sábado, 8 de octubre de 2011

Capitulo 47

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Capitulo 47: '' ¿Estas nerviosa? ''
Ella tomó la guitarra riéndose a carcajadas y eligió una canción. Mientras ella jugaba tan bien como lo hacía Martin, yo me desplomé en
uno de los pufs rosados que había cerca de la mesita que estaba en frente de la tele.
El cuarto era igual que el de Martin, solo que cambiaban las formas y colores.
Algo que me gustó de su cuarto, era que en lugar de ser solo una cama enorme, como en el cuarto de Martin, eran muchas camas individuales juntas, que formaban la enorme que estaba en el otro cuarto.
Cada una de las camas tenía sabanas de distintos colores y formas, pero todos eran colores brillantes y pastel. Se veía muy bien.
Estuvimos en el cuarto jugando hasta las tres de la tarde, entonces tuve que recordarles a ambos que teníamos que ir a mi casa, ya que
posiblemente mi madre se preocuparía por mí.
Bajamos las escaleras hablando de cómo habíamos jugado, o más bien de cómo había jugado yo.
—Mejoraste mucho desde las diez de la mañana—me dijo Martin sorprendido porque al final había logrado hacer una canción en Expert,
aunque no tan bien como él.
—Tengo habilidades—le dije, guiñando un ojo.
—Esa no es tu única habilidad—me dijo Martin con media sonrisa.
Lo miré alzando una ceja con suspicacia.
—¿Cuál será mi otra habilidad?—dije fingiendo una voz inocente.
Él se rió, sabiendo que yo sabía lo que diría.
—Tu habilidad para besar, por supuesto.
—Nunca me lo habría imaginado—dije entornando los ojos.
Me pasó un brazo por detrás de la cintura y me acercó a él mientras caminábamos. Empezamos a salir de la mansión cuando recordé a +
sus padres.
—¿No avisarán que salen?—le pregunté a Martin.
—Les mandaré un mensaje—dijo Sofía.
—OK.
Caminamos en silencio durante un minuto.
—Una pregunta—dijo Martin repentinamente.
—¿Sí?
—Solo me preguntaba si… ¿tu madre sabe lo nuestro?
—Ah…—fue todo lo que dije.
Se me había olvidado ese pequeñísimo detalle y él acababa de recordármelo. No era nada por lo que debía preocuparme… ¿o sí?
La verdad es que no tenía ni idea de qué hacer, porque yo jamás le contaba a mi madre mi vida personal. Yo era muy reservada respecto a
esos temas y la única que sabía de mí era Rachel. Pero esto era muy distinto, esto era algo… oficial.
—¿Y…?—preguntó Martin de nuevo, al no obtener respuesta.
—Pues… no… je-je—dije tratando de evadir el tema.
—¿Y le vamos a decir hoy?
—Pues… si quieres… y si lo consideras necesario—dije rogando por que dijera que no.
—Sofi…—dijo en tono de reproche.
—Bueno, bueno. Pero tú se lo dices—le dije frunciendo la boca, preocupada.
—¿Es tan mala?—dijo con la frente poblada de arruguitas, por la preocupación que acababa de contagiarle.
—No lo sé. Nunca había tenido novio, así que no había tenido que pasar por esto…
—¿Cómo crees que será?—preguntó con aprensión.
—No tengo la más mínima idea.
Sofía empezó a reírse. Primero la miré confundida, pero al ver como se carcajeaba me contagió la risa.
—¿De qué se están riendo?—preguntó Martin con una sonrisa.
—Yo de su situación—explicó Sofía entre risas—. No tengo idea de que se está riendo ella.
—Simplemente me contagiaste—dije algo avergonzada.
Martin me miró con ternura y me alborotó la melena.
—Os aseguro que no va a ser tan malo—dijo Sofía cuando dejó de reírse totalmente.
Llegamos a mi casa.
—¿Qué vamos a hacer?—dije con la manija de la puerta en la mano.
—Se lo diremos—dijo Martin decidido—. No puede ser tan malo.
Hice una mueca de dolor, me mordí el labio y respiré hondo antes de abrir la puerta con mucho silencio.
Revisé la sala con cautela antes de abrir totalmente la puerta.
—Adelante—susurré.
—¿Por qué hablas tan bajito?—preguntó Sofía, también susurrando.
—Tengo que prepararme mentalmente para decirle y necesito silencio.
Ella me miró y después trató de contener una sonrisa, pero no lo logró y se empezó a carcajear.
—¿Sofi?—preguntó mi madre desde el comedor.
—Sí, mamá. Ya estamos aquí—dije en voz alta, a la vez que cerraba los ojos y me ponía la mano en la frente.
—Ah…—dijo ella mientras se acercaba—Hola, chicos.
—Buenas tardes, Rebeca—dijo Martin mientras se acercaba para tomar su mano.
—Martin, nos volvemos a ver al fin—dijo mi madre rechazando su mano y dándole un beso en la mejilla.
Él pareció sorprenderse un poco, pero de forma grata.
—Mamá, ella es la hermana de Martin, Sofía. Sofía, ella es mi mamá, Rebeca—dije haciendo gestos con las manos, mientras las presentaba.
—Encantada de conocerte—dijo mi madre mientras la saludaba.
—Igualmente, señora—dijo Sofi.
—Por favor, dime Rebeca.
—Rebeca—repitió ella.
—Bueno, adelante. La comida ya está lista—dijo mi madre, haciéndolos pasar.
—Gracias—dijeron Martin y Sofi al mismo tiempo.
Traté de alejarme lo más posible de Martin y de no demostrar contacto físico.
Llegamos al pequeño comedor, donde había una mesa de vidrio para seis personas, era el comedor que usábamos para las visitas o
fiestas especiales, pero generalmente comíamos en la cocina, donde había una mesa de plástico para cuatro personas.
—Espero que os guste el espagueti. Es lo único que se cocinar bien—dijo mi madre algo avergonzada.
—No te preocupes—dijo Martin educadamente.
—Por favor tomad asiento, yo iré por la comida. Estas muy callada, cariño.
—¿Yo? Para nada—dije nerviosamente cuando me acerqué a la mesa para sentarme, pero se me salió un gallo cuando dije “nada”.
Sofía se hecho a reír y yo le lancé una mirada matadora, pero eso solo hizo que se riera más, ya que, por los nervios, no me salió muy bien.
Tenía mis motivos para estar nerviosa, porque mi madre era enojona. No sabía como actuaría en este asunto, pero era estilo de mi madre el
ser iracunda cuando algo no le gustaba y no tenía la menor idea de si eso le gustaría.
—Tranquilízate—susurró Martin en mi oído cuando se acercó a la mesa para sentarse junto a mí.
Respiré hondo y traté de hacerle caso, pero el corazón me latía tan fuerte que podía escuchar mis latidos detrás de mis orejas.
Mi madre salió de la cocina con el tazón del espagueti en las manos y una vez que lo depositó en la mesa, se sentó junto a Sofía.
—¿Estás nerviosa?—preguntó mi madre alzando una ceja, confundida.
—No, para nada. ¿Por qué dices eso? ¿Qué a caso parezco nerviosa? No lo estoy—dije rápidamente y tomé algo de jugo del vaso que
estaba en mi lugar.
Se me quedó viendo con sospecha.

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