(Poned la música mientras que leéis el capitulo)
Abrí la puerta con una sonrisa en el rostro.
—Hola, nena—me dijo Martin, con los brazos extendidos, listo para darme un abrazo.
—¡Martin!—dije entusiasmada mientras me lanzaba a sus brazos y lo besaba con ternura.
—¡Martin!—dije entusiasmada mientras me lanzaba a sus brazos y lo besaba con ternura.
Me devolvió el beso, pero con más intensidad y alargándolo considerablemente.
—Soñé contigo—me dijo cuando dejamos de besarnos.
—¿Qué soñaste?—le pregunté, sonriendo con curiosidad.
—Que jugábamos luchitas—dijo mordiendo mi labio como yo lo había hecho la noche anterior.
—Hm… Eres un pervertido—susurré en su odio, besando su cuello.
—Entonces es perfecto que mi novia también sea una pervertida—me dijo tomando una de mis manos y poniéndola en su trasero.
—¿Qué soñaste?—le pregunté, sonriendo con curiosidad.
—Que jugábamos luchitas—dijo mordiendo mi labio como yo lo había hecho la noche anterior.
—Hm… Eres un pervertido—susurré en su odio, besando su cuello.
—Entonces es perfecto que mi novia también sea una pervertida—me dijo tomando una de mis manos y poniéndola en su trasero.
Me eché a reír.
—Sí, sí, admito que soy un poco pervertida también…
—Así me gustas—me dijo mientras besaba mi frente.
—Así me gustas—me dijo mientras besaba mi frente.
Nos tomamos de la mano mientras caminábamos hacía su mansión.
—Y ¿cuál es el itinerario para hoy?—le pregunté sonriendo. Estaba de un humor excelente.
—Pues… estaba pensando que… aún es temprano, así que todos están durmiendo en mi casa y… tú sabes… cuando la gente duerme
no se da cuenta de muchas cosas… como cuando ciertas personas juegan luchitas a un volumen suficientemente bajo—dijo entornando
los ojos con inocencia.
—Y… tú sabes que a mí me encanta jugar luchitas contigo ¿verdad?—le dije entornando los ojos de la misma manera en la que él lo
estaba haciendo.
—Ya sabes que yo siempre me acuerdo de lo que a ti te gusta hacer—dijo mientras se echaba a reír.
—Que bien, me alegro de que pienses en mí…
—Pues… estaba pensando que… aún es temprano, así que todos están durmiendo en mi casa y… tú sabes… cuando la gente duerme
no se da cuenta de muchas cosas… como cuando ciertas personas juegan luchitas a un volumen suficientemente bajo—dijo entornando
los ojos con inocencia.
—Y… tú sabes que a mí me encanta jugar luchitas contigo ¿verdad?—le dije entornando los ojos de la misma manera en la que él lo
estaba haciendo.
—Ya sabes que yo siempre me acuerdo de lo que a ti te gusta hacer—dijo mientras se echaba a reír.
—Que bien, me alegro de que pienses en mí…
Llegamos a la puerta de su mansión y entramos a la sala.
—Muchos recuerdos por aquí—susurró mientras se acercaba para besarme.
Nos besamos con urgencia, probablemente porque no teníamos mucho tiempo. Me cargó y me llevó escaleras arriba. Era muy fuerte,
me cargaba con muchísima facilidad.
Casi no vi el camino, pero sí vi cuando llegamos a la puerta de su cuarto.
Con la poca luz que entraba por el enorme ventanal de la habitación, pude ver como era todo. Las paredes eran de color marrón y el suelo era de alfombra roja.
Tenía una mini sala con dos pufs, una mesita y una televisión enorme de plasma. Además en la esquina más alejada
de la habitación había una mesa de billar y un mini bar.
Pero lo más impresionante era la enorme cama, que tenía el tamaño de mi habitación completa. Me llevó cargando hasta ella y, sin dejar de besarme, tomó el enorme edredón y nos cubrió con él.
me cargaba con muchísima facilidad.
Casi no vi el camino, pero sí vi cuando llegamos a la puerta de su cuarto.
Con la poca luz que entraba por el enorme ventanal de la habitación, pude ver como era todo. Las paredes eran de color marrón y el suelo era de alfombra roja.
Tenía una mini sala con dos pufs, una mesita y una televisión enorme de plasma. Además en la esquina más alejada
de la habitación había una mesa de billar y un mini bar.
Pero lo más impresionante era la enorme cama, que tenía el tamaño de mi habitación completa. Me llevó cargando hasta ella y, sin dejar de besarme, tomó el enorme edredón y nos cubrió con él.
—¿Qué haces?—le pregunté entre risitas y jadeos.
—Jugando luchitas contigo—contestó en la oscuridad que nos proporcionaba el edredón.
—Jugando luchitas contigo—contestó en la oscuridad que nos proporcionaba el edredón.
Siguió besándome, pero jugando a la vez. Cuando estuvo sobre mi tomó mis brazos con sus manos, y los extendió a mis costados,
entonces besó mis labios, mi barbilla, mi cuello, mi pecho, hasta llegar a mi abdomen, donde alzó mi blusa con la boca y acarició mi piel con sus labios, lanzando un cosquilleo a través de toda mi piel, haciendo que me estremeciera.
Liberó mis brazos para tocar mi cintura y entonces aproveche para ponerme de rodillas y lanzarme sobre él.
Le toqué el abdomen y jalé su playera para quitársela y luego me quité la mía. Me abrazó con más fuerza.
Estuvimos besándonos un inmensurable momento.
entonces besó mis labios, mi barbilla, mi cuello, mi pecho, hasta llegar a mi abdomen, donde alzó mi blusa con la boca y acarició mi piel con sus labios, lanzando un cosquilleo a través de toda mi piel, haciendo que me estremeciera.
Liberó mis brazos para tocar mi cintura y entonces aproveche para ponerme de rodillas y lanzarme sobre él.
Le toqué el abdomen y jalé su playera para quitársela y luego me quité la mía. Me abrazó con más fuerza.
Estuvimos besándonos un inmensurable momento.
—¡Ah!—dijo cuando caímos al suelo con un ruido sordo, envueltos por el edredón.
Me eché a reír y él conmigo. Nos quedamos tirados ahí, yo encima de él, abrazándolo… y él abrazándome a mí.
Suspiré de pura dicha. Me sentía completa, como si esa satisfacción hubiera sido lo único que me había estado faltando toda mi vida
para poder respirar profundo.
Traté de encontrar la salida de nuestro pequeño capullo acolchado, y cuando finalmente lo logré me encontré con una mujer joven,
delgada y muy bella, de cabellos y ojos oscuros.
Solté un corto grito agudo por la sorpresa. Ella saltó hacía atrás al verme y abrió mucho los ojos. Al parecer yo no era la única sorprendida.
Me eché a reír y él conmigo. Nos quedamos tirados ahí, yo encima de él, abrazándolo… y él abrazándome a mí.
Suspiré de pura dicha. Me sentía completa, como si esa satisfacción hubiera sido lo único que me había estado faltando toda mi vida
para poder respirar profundo.
Traté de encontrar la salida de nuestro pequeño capullo acolchado, y cuando finalmente lo logré me encontré con una mujer joven,
delgada y muy bella, de cabellos y ojos oscuros.
Solté un corto grito agudo por la sorpresa. Ella saltó hacía atrás al verme y abrió mucho los ojos. Al parecer yo no era la única sorprendida.
—¿Qué ocurre, nena?—preguntó Martin, saliendo del nudo en que habíamos convertido el edredón.
Lo miré avergonzada y le señalé a la mujer. Volteó el torso para verla, ya que estaba sentada sobre él, y cuando la miró se le abrieron
los ojos de golpe, poniendo la misma expresión que ella tenía.
Lo miré avergonzada y le señalé a la mujer. Volteó el torso para verla, ya que estaba sentada sobre él, y cuando la miró se le abrieron
los ojos de golpe, poniendo la misma expresión que ella tenía.
—¿Tú?—preguntó Martin, más sorprendido que avergonzado—¿Qué haces aquí?
—¿Yo? Más bien ¿qué hace ella aquí?—inquirió frunciendo el entrecejo y señalándome con el dedo índice. Me ruboricé.
—¿Yo? Más bien ¿qué hace ella aquí?—inquirió frunciendo el entrecejo y señalándome con el dedo índice. Me ruboricé.

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