—. ¿Cuánto lleva saliendo la feliz pareja?
—Pues, de hecho, solo desde ayer en la noche—le contestó Martin acariciando mi rostro.
—Es muy poco tiempo—dijo abriendo los ojos en señal de sorpresa—. ¿Y cuánto llevan de conocerse?
—Solo tres semanas—le respondí yo—, aunque siento como si fueran ya meses.
—Algo. Mi papá es dueño de una constructora que gana mucho dinero al año—me contestó con indiferencia.
—No parece que te importe mucho—le dije sonriendo.
—Todo el dinero es de mis padres, no mío—dijo encogiéndose de hombros.
—Me gusta tu forma de pensar—dije, inclinando mi cabeza para apoyarla en su hombro—. No sabes cuánto me alegra que no seas
materialista.
—Qué bueno que te agrade—dijo besando mi pelo y rodeando mi cintura con su brazo.
—Sois tan cursis—dijo su hermana riendo—. ¿Cuánto lleva saliendo la feliz pareja?
—Pues, de hecho, solo desde ayer en la noche—le contestó Martin acariciando mi rostro.
—Es muy poco tiempo—dijo abriendo los ojos en señal de sorpresa—. ¿Y cuánto llevan de conocerse?
—Solo tres semanas—le respondí yo—, aunque siento como si fueran ya meses.
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