—Claro—dijo con sarcasmo, después se dirigió a Martin—. Entonces vas a la escuela con Sofi ¿no?
—Sip—contestó él con naturalidad—. Estamos en el mismo grupo.
—Ya veo—dijo mi madre—. Se hicieron amigos muy rápido, por lo que veo, pero no me sorprende tanto sabiendo lo parlanchina que es ella,
aunque últimamente ha cambiado. Se ha vuelto mucho más seria.
—Sí, es bastante seria, pero si se le da la oportunidad sabe divertirse—dijo Martin mirándome con complicidad.
—No soy tan seria—dije mientras engullía espagueti a toda velocidad.
—Por favor, sírvanse algo de espagueti antes de que ella se lo termine—dijo mi madre con ojos muy abiertos al ver como tragaba espagueti.
—Sip—contestó él con naturalidad—. Estamos en el mismo grupo.
—Ya veo—dijo mi madre—. Se hicieron amigos muy rápido, por lo que veo, pero no me sorprende tanto sabiendo lo parlanchina que es ella,
aunque últimamente ha cambiado. Se ha vuelto mucho más seria.
—Sí, es bastante seria, pero si se le da la oportunidad sabe divertirse—dijo Martin mirándome con complicidad.
—No soy tan seria—dije mientras engullía espagueti a toda velocidad.
—Por favor, sírvanse algo de espagueti antes de que ella se lo termine—dijo mi madre con ojos muy abiertos al ver como tragaba espagueti.
Martin y Sofía se echaron a reír y se sirvieron.
—He notado que últimamente han salido mucho juntos—dijo mi madre después de que todos ya habían comenzado a comer.
—He notado que últimamente han salido mucho juntos—dijo mi madre después de que todos ya habían comenzado a comer.
Estaba tomando agua, y al escucharla decir eso me empecé a ahogar, así que Martin me dio palmaditas en la espalda. x)
—Estoy bien—logré decirle.
—Suficiente—dijo mi madre frunciendo el entrecejo ya con bastante sospecha—, cuentamelo ya.
—Estoy bien—logré decirle.
—Suficiente—dijo mi madre frunciendo el entrecejo ya con bastante sospecha—, cuentamelo ya.
Puse una cara de dolor y sorpresa involuntaria, sentí mis manos sudorosas y el corazón a punto de salirse de mi pecho.
Respiré hondo varías veces seguidas antes de poder contestarle.
Respiré hondo varías veces seguidas antes de poder contestarle.
—De acuerdo—dije para mi misma, después proseguí con voz quebrada por el miedo a lo desconocido—. Mamá… Martin es…—tragué
saliva—Martin es… mi novio.
saliva—Martin es… mi novio.
Cerré los ojos esperando una explosión, pero no ocurrió nada, así que los abrí para ver su expresión.
Tenía una sonrisa de aquellas que dicen un “Ya lo sabía” o un “¿Eso era todo?”.
Suspiré aliviada.
Tenía una sonrisa de aquellas que dicen un “Ya lo sabía” o un “¿Eso era todo?”.
Suspiré aliviada.
—Te pusiste muy nerviosa—dijo mi madre cuando empezó a carcajearse por todo lo que había sufrido hasta que se lo dije—. En fin chicos,
muchas felicidades, supongo.
—Gracias—dijo Martin con voz divertida.
—No puedo creerlo—dijo, maravillada—, es decir, ya lo sabía, me lo imaginé desde que Sofi empezó a actuar así de nerviosa, pero jamás
pensé que llegaría este día.
—¿Desde cuando lo sabías exactamente?—le pregunté a mi madre, sorprendida.
—Desde que cruzaste esa puerta, cariño—dijo divertida.
—Es que necesitaba preparación para poder actuar menos nerviosa—dije frunciendo la boca—. Pero entonces… ¿no estás enfadada ni
nada por el estilo?
—¿Por qué tendría que estarlo?—preguntó ella alzando una ceja y con media sonrisa.
—¿Eso quiere decir que sí puedo salir con Martin?—pregunté estupefacta.
—Tendremos que discutir ciertos puntos después, pero tienes mi permiso, si es lo que tanto te preocupaba—dijo mi madre encogiéndose
de hombros.
muchas felicidades, supongo.
—Gracias—dijo Martin con voz divertida.
—No puedo creerlo—dijo, maravillada—, es decir, ya lo sabía, me lo imaginé desde que Sofi empezó a actuar así de nerviosa, pero jamás
pensé que llegaría este día.
—¿Desde cuando lo sabías exactamente?—le pregunté a mi madre, sorprendida.
—Desde que cruzaste esa puerta, cariño—dijo divertida.
—Es que necesitaba preparación para poder actuar menos nerviosa—dije frunciendo la boca—. Pero entonces… ¿no estás enfadada ni
nada por el estilo?
—¿Por qué tendría que estarlo?—preguntó ella alzando una ceja y con media sonrisa.
—¿Eso quiere decir que sí puedo salir con Martin?—pregunté estupefacta.
—Tendremos que discutir ciertos puntos después, pero tienes mi permiso, si es lo que tanto te preocupaba—dijo mi madre encogiéndose
de hombros.
Una sonrisa empezó a extenderse por mi rostro, entonces miré a Martin, quien a su vez me miraba a mí.
—Debo decir que haceis muy bonita pareja—dijo mi madre sonriendo con ternura.
—¿Verdad que sí?—dijo Sofía repentinamente entusiasmada—Sobre todo porque ambos son tan lindos.
—Tú sí me comprendes—dijo mi madre mirando al cielo, como si estuviera dando gracias—. Mil veces le he dicho a está niña lo bella que
es pero es muy tímida en ese aspecto.
—Lo sé, pero es tan tierna cuando está avergonzada—convino Sofi.
—Dejad de hablar de mí—me quejé.
—Debo decir que haceis muy bonita pareja—dijo mi madre sonriendo con ternura.
—¿Verdad que sí?—dijo Sofía repentinamente entusiasmada—Sobre todo porque ambos son tan lindos.
—Tú sí me comprendes—dijo mi madre mirando al cielo, como si estuviera dando gracias—. Mil veces le he dicho a está niña lo bella que
es pero es muy tímida en ese aspecto.
—Lo sé, pero es tan tierna cuando está avergonzada—convino Sofi.
—Dejad de hablar de mí—me quejé.
Todos se echaron a reír, así que yo, avergonzada, me levanté de la mesa con mi plato vacio para llevarlo al fregadero.
—Con permiso—escuché decir a Martin entre las pláticas de mi madre y Sofía.
—Adelante—dijo mi madre.
—Con permiso—escuché decir a Martin entre las pláticas de mi madre y Sofía.
—Adelante—dijo mi madre.
En ese momento Martin cruzó la puerta de la cocina y yo me recargue en la barra.
—No fue tan malo—dijo, poniendo los trastes en el fregadero y después acercándose a mí para abrazar mi cintura.
—Pues no, no lo fue en absoluto—dije, abrazándole el cuello.
—Tú estabas tan preocupada—susurró mientras acercaba su rostro al mío con intención de besarme.
—Tenía mis motivos—dije cerrando los ojos y acortando la distancia que separaba nuestros labios.
—No fue tan malo—dijo, poniendo los trastes en el fregadero y después acercándose a mí para abrazar mi cintura.
—Pues no, no lo fue en absoluto—dije, abrazándole el cuello.
—Tú estabas tan preocupada—susurró mientras acercaba su rostro al mío con intención de besarme.
—Tenía mis motivos—dije cerrando los ojos y acortando la distancia que separaba nuestros labios.
Empezamos a besarnos suavemente, pero pronto su boca bajó hacia mi cuello y sus manos encontraron un camino en mi espalda baja,
dentro de mi blusa.
dentro de mi blusa.
—Mi madre está en el comedor—susurré en su oído, mientras mis brazos se apretaban alrededor de su cuello aún más.
—Hm… Creo que se enfadara si nos ve así ¿verdad?—dijo, soltando su aliento en mi cuello, acariciándolo con sus labios, lo cual hizo
que se me pusiera la piel de gallina.
—Exactamente—dije, separándome de él para poder controlarme a mi misma.
—Hm… Creo que se enfadara si nos ve así ¿verdad?—dijo, soltando su aliento en mi cuello, acariciándolo con sus labios, lo cual hizo
que se me pusiera la piel de gallina.
—Exactamente—dije, separándome de él para poder controlarme a mi misma.
Él soltó una risita y asintió.
Regresamos al comedor, donde mi madre y Sofía ya habían terminado su comida. Mi madre se levantó y tomó los trastos vacios que
quedaban sobre la mesa.
Regresamos al comedor, donde mi madre y Sofía ya habían terminado su comida. Mi madre se levantó y tomó los trastos vacios que
quedaban sobre la mesa.
—Gracias por la comida—dijo Sofia .
—No hay de que—contestó mi madre desde la cocina.
—Entonces, supongo que nos vamos—dijo Sofía—me gustó mucho conocerte, Sofi.
—A mí también, Sofia—dije acercándome a ella para darle un abrazo de despedida.
—Hasta luego, Rebeca—dijo Martin en voz alta para que mi madre escuchara desde la cocina.
—No hay de que—contestó mi madre desde la cocina.
—Entonces, supongo que nos vamos—dijo Sofía—me gustó mucho conocerte, Sofi.
—A mí también, Sofia—dije acercándome a ella para darle un abrazo de despedida.
—Hasta luego, Rebeca—dijo Martin en voz alta para que mi madre escuchara desde la cocina.
Sofía también se despidió de mi madre en voz alta.
—Adiós, chicos. Espero verlos de nuevo aquí muy pronto—contestó mi madre.
—A Martin seguro lo tendrás aquí casi a diario—dijo Sofía, pero en voz baja y sonriéndome.
Le devolví la sonrisa y los acompañé a la puerta.
—Yo me adelanto a la casa. Despídanse como debe de ser—dijo Sofía guiñándole un ojo a Martin.
Me ruboricé, pero no dije nada.
—Te amo, nena—dijo Martin abrazando mi cintura—. Nos vemos mañana.
—Recuerda que mañana visitaré a Alex…
—Maldición. Entonces dame una buena dosis de besos para no extrañarte tanto hasta el lunes.
—Adiós, chicos. Espero verlos de nuevo aquí muy pronto—contestó mi madre.
—A Martin seguro lo tendrás aquí casi a diario—dijo Sofía, pero en voz baja y sonriéndome.
Le devolví la sonrisa y los acompañé a la puerta.
—Yo me adelanto a la casa. Despídanse como debe de ser—dijo Sofía guiñándole un ojo a Martin.
Me ruboricé, pero no dije nada.
—Te amo, nena—dijo Martin abrazando mi cintura—. Nos vemos mañana.
—Recuerda que mañana visitaré a Alex…
—Maldición. Entonces dame una buena dosis de besos para no extrañarte tanto hasta el lunes.
Me eché a reír, pero me fije si mi madre no nos veía y cerré la puerta detrás de mí. Cuando lo verifiqué, abracé su cuello y le planté un
beso casi con rudeza.
Él correspondió a mi intensidad y me apretó más la cintura, levantando mis pies del suelo sin cargarme. Mordí su labio y él me beso con
más fuerza.
beso casi con rudeza.
Él correspondió a mi intensidad y me apretó más la cintura, levantando mis pies del suelo sin cargarme. Mordí su labio y él me beso con
más fuerza.
—¡Sofi! ¿Estás afuera?—preguntó mi madre desde el interior de la casa.
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