sábado, 24 de septiembre de 2011

Capitulo 36

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La semana pasó rápido para mí. Decidí no hablar más con Martin del tema profundo hasta que llegara el viernes, para que valiera
la pena salir juntos y fuera una conversación larga de intercambios de nuestra cosmovisión. (GUAU peazo palabra)
Me sentí ligeramente nerd, pero era interesante, ya que yo veía el mundo de una manera tan normal, que me resultaba interesante
conocer a alguien distinto.
Finalmente llegó el viernes…
Ya le había avisado a mi madre desde el martes, así que estaba todo preparado.
Por primera vez, me emocionaba pasar un rato con Martin de una manera que fuera interesante o agradable desde el punto de vista mental, y no físico.
Me vestí así:
Pincha aquí para ver esta foto.
Eran las cinco de la tarde cuando yo ya estaba lista y, tal y como lo supuse, Martin tocó el timbre a las cinco en punto.
—Hola—lo saludé cuando abrí la puerta.
—Hola. ¿Estás lista?—me preguntó con ansiedad.
—Sip—le dije mientras cerraba la puerta.
Caminamos hacía su coche & él, como todo un caballero, me abrió la puerta al subir.
—Gracias.
—No hay de que—me dijo al cerrar la puerta.
—Así que… explícame eso de que no hay nada de que avergonzarse—le dije mientras conducía.
Se echó a reír.
—¿De qué te ríes?—le pregunté alzando una ceja.
—De que ya se me había olvidado que querías salir conmigo solo para hablar de mi forma de ver el mundo—me dijo cuando dejó de reír.
—¿Para qué más querría salir contigo?—le dije con divertido sarcasmo.
—Pues, no se… Quizá para besarme—dijo guiñándome un ojo.
Me ruboricé.
—Eso ya quedó atrás—le dije, cruzando los brazos sobre mi pecho.
—Para mí aún sigue muy presente—me dijo con voz seria.
—Como sea, yo vine solo para hablar de tu forma de pensar, así que si no vamos a hacer eso, mejor da media vuelta al coche y regrésame
a mi casa—le ordené.
—Está bien, está bien…—me dijo riéndose de mí.
—Bien. ¿Entonces…?
—¿Entonces… qué?—me preguntó alzando una ceja.
—¡¿Por qué no hay nada de que avergonzarse?!—le pregunté perdiendo la paciencia.
—Ah… si eso. Bueno. ¿Recuerdas que te había mencionado a los estereotipos?—me preguntó alzando las cejas con expectación.
Asentí.
—Pues todo lo que nos avergüenza está relacionado a ello.
—¿Por qué?
—Pues, porque lo vergonzoso de una situación se limita al “¿Qué dirán de mí si hago esto…?”. ¿Me entiendes?
—Más o menos. ¿Te refieres a que lo que nos avergüenza es la gente…?
—No exactamente, es más bien lo que dice la gente de nuestras acciones. Por ejemplo: si te gusta un chico
¿cuál es la razón para que no le digas que te gusta? Pues el miedo a que no le gustes tú también y a lo que dirá o pensará de ti.
Incluso te avergonzará pensar en lo que diría la gente de ti.
—Tienes razón—le dije sonriendo, después de que lo pensé un minuto.
—¿Lo ves?
—Sí, pero aún no veo muy claro el motivo para que divulgues todo—le dije frunciendo el ceño, pensativa.
—Ya te lo dije… es como una especie de liberación. Si no lo hiciera sería como un mal habito.
—¿Y desde cuando descubriste todo esto?
—Esa es una larga historia…—me dijo con la mirada perdida.
—Me gustaria escucharla, si no te parezco demasiado cotilla....—le dije con cautela al ver su expresión pensativa.
Me miró contrariado.
—Si no te lo dijera, violaría mis propias reglas—dijo con media sonrisa.
—¿O sea que sí hay algo que te avergüence?—le pregunté abriendo los ojos de golpe.
—No con cualquiera—admitió—. Es que tú eres especial.
—¿Especial?
—Eres una de las pocas personas que me importa lo que piense de mí—me dijo sonrojándose.
—Ah—fue todo lo que dije.
—Entonces… ¿aún quieres saber?—me preguntó, después de que estacionó el carro afuera del café al que íbamos.
—Pues… si tú no te sientes bien contándome mejor no—le dije con una sonrisa.
Se me quedó viendo con cara de sorpresa.
—No conocía este aspecto tuyo—dijo tocando mi rostro de repente y de paso, haciendo que el cosquilleo eléctrico corriera por la piel
de mi mejilla.
—¿Qué aspecto mío no conocías?—le pregunte, cohibida.
—Es qué la mayoría de la gente suele siempre querer saber los secretos de otras personas y por eso mismo me sorprende que tú
no quieras saber una de las pocas cosas en el planeta que tienen un potencial vergonzoso para mí—me dijo ahora alborotando mi
cabello—. Aunque de todas maneras supe que eras especial desde que me rechazaste la primera vez que te vi.
Por lo general todas las chicas seden ante una cara guapa.
Me eché a reír y él conmigo.
—No todas las chicas tienen solo chicos guapos en el cerebro—le dije cuando bajamos del coche—. Yo prefiero inteligencia y me
intereso más por mi familia y por las calificaciones, en gran parte.
—Sí… pero la mayoría de las chicas si se dejan convencer en seguida. En cambio tú me costaste trabajo, de hecho, me estas costando
trabajo.
—¿Soy un reto más?—le dije con una sonrisa comprensiva.
Se quedó callado mirando a la nada un minuto.
—De hecho, no—contestó finalmente como si se hubiera dado cuenta de algo.
—¿Entonces… qué soy para ti?—le pregunté ligeramente curiosa por su respuesta.
Tomó mi rostro entre sus manos repentinamente, con una mirada tan seria que no parecía ser él mismo.

Capitulo 35

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—Por favor, por favor, por favor, por favor, por favor—le rogué a Martin durante la mañana del martes,
después de una noche de poco sueño.
—No si no me cuentas cuál fue tu sueño—me dijo pellizcando mi mejilla como si fuera una niña pequeña.
—Martin… cualquier otra cosa, pero eso no—le dije con decisión.
Se quedó callado un segundo, mientras pensaba mejor las cosas.
—Hm… ¿Cualquier otra cosa?—me preguntó una vez más, alzando las cejas.
—Sin exagerar—le dije entornando los ojos.
—¿Qué te parecería…? No lo sé… quizá ¿un pequeño… pequeñísimo besito?
Alcé una ceja, escéptica.
—No.
—Anda, uno pequeñito…
—No, no, no y mil veces no—le dije cortante.
—Por favor—era increíble, ahora era él quien rogaba.
—Nop—le dije ahora pellizcando yo su mejilla y sonriendo.
Todo esto era ridículo.
—¿Y si te lo robo?—me preguntó con media sonrisa y ojos pícaros.
—Entonces sufrirás una cachetada muy, muy fuerte—le mentí.
Como si hubiera forma de resistirme a la sensación después de lo del viernes. Era físicamente imposible.
Le dio un escalofrío al recordar la cachetada de nuestro primer beso.
—Mejor no arriesgarse—dijo frotando su mejilla—. No quiero tener que dar explicaciones otra vez.
—¿Tuviste que dar explicaciones por el golpe?—le pregunté sorprendida.
—También tengo padres—me recordó con tono burlón.
—Cierto—dije con la mirada perdida, pensativa—. ¿Cuándo conoceré a tus padres?
Repentinamente se le iluminó el rostro.
—Podría presentarte como mi novia—me dijo con ojos muy abiertos y una gran sonrisa.
—¡Martin!—le dije echándome a reír.
—Les encantaría, de hecho ya saben más o menos quien eres…
—¿Cómo que ya saben más o menos quien soy?—le pregunté confundida.
—Pues, he hablado mucho de ti con ellos y además saben que me gustas—me dijo aún con su gran sonrisa.
—¡¿Qué?!
—¿Qué tiene de malo?—me preguntó frunciendo el ceño.
—Todo. Es tan vergonzoso—le dije tapándome el rostro con las manos.
—En todo caso, sería vergonzoso para mí, ya que yo no te gusto ¿no crees?—me dijo echándose a reír por mi reacción exagerada.
—Sí, pero ahora como los voy a poder ver a la cara. ¿Y saben que yo lo sé?—pregunté con algo de esperanza.
—Se me ha olvidado mencionarles ese detalle—me dijo repentinamente pensativo.
—No, por favor no se lo digas—le dije, haciendo un gesto con las manos como diciéndole que parara.
—¿Por qué?
—Martin… ¿qué acaso no sabes como guardar las cosas personales para ti mismo?—le pregunté con sarcasmo.
—No me gusta ocultar cosas.
—Pero no lo ocultas, solo no lo dices—le dije obviándolo con ironía.
Se quedó con la mirada perdida un minuto.
—Es que no tengo nada de que avergonzarme nunca—dijo encogiéndose de hombros—. Desde mi perspectiva, el que la gente oculte
cosas es una mala costumbre.
—¿Por qué?—le pregunté, ahora intrigada por su forma de pensar.
—Sofi ¿has visto la tele?—me preguntó con sarcasmo—Todos los problemas de las personas surgen por ocultar cosas.
Lo pensé un segundo.
—¿Pero cómo podría ocasionar un problema el que tú no divulgues que yo te gusto?
—Me provocaría inseguridad, pero en cambió, al decirlo desde que lo sentí, fue como una liberación. ¿Si me entiendes?
—Guau…
Era la primera vez que me daba cuenta de que Martin era un chico tal vez bastante más maduro de lo que lo llegué a pensar en un principio.
Tenía razón.
—Pero no todas las personas tienen la seguridad para decir todos esos secretos vergonzosos—le dije frunciendo la boca.
—Ese es otro de los puntos; no hay de que avergonzarse.
—Claro que lo hay—le dije abriendo los ojos con sorpresa.
—No, Sofi. No lo hay. Todo lo que nos avergüenza no son más que estereotipos.
—No entiendo…
—Es un tema profundo ¿sabes?—me dijo riendo ligeramente.
—Jamás pensé que tú fueras tan profundo ¿sabes?—le dije riendo igual que él.
—No lo soy tanto, solo es cuestión de pensar un poquito más de lo normal y es a la primera conclusión a la que uno llega—me dijo
alborotando mi cabello de manera juguetona.
—Te puedo asegurar que no todos se adentran lo suficiente pensando—le dije sonriendo.
Estaba asombrada. Por lo general nadie de nuestra edad suele pensar tanto, ni siquiera los adultos piensan lo suficiente, o al menos no
son lo suficientemente valientes para llevar a cabo sus ideales.
Pensaba que solo era un engreído con ego de más, pero de verdad ahora pensaba diferente de Martin.
—Ya hay que bajar del autobús—me dijo cuando por la ventana la escuela estuvo a la vista.
—Solo quisiera hablar un rato más contigo, ya sabes… con tranquilidad—le dije de verdad intrigada.
Yo era una de esas personas a las que les gustaba la gente diferente del resto. Alex me gustaba por su inteligencia y su parecido a mí
en muchos sentidos, su gusto por la música clásica—Beatles, por ejemplo—y su forma de ver el mundo, que era algo distinta del resto.
Pero jamás pensé que Martin fuera de esas persona.
Definitivamente, lo había juzgado antes de conocerlo y era justo eso lo que no me gustaba que las personas hicieran conmigo.
—El insti no es de esos lugares—me dijo cuando bajamos del autobús.
—Lo sé, pero el tiempo en el autobús es muy corto—dije con la mirada perdida, pensando en qué podía hacer al respecto.
—¿Qué te parece si vamos juntos a algún café el viernes?—me preguntó sonriendo—Pero está vez sin trampas con Rachel y sin decirle
a Alex para que no se entrometa.
—¿Sería como una cita?—le pregunté frunciendo la boca.
—De mi parte, tenlo por seguro—dijo riéndose con jovialidad.
—No importa, aún así quiero conocer tu forma de ver el mundo—le dije decidida y respirando profundo.
Sería un desperdicio no hablar con él de esto solo por como viera él nuestra pequeña salida, ya que de todas formas no podía
cambiar la forma en la que yo lo veía.
—Entonces perfecto. El viernes a las seis, paso por ti…
Pasaron todas las clases & yo ya estaba en casa & comiendo, espaguetis ¡ñamm! xDD cuando terminé, me heche en la cama de mi hermana
con ella, mientras veiamos una revista, era la Super Pop. { Ya no la hacen :'''( }
—Que lees?—le pregunté
—Mi horoscopo, mira aqui dice que tengo que ser mas divertida con mis amigas, & que mi principe azul esta a la vuelta de la esquina.
—Anndaaaa... ya no saben que inventar...! y en el mio que pone?
—Abeer... capricornio, aqui! dice ''tus amigos: Es hora de ponerse las pilas asi que no os vereis mucho. (los veo todos los días -.-)
En el amor: Lo mejor que puedes hacer es olvidarte de ese chico de una vez! (¿enserio?, talvez tenga razon, olvidarme de Alex...)
Triunfaras: En tu clase seras la reina... (por desgracia, lo soy)
Pasa de: Hacer bromas demasiado pesadas. (yo ago lo que quiera!!!)
Me cansé de leer estas tonterias, ya eran las 6 de la tarde. Baje las escaleras, & mi madre estaba viendo la televisión.
—Mama, me voy a hacer los deberes ¿ok?
—Vale cariño, yo me quedare aqui en el sofa viendo... umm... como se llamaba... ¿El romance de Campo Viejo? Si eso.
—Mama, se llama El secreto de puente viejo ._.
—Si eso, como se llame. -dijo riendo-
Subi las escaleras riendome de mi madre, es que... que ocurrencias que tiene... JAJAJAJA.
(...)

Capitulo 34

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¡¡MECAUEN LA LECHE!!
—Porfaavor, Alberto, no se lo digas a mama, que me da mucha verguenza, además que no estamos saliendo ni nada...—Dije
—Bueno... ¿me arias algo, a cambio de que estas fotos no se las enseñe a mama?
—Lo que sea!!!!—Dije sin pensar
—Bien, quiero que seas mi esclava durante dos semanas
Pero... ¡sera cabron! que es mi hermano jolin.
—Solo tres dias porfi!—dije poniendo morritos
—No
—¿cuatro? —Hice pucheros
—Una semana, mi ultima oferta, lo tomas o lo dejas—Dijo haciendose el chulo
—Ok, alé, se me quito el hambre, me voy
—Bien, pero luego, quiero que me hagas la mirienda & la cena
—Valeeeee.... adios!!!
Y subi a mi cuarto corriendo, que capullin dojer, esta me la tendra que pagar.
Me eché sobre la cama, demasiadas emociones en tan poco tiempo. Me quedé profundamente dormida
y soñé, como no, con un chico misterioso que iba repartiendo rosas a diestro y siniestro, que tenia los ojos
color miel & una sonrrisa fjniljfnlkj*-*
y que hacía que todas las jovencitas se enamorasen de el a la primera de cambio.
De pronto la cara del chico se transformó en Justin Bieber. Vale, si, sabia perfectamente que era un
sueño, pero era un sueño TAAAN maravilloso... Justin abrio la boca, iba a decirme
algo ¡IBA A DECIRME ALGO!
-¡BEEE!
-¿Perdón? —un tanto confundida y un tanto ofendida me aparté de él- ¿Es que acaso me has confundido
con una oveja?
-BEE...BEEE...—Dijo él
Al momento me desperté.
El teléfono me vibraba en el bolsillo del pantalon, un sueño tan maravilloso echado a perder por culpa de aquella musica...
Miré la pantalla del móvil, era un mensaje de Fer, mi mejor amigo, solo que éste, a diferenci de Miriam, era un trozo de pan,
la típica persona a la que puedes congelar y seguirá siendo tan blandita como un osito amoroso.
Lo leeí.
''Holaa feita!! que pasa, se te perdió el movil o que? Por que he estado esperando tu llamada e.e.
Bueno a lo que bamos, ¿¿¡¡QUE QUIERE DECIR QUE ALLER TE LIASTE CON UN TAL MARTIN??!!
madre mia, yo aun ni he dado mi primer beso, & tu ya te...... dejemoslo.
Me lo ha contado Miriam todo, que fuerte! como te haga algo juro que voy & lo mato!
Tequiero mucho Souuuufiiinaaaaaaa. Nos vemos <33''
A lo que yo conteste:
''Eeey gorddo! & yo tambien la tuya!! es que no tenia saldo...
Si prim, me han pasado mucuuhas cosas, ya te contare... Gracias Fer, matarlo seria buena idea, pero demomento no.
Me voy a hacer de esclava para mi german (german=hermano, para las cortitas), me hizo fotos con Martin, ya sabes...
Xaaaaaooo Feeernaaannddiin! Teequiero xoxoxox :)''
Baje las escaleras, & mi hermano estaba mirando la tele en el sofa, entré en la cocina, & prepare un sandwinch vegetal para mi,
& otro de jamon y queso para mi hermano, se lo di, y me sente a su lado.
—Y como se llama el tio este... mmmm....—dijo recortando al de las fotos
—Martin, se llama Martin.—dije concentrada mirando Bandolera, si, que pasa, me gusta la serie e.e ¿algun problema?
—Martin... ya... pues como ese Martin te toque o lo que sea le parto la cara, mejor... lo mato!—dijo con cara de mala leche, era super
protector conmigo.
Me empece a reír, por que lo dijo muy serio, él se río conmigo.
Esta escenita me recordo a la de unos años en mi antigua casa, cuando yo aun era una enana.
-----------------FLASBLACK-------------------
-Que sepas que estas serán miás- decía Alberto muchas veces cogiéndome las ''tetas'' por detrás.
-Nooooooooooooooooo!- le contestaba intentando que me soltara.
-Si, estoy deseando que te crezcan para usarlas de almohada.
-¡No soy una almohada!
-Pero soy tu hermano, me tienes que dejar.
Yo negaba.
-Ahí solo se dormirá mi novio.
-¿Tu novio?-se reía a carcajadas.- ¿Tu tienes novio enana?
-Ci, Zac Efron será mi novio.
Volvía a reir.
-Como ese Zac te toque un pelo le partiré la cara, a él y a cualquier niñato que le toque lo que no debe a mi hermanita.
-------------------------Fin FLASBLACK-------------------------------------
Después, hize mis tareas, le ayude a Alberto con las suyas, ordene su habitacion, y bla bla bla, todo el
royo. Finalmente me dormí del cansancio, esto de ser la esclava de mi hermano... ¡Es una mierda!

Capitulo 33

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Alex lo miró con gesto de disculpa.
—Perdón, bro, sobreactué—le dijo Alex a Martin.
—Sí, pero la quieres demasiado. Debí tener más tacto—le dijo Martin excusándose.
—Hola, sigo aquí—les dije de forma sarcástica mientras hacía señitas con las manos para que me notaran.
Se rieron de mí. Me alegraba un poco que fueran amigos, pero a la vez me preocupaba.
—Tengo que conversar contigo de algo importante después—dijo Alex torciendo la boca.
—¿De qué se trata?—le preguntó Martin, ligeramente a la defensiva.
—Mejor a solas—le dijo Alex señalándome a mi y a Helen con la vista.
—Claro—dijo Martin—. ¿A la salida?
—Perfecto—le contestó Alex.
Yo solo los miré con aprensión.
No era mi estilo quedarme mucho tiempo en la escuela después de que terminaran las clases, pero no podía dejar de pensar en lo que
estarían hablando Alex y Martin, así que decidí esperar a Martin para tomar el autobús y a él, por supuesto, no le disgustó para nada
que lo esperara.
Tardó solo veinte minutos, se me hixo eterno!.
—Y… ¿de qué abeis hablado?—le pregunté como si casi no me importara.
—No, no, no… primero me tienes que decir cuál fue tu sueño—me condicionó.
y luego yo te digo de que hablamos—me dijo mientras me guiñaba el ojo.
Lo miré con ojitos tiernos, y primero se quedó hipnotizado, pero luego sacudió la cabeza y miró hacía adelante.
—Ah, no. No permitiré que me controles a tu antojo, señorita—dijo mientras sonreía.
Tenía que idear una táctica, así que me acerque a él pegué mis labios a su oído sin tocarlo.
—¿Por favor?—susurré con voz tierna.
Él se estremeció al sentir mi aliento, pero sacudió la cabeza.
—No seas malo conmigo—dije, soltando mi aliento en su cuello. Tenía que dar resultado.
—No—dijo con voz insegura y temblorosa.
—Martin, no puedo creer como te comportas conmigo—le dije aún con mis labios casi tocando su cuello.
—No te lo diré si no me cuentas tu sueño y esa es mi última palabra—dijo cruzando, ahora él, sus brazos sobre su pecho.
Suspiré.
—Supongo que nunca me voy a enterar—le dije mirando por la ventana.
—Si así lo quieres—dijo él, invirtiendo mi jugada.
Resoplé disgustada.
Baje del autobús, entré a casa, & me encamine a la mesa donde ya estaban mi padre, mi madre, mi hermano &
mi hermana pequeña.
—Taaattaaaaa!—dijo ella toda contenta
—Cieelooo—-le dije abrazandola
Mis padres como ya habian terminado de comer se levantaron y nos dejaron hablando.
—Y a mi que, no me das un abrazito? —Dijo mi hermano burlandose de nosotras
—A ti lo que te voy a dar sera una hostia como no te calles—le dije con mis ojos aterradores
—Hermanita, hermanita, yo que tu cuidaria el bocabulario, no vaya a ser que me vaya de la lengua.—Dijo con una sonrrisa burlona
—Pero de que hablas imbecil?
—mmm... no se... dimelo tu, que según tu ayer te fuite a un trabajo de inglés ¿no? entoces explicame que son estas fotos—dijo sonrriendo,
sacando su movil, enseñandome unas cinco fotos, oh no, nononononono.....
—¿¿Como tienes tu esoo??—Dije señalando las fotos
—Pues, es que ayer, casualmente, iba yo caminando con un amigo para casa, cuando pasamos por delante de una casa gigantesca,
entonces nos asomamos a la ventana, &... ¡sorpresa! me encontre a mi hermanita liandose con el pijo de la casa encima del sofa—dijo riendo
¡¡ME CAGO EN LA LECHE!!

Capitulo 32

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—Hola, Austin—lo saludó Helen.
—Hola—le dijo Alex de forma amistosa.
—¿Qué hicieron el fin de semana?—preguntó mientras comía un poco de su enorme baguette.
—Yo me la pasé en casa con mi hermana jugando un videojuego de batallas—dijo Alex sonriendo—. Quedamos empatados, pero le ganaré
a la próxima.
—No creo que puedas ganarle. Samantha siempre te ha hecho papilla en videojuegos—le dije riéndome.
—Ya no, Sofi, ahora voy a ganarle. Oh sí, ya lo verás—dijo de forma graciosa, como si fuera un villano tramando su ingenioso plan.
Me reí de él.
—¿Y tú, Helen?—le preguntó Austin después de que terminé de reírme.
—Pues, estuve viendo tele—dijo de forma indiferente.
Austin se encogió de hombros y luego me miró a forma de pregunta.
—Yo me desperté hasta las dos de la tarde el sábado, después de un sueño rarísimo—dije con la mirada pérdida, recordando mis detalles
sucios—y después lavé la ropa.
—¿En serio? ¿Un sueño rarísimo?—preguntó Alex alzando las cejas.
—Sip—dije sonriendo.
—Yo también me desperté tarde el sábado, y de hecho también tuve un sueño muy raro—dijo desviando la mirada y sonrojándose.
—Pues cuéntennos sus sueños—dijo Martin.
—Hm… El mío es privado—dije riéndome estúpidamente a causa del recuerdo.
—El mío también…—dijo Alex riendo como yo.
¿Será posible que haya soñado lo mismo?
Martin me miró con sospecha.
—¿Y tú, Martin?—preguntó Austin sin dejar fuera a nadie. Me caía muy bien por el hecho de que fuera tan amable.
—Mi fin de semana fue aburridísimo, pero el viernes fue francamente de lo mejor.
—Pero el viernes estuvimos haciendo el trabajo de inglés—dijo Austin sorprendido alzando las cejas.
—Digamos que después de que te fueras y antes de que llegaras me divertí un poco, bueno… la verdad bastante—dijo sonriendo y
mirando al cielo, mientras se dejaba caer hacia atrás en el césped.
—¿Qué fue lo que hiciste?—le preguntó Alex frunciendo el ceño ante la expresión tan liberada de Martin.
Martin me miró y yo lo vi con la mirada furibunda. Él se asustó.
—Pues… es privado, como sus sueños, aunque pronto haré que Sofi me cuente el suyo—les dijo a todos aunque solo me miró a mí y me
guiñó un ojo.
—Si le cuentas a él me tienes que contar a mí—dijo Alex en tono posesivo.
—No le voy a contar a nadie mi sueño—les dije a ambos mirándolos con los ojos aterradores.
En Martin hizo efecto, pero Alex ya me conocía.
—A mí no me engañan esos ojitos aterradores—dijo y se acerco a pellizcarme la mejilla como una niña pequeña.
Lo miré lo más feo que pude pero después me rendí. Contra su conocimiento sobre mí no tendría oportunidad.
—Si le cuentas, me vas a tener que contar—me dijo Martin echándose a reír porque entre ambos me estaban poniendo entre la espada y la pared.
—No le voy a contar a ninguno—les dije cruzando los brazos sobre el pecho.
—Pues a mí estoy seguro de que si me contaras…—dijo Martin con aire provocador y con una media sonrisa.
—Y yo estoy seguro de que a mí también…—concluyó Alex.
—Y yo no me voy a quedar atrás—dijo Austin metiéndose, pero mi mirada funcionó en seguida con él—. Bueno aunque no es mi asunto
realmente—se apresuró a decir.
—¿Veis? ¿Por qué no podeis actuar como Austin?—les dije elogiando a mi amigo.
—No—dijeron Alex y Martin al mismo tiempo, así que se miraron con sorpresa y luego se echaron a reír y chocaron palmas.
—Actúais como inmaduros con Sofi—dijo Helen, defendiéndome—. ¿Por qué no simplemente la dejan en paz?
Me quedé con la boca abierta. Helen me estaba defendiendo a mí; pero no fui la única que se quedo con la boca abierta, también Martin
se le quedó viendo con cara de sorpresa.
—Pues, porque es importante para mí que me cuente todo acerca de ella, ya que yo siempre le cuento lo referente a mi
vida—dijo Alex como quien no quiere la cosa.
—Ah… ya veo—le respondió de forma sarcástica y luego le preguntó a Martin—. ¿Y tú, Martin?
Abrió la boca para contestar pero no hablo, así que cerró la boca, mirando a Helen confundido. Después me miró con cara de “¿Qué le
digo?” y yo le respondí con cara de “No tengo la más mínima idea”. Él se encogió de hombros y me miró con cara de “Le voy a decir la
verdad”, entonces me llevé la mano a la frente y lo mire con cara de “Ya qué”.
—Pues… el asunto es que a mí me interesa saber lo que sueña Sofi porque… ella me gusta—les dijo mirándome.
Yo lo miré con cara preocupada y después miré a Alex y a todos los demás. Estaban con la boca abierta.
—¿Qué? ¿Te gusta… te gusta… te… Sofi?—le preguntó Alex a Martin tartamudeando.
Como no obtuvo respuesta de Martin me volteó a ver a mí—¿Le gustas a este… a este… a… tú… él… eh?—me preguntó con el tic del ojo
derecho que le daba cada vez que estaba, o muy enojado o muy nervioso o de plano cuando estaba en estado de shock—¿Lo sabías?
Asentí con mucha cautela. Susurró algo que no entendió nadie.
—¿Qué?—preguntamos todos a la vez que nos acercábamos.
—¡Lo voy a matar!—gritó y se paró de su lugar, lanzándose hacía donde estaba Martin.
—¡Alex! ¿Cuál es tu problema?—le preguntó Helen frenándolo mientras lo tomaba de la mano.
—¡Pues que no le puede gustar Sofi!—gritó furioso.
—¿Por qué?—preguntó Martin a un metro de distancia, también algo molesto por su reacción. Yo solo los miraba con ojos muy
abiertos por la sorpresa de su reacción.
—¡Porque…! Porque…—dijo mirando al suelo inseguro por un momento, luego miró a Helen—Porque… Sofi… ella… ella es como mi
hermanita y no puedo permitir que un subnormal abuse de ella.
—Martin no es ningún subnormal, Alex. Tranquilízate—le dije para que se calmara. Esto había llegado muy lejos.
—Está bien—dijo después de un momento—, creo que exageré un poco.
—¿Un poco?—preguntó Martin con sarcasmo.
Alex le lanzó una mirada casi tan aterradora como las mías a Martin, pero Martin no se inmutó y en lugar de intimidarse, como pasaba
con mis miradas, le devolvió una mirada tan fiera como la que Alex le lanzaba.
—Alex, estas reaccionando como si fueras novio de Sofi—dijo Helen muy molesta.
—No Helen, es solo que la quiero mucho y suelo ser sobre-protector con ella—le explicó a Helen mientras la abrazaba y después me
abrazó a mí.
—Bro, te pusiste muy mal—dijo Austin frunciendo la boca preocupado.
—Lo sé pero, es que Sofi es muy especial para mí—dijo frunciendo la boca mientras me veía y después me alborotó el cabello,
como siempre lo hacía.
—Sabes, Alex, también lo es para mí. No deberías ponerte así solo porque me guste, además créeme que no soy el único—le dijo Martin
mientras se acercaba.

Capirulo 31

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—Sí, sí quiero olvidarlo—le dije, cuando al fin me concentré un momento en el punto importante del asunto.
—Yo sé que no quieres—susurró en mi oído de forma provocativa.
—Sí quiero—le dije con voz temblorosa, insegura.
Él se rió de mí.
—Huy sí, se nota que quieres olvidarlo—dijo con voz divertida, besándome debajo de la oreja.
—Martin, no quiero lastimarte. Por eso es mejor que lo olvidemos. No lo hagas por mí, hazlo por ti—le dije con voz suplicante.
—No hay ningún dolor que justifique que me pierda esto—dijo mientras me besaba de nuevo.
Suspiré mientras me rendía entre sus brazos.
—Pero ¿y Alex?—pregunté con culpa cuando nos sentamos a esperar el autobús.
—Sofi, olvídate de él—dijo mientras tocaba mi cara.
—No puedo—dije cerrando los ojos, como si me doliera solo de pensarlo. De hecho así era, me dolía el solo hecho de pensar en olvidarme
de Alex—. Martin, escúchame. Desearía poder corresponderte, pero yo no mando a mi corazón.
—Yo creo que no lo estas escuchando bien—dijo él tocando la punta de mi nariz con su dedo índice—. Te diré porque pienso eso…
”Lo pienso porque yo no puedo contenerme cada vez que nos besamos, y lo cierto es que tú tampoco ¿o lo vas a negar?—me preguntó
alzando una ceja.
—De forma lamentable mi autocontrol no es suficiente—le dije frunciendo la boca—, pero eso es solo porque tu insistes. Si dejaras de
besarme y yo de devolverte los besos, podríamos tener una amistad perfectamente normal.
—Contigo jamás podría solo tener una amistad—me dijo guiñando un ojo.
—Martin, al menos déjame elegir. Yo no quiero tener una relación que no sea exclusivamente de amistad contigo ¿sí?
—Pero…—empezó a decir, así que lo interrumpí.
—¿Por favor?
—¿Es que acaso tú no sientes la electricidad cada vez que nos tocamos?—dijo tocándome la mano.
—Sí lo siento, pero no soy la persona correcta.
—Sofi…
—Martin, yo también te deseo. Sí, lo admito. Pero el deseo no es amor.
—Pero yo sí te quiero—dijo mirando nuestras manos.
—¿Cómo puedes decir eso si apenas nos conocimos?—le dije con media sonrisa.
—Porque jamás había sentido esto—tocó su corazón con la mano libre—. Desde el primer día que te vi sentí como se agitaba casi a
la velocidad de la luz, y créeme que yo tampoco creía en el amor a primera vista.
—Solo es gusto, yo sentí lo mismo cuando nos besamos, pero es gusto y nada más. Para amar se necesita más tiempo.
Suspiró.
—Sofi, ya me han gustado otras chicas, pero esto es diferente.
—Perdóname—dije dando por terminada la conversación.
—Te advierto que no dejaré de intentarlo—me dijo sin soltar mi mano.
—Y yo te advierto que el plan de los celos sigue en marcha…
(...)
—Sofi—dijo Austin cuando entré al salón en compañía de Martin, como siempre—¿trajiste el material del proyecto?
—Sí, tranquilo. ¿Y tú estudiaste tu parte?—le pregunté alzando las cejas a la expectativa.
Asintió.
—Perfecto—le dije sonriendo como si estuviera orgullosa de su trabajo.
—Eh… sip—dijo él sacudiendo la cabeza, como si estuviera deslumbrado.
Nos sentamos en nuestros respectivos lugares y yo me puse el iPod, tal como había hecho el primer día para intentar aislarme de mis
compañeros, bueno… más bien de Martin.
Me recosté en la mesa. No había dormido nada bien por estar pensando en lo malo qué sería el día de hoy, pero lo cierto es que Martin
actuaba como siempre había actuado, viéndome todo el tiempo y de la manera incómoda que yo recordaba, la diferencia era que yo lo
veía todo con nuevos ojos.
Yo le devolví la mirada, atrapándolo con el poder de mis ojos, aunque no sabía exactamente que quería mostrarle, si terror o ternura,
así que decidí alternarlos cada pocos segundo y su expresión pareció corresponder con mis miradas hasta que después de cinco
minutos me eché a reír y él rió conmigo.
Me reí por la estúpida forma en que su rostro cambiaba repentinamente cada vez que yo quería.
Fue tan fuerte la explosión de carcajadas que todo la clase volteó a mirarnos.
—¿De que os reis?—preguntó Irving alzando una ceja.
—Es que…—intenté explicarle pero no pude dejar de reírme. Así que miró a Martin para que él le explicara.
—Es que Sofi… es… es que ella…—pero él tampoco pudo dejar de reírse y de golpear la mesa.
Estuvimos así como cinco minutos.
—¿Podrían contarle el chiste al salón?—preguntó repentinamente el profesor Hurley.
No me había dado cuenta de que estaba ahí porque estuve viendo a Martin y él estuvo viéndome a mí, así que al parecer, por su cara de
espanto tampoco él se había dado cuenta. Nos callamos repentinamente.
—¿Y bien?—dijo el profesor.
—Es… es que no era una chiste—dije mirando al suelo.
—¿Entonces qué es tan gracioso?—preguntó el profesor de forma severa.
—Es que Sofi se me quedó viendo a los ojos—explicó Martin con sinceridad—, pero ella puede hacer que me aterre o que me de ternura
según lo que quiera mostrarme—dijo con una sonrisa—, entonces se me quedó viendo primero con enojo y luego con ternura cambiando
repetidas veces y después de cinco minutos nos empezamos a reír porque mi cara cambiaba según lo que ella quería.
”En pocas palabras nos reímos de mi debilidad ante sus tonterías—concluyó con una risita.
El profesor nos miró con curiosidad.
—No entendí muy bien… pero, por favor, presten atención a la clase—dijo y luego volteó hacía el pizarrón y continuó explicando algo sobre
la época victoriana de 1845, o algo así.
Martin me miro y frunció la boca, conteniendo una sonrisa. Yo también sonreí y me puse un dedo en los labios para indicarle que guardara
silencio.
Al llegar el descanso, Austin se nos unió a Martin y a mí en nuestro camino hacia el lugar del patio donde nos reuníamos con Alex.
—¿Qué hay chicos?—preguntó Austin cuando tomamos asiento junto a Alex y Helen.
Debido a la reciente expansión de nuestro grupo para desayunar, los lugares fueron… reasignados, por decirlo de alguna forma.
Ahora Martin se sentaba a mi derecha, Alex a mi izquierda, Austin en frente de mí y Helen… digamos que junto a Alex y Austin como en la
esquina del cuadrado.
Debía admitir que esa situación me gustaba. Estaba cosechando lo que había sembrado. Gracias karma…
Aunque fueran buenas noticias departe del universo, era al mismo tiempo un poco incomodo tener a tres chicos que peleaban por mí y
era muchísimo peor si tomábamos en cuenta que las únicas chicas de la escuela que me dirigían la palabra eran Nat y Greta, ya que ni
siquiera Hana se dignaba a hablarme.
Quizá el karma también me está haciendo una mala jugada…

Capitulo 30

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El lunes por la mañana estaba nerviosa. En poco tiempo me encontraría con Martin y seguro intentaría hacer algo como besarme,
o lo que fuese, y seguro yo estaría dispuesta a devolverle el beso en el momento en que él me tocara por el simple hecho de que la
sensación que me producía su cálida piel era eléctrica, irresistible.
Sería difícil lidiar con eso si él insistía, pero si no lo hacía solo sería cuestión de ignorar la sensación cada vez que lo tocara.
Al menos tenía a la voz de la sensatez para ayudar a controlarme si era necesario. Solo hacía falta que me recordara una palabra: Alex.
Salí del baño y me vestí:
Pincha aquí para ver esta foto.
Baje a desayunar mis diarios cereales, & en eso sono el telefono. Entonces mi madre dice la tipica frase:
''Sooofii cogelo que me estoy duchandooo'' -.-
~~~~~~~~~~~~~~~~~Telefono~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
—Al habla la familia García, quien es?—dije, por que no era muy normal llamar a estas horas de la mañana.
—Que graciosa te has vuelto tu ¿no?—dijo una familiar voz
—Porfin te dignas a llamar feoncia, pensaba que te habias olvidado de mi!—le dije
—nunca olles? bueno, bueno, ahora si, CUENTAMEE!! que tal todo tía?
—Joder, otra gritando, Miriam, sabes que odio que grites en el telefono, que me quedare sorda!!!
—Vale, perdona churriponcia, cuentameee porfavooorr—dijo con desesperacion
—Bien, resumiendo, tengo miles de admiradores en el instituo, he visto a Alex & a la zorra, & he descubierto que aun le quiero,
eh echo un monton de amigas & amigos nuevos, & un tio buenisimo viene detras de mi como mi perrito faldero, a si, ayer
nos enrollamos en el sofa.
Ubo un silencio bastante laargo por parte de Miriam, estaría asimilando tooda la informacion.
—QQUUEE QUEEE!!!!!!!!!!!!!!!!—dijo gritando
—que no grites so puta!
—lo siento, pero tia que fuerte, pero... ¿como? aqui no, y alli si? no lo entiendo, que suerteeee!! flipante, como se llama?
—Martin—dije
—Puf... encima tiene nombre bonito, me lo tienes que presentar porfaaa, te hecho de menos, olle que me tengo que ir al insti,
lo siento, te quiero.
—Ok, yo igual. Mandale muchos besos a Fer de mi parte, & dile que me llame cuando pueda que le tengo que contar muchas cosas.
Adios!
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~Fin telefoono~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Y colgue. Respiré hondo al dar la vuelta en la esquina cerré los ojos. Luego los abrí y lo vi sentado, esperándome.
Se paró de donde estaba y se acerco a mí con los brazos abiertos y sonriendo, como si fuera a abrazarme…
y así lo hizo.
Me abrazó la cintura y me besó con ternura en los labios, un beso al que yo obviamente correspondí. Sentí un temblor en mi estomago,
como el cosquilleo de la electricidad entre nosotros.
No pude contenerme y le abracé el cuello mientras lo besaba con más fuerza. Él respondió a mi intensidad.
Alex. Me dijo la voz.
Usé toda mi concentración y dejé de besarlo.
Cuando me detuve él me miró a los ojos y acarició mi cara.
—No creo que puedas imaginarte lo feliz que estoy—me dijo con un tono contenido, por la emoción que lo
embargaba—. Todo el fin de semana estuve tratando de convencerme de que en verdad había pasado lo que paso, pero contigo aquí,
entre mis brazos, todo es más fácil de recordar.
—Martin, tengo que decirte algo—le dije desviando la mirada.
—¿Qué cosa?—me dijo preocupado ante mi tono evasivo.
Suspiré.
—Es que creo que deberíamos olvidarnos de esto…
Él volvió a besarme con intensidad y yo volví a devolverle el beso. Sabía cual era mi punto débil.
Toqué su abdomen, deseosa. Al sentirlo él me apretó más la cintura.
¡Alex, Alex, Alex!
Lo besé tres segundos más antes de detenerme a hacerle caso a la voz. Pero en lugar de detenerse cuando yo lo hice, bajo la dirección de
sus labios y besó mi cuello.
—¡Martin, estamos en la calle!—le dije para que parara, a pesar de que mi brazos en su cuello decían algo totalmente
distinto—¡Deja de besarme!
Él se detuvo y me miró a los ojos de nuevo, luego se acercó.
—¿Aún quieres olvidar lo que pasó entre nosotros el viernes?—me preguntó acariciando mis labios con los suyos.
Lo besé una vez más y él me devolvió el beso.
¿Para qué me quieres si vas a hacer lo que se te pegue en gana? Preguntó la voz de la sensatez con desesperación.
No puedo evitarlo… Me excusé conmigo misma.

Capitulo 29

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''EL SUEÑO''
Asentí mientras secaba mis lágrimas. Entonces él acerco su rostro al mío y me besó con ternura.
Yo le devolví el beso, abrazándolo con emoción.
Sus labios cobraron fuerza conforme nuestro beso se alargaba. Me abrazó por la cintura y me acercó a
él con fiereza. Mis recuerdos volaron al día anterior.
Lo jalé hacía mí para acostarnos sobre el sofá al igual que había hecho con Martin ayer. Deslicé mi
boca por su cuello y él se estremeció.
Sus manos se deslizaron por debajo de mi camisa y tocaron la piel de mi cintura desnuda. Su boca bajó
por mi cuello y besó mis clavículas, mientras yo enredaba mis dedos en su cabello y lo estrechaba
contra mí.
—Te esperé por tanto tiempo…—le dije cuando sus labios volvieron a subir hasta los míos.
—Perdóname por haberte hecho esperar…—susurró en mi oreja y luego la mordió con suavidad.
Me estremecí y busqué sus labios otra vez. Nos dimos la vuelta en el sofá y quedé sobre de él.
Toqué su abdomen por debajo de su playera y le besé el cuello una vez más.
Él me envolvió con sus brazos y me besó los labios. Nos devoramos con fiereza, pero en ese
momento escuche la voz de mamá.
—Sofi.
Me levanté, quitándome de encima de Alex y busque a mi madre con la vista.
—Sofi—volvió a decir. Pero yo no sabía de donde provenía su voz.
De repente mi visión se puso borrosa y todo se volvió negro.
—Ya levántate, floja—me dijo mi madre cuando abrí los ojos.
—¿Qué?—le pregunté a mi madre, confundida.
—Ya es sábado y son las dos de la tarde—me dijo.
Me tallé los ojos, y miré a mi alrededor. Estaba en mi cuarto con el pijama morado con cuello tipo
polo que me había puesto la noche anterior para ocultar lo rojo de mi cuello.
¿Fue un sueño?
Sí, había sido un sueño y para colmo lo de Martin había sucedido en realidad.
—¿Son las dos de la tarde?—le pregunté a mi madre frunciendo el ceño.
—Sí y tienes algo de ropa que lavar—me recordó señalando mi bote de ropa, que estaba lleno hasta el
tope.
Asentí y ella me dejó sola.
No podía creer que había sido un sueño, me dejé caer una vez más en mi cama y me tapé la cara con la almohada.
Y lo peor no era que el sueño no era real, si no que tendría que enfrentarme a lo que pasó con Martin el lunes.
Se me hizo un nudo en el estomago de solo pensarlo.
¿Cómo había sucedido todo aquello en tan poco tiempo? Ah, sí, todo había sucedido por dos cosas: Una, Martin empezó a gustarme un poco en el trayecto de la semana y dos, mis hormonas se pusieron loquitas en el momento equivocado.
Me sentía muy extraña, como si no fuera yo misma. Cada vez que recordaba lo que había pasado con Martin me costaba incluso
más trabajo creerlo. Simplemente no podía creer que fuera yo la persona que había, prácticamente, devorado a Martin el día anterior.
No era algo que yo haría, por el simple hecho de que nunca lo había hecho antes. Seguía sin poder creerlo.
Solo de pensar en el momento en que Martin me había preguntado si podía besarme y yo había dicho que no lo sabía…
Me costaba trabajo recordar porque no había dicho que no.
Me concentré en como me sentía en compañía de Martin.
Me sentía segura, porque tenía alguien en quien confiar y en quien apoyarme cuando estuviera lastimada, alguien que me cuidara la espalda.
Me sentía admirada, porque Martin todo el tiempo decía lo que le gustaba de mí, ya fueran mis ojos, lo lista que era, lo hermosa que era… todo, por supuesto, desde su punto de vista.
Pero sobre todo, me sentía amada, más no de la manera en que estaba acostumbrada. Me sentía amada no de la manera en que me amaba Rachel o mi madre, o cualquier miembro de mi familia, si no, más bien de la manera en que yo amaba a Alex.
Era raro pensar que alguien realmente me quisiera de esa manera, porque nunca antes me había pasado, o al menos no estando yo consiente de ello.
Me levanté de la cama y me miré el cuello en el espejo. Lo rojo ya había desaparecido.
Me puse ropas cómodas para el día que tenía por delante…
Cuando terminé de hacer todas mis tareas, tomé un baño y me acosté, porque ya eran las ocho de la noche. Había sido mucha ropa porque era la de dos semanas.
Veamos… ¿El lunes qué haré? Pensé mientras repasaba los planes.
En la mañana lo más probable era que viera a Martin y él actuaría como… como novio.
Me costaba trabajo pensar en eso porque se me hacía un nudo en el estomago cada vez que pensaba así.
Entonces, lo que haría sería ser como había sido desde antes de que pasara todo lo que pasó, es decir, actuar reacia que me besara,
me halagara o me mencionara cualquier cosa que tuviera que ver con tener una relación con él.
Suspiré, frustrada. Frustrada porque dudaba bastante que las cosas volvieran a ser igual que antes, ya que algo entre nosotros se había
encendido. Ahora existía el deseo que teníamos el uno por el otro, en niveles distintos, pero existía y estaba muy claro ahora.
Al menos lo intentaría, de eso estaba segura, aunque tampoco es que yo misma viera a Martin de la misma manera. Yo también lo deseaba,
pero no era ni la milésima parte de lo que sentía por Alex.
A pesar de que no lo deseara de la misma manera, ya lo veía todo de forma distinta, quisiera verlo así o no. Ahora cada vez que tocara a Martin, sentiría los nervios de punta, porque recordaba perfectamente la sensación que había sentido incluso cuando tomó mi mano, esa electricidad.
Y esa era la sensación que aún no sentía con Alex, pero estaba cien por ciento segura de que eso cambiaría si llegaba a pasarnos algo
parecido a lo que pasó con Martin.
Dejé de pensar en eso, porque solo me estresaba. Bostecé, estaba exhausta, así que me dejé ir y me quedé dormida.

Capitulo 28

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''EL SUEÑO''
Me desperté temprano en la mañana, aproximadamente a las ocho.
Me levanté y fui a ver si mi madre estaba en su cuarto.
Estaba dormida aún con la ropa de trabajo. Debía haber llegado tarde.
Fui al baño y de paso me observé el cuello en el espejo. Todo lo rojo había desaparecido.
Tomé un baño y lavé mis dientes. Me vestí así:
Decidí que era hora de lavar mi ropa, así que fui a mi habitación y tomé el bote de la ropa sucia,
luego me encamine hacía el cuarto de lavado y separe los colores claros de los oscuros.
Mientras esperaba a que saliera la primera carga de ropa fui a desayunar algo. Mamá bajo las
escaleras cuando yo estaba terminando mi comida.
—Hola, Sofi. ¿Cómo te fue ayer con lo del proyecto?—me preguntó mientras se preparaba un café.
—Ah… Bien, terminamos todo.
—Que bien. Por cierto, tu amigo Martin, es muy guapo—me dijo alzando las cejas mientras le daba
un trago a su café.
—Sip, trae a todas las chicas de la escuela locas, bueno, tambien Alex —le dije sonriendo.
Ella soltó una ligera y despreocupada carcajada.
—Cierto, ese Alex también es un guaperas.
Sonreí.
Me levanté de la mesa y dejé mi plato en el fregadero.
—Sofi ¿a ti que chico te gusta?—me preguntó repentinamente mi madre.
Me puse nerviosa, pero sabía disimular muy bien.
—Pues nadie por el momento—le mentí.
—¿Sabes? Me gusta como se ven juntos Martin y tú—dijo con la mirada perdida.
Me reí.
—¿Por qué?—le pregunté.
—Pues porque es un chico muy guapo y tú también lo eres. —me dijo
—Sofi, Sofi, Sofi. Desde pequeña te crees un patito feo y en realidad siempre has sido un cisne—me dijo mi mama suspirando.
—Eso es porque tu me ves con ojos de madre—le dije abrazándola.
—Claro—dijo con sarcasmo— Voy a terminar lo que tengo que hacer—le dije soltándola y regresando al patio.
Ella asintió y se sentó en la mesa para tomar su café.
Terminé de lavar cuando fueron las diez de la mañana y la tarea la había terminado desde ayer,
así que me quedé sin nada que hacer.
Mi madre se puso a lavar su ropa cuando yo terminé. Subí a mi cuarto y me acosté.
Desde hace unos días ya casi no utilizaba el ordenador, pero lo cierto es que no me interesaba,
por lo cual decidí ver la tele y relajarme un rato. También estaba el asunto de Martin, pero podía pensar
en él el domingo.
Llevaba un rato viendo la televisión cuando sonó el timbre.
Abrí la puerta y me sorprendió ver en frente de mí a Alex.
—Hola, Sofi—me dijo con una sonrisa.
—Hola, Alex. ¿Qué haces aquí?—le pregunté mientras revisaba a su alrededor para ver si no traía “compañía”.
—Helen no viene conmigo—dijo al ver que miraba hacía todos lados buscándola.
—Ah, OK—le dije.
—¿Puedo pasar?—me preguntó.
—Claro, adelante—le dije haciéndome a un lado para que pasara.
De repente vi a mi madre bajando las escaleras con urgencia y vestida con su uniforme del trabajo.
—¿Mamá?—le dije cuando tomó su bolsa—¿A dónde vas?
—Al trabajo. Hubo un problema con un formulario de profesores, así que me hablaron de urgencia para
que vaya a ayudar. Lo siento, voy a llegar tarde.
—No te preocupes. Por cierto, Alex está aquí—le dije señalando a mi amigo.
—Ah. Hola, Alex—dijo mi madre mientras se acercaba para besar su mejilla.
—Hola, Rebeca—le dijo él.
—Lamento no poder atenderte, pero tengo prisa. Bueno, nos vemos—dijo moviendo la mano mientras
salía de la casa y cerraba la puerta detrás de ella.
—Bueno y… ¿cuál es la razón de tu visita?—le pregunté otra vez alzando las cejas.
—Quiero hablar contigo sobre algo importante—me dijo mientras fruncía la boca con nerviosismo.
—Está bien—le dije y me senté en el sofá doble de mi sala.
Sentí una ligera sensación de deja vú cuando se acercó y se sentó junto a mí.
—¿Y de qué quieres hablar que sea tan urgente como para venir a mi casa?—le pregunté.
—Pues el asunto es que…—le temblaba la voz mientras se explicaba.
—Ya suéltalo…—le dije alzando una ceja con suspicacia.
—Es que es difícil para mí decir esto—dijo mirando hacía el suelo, evitando mi mirada.
—¿Decir qué?—pregunté confundida.
—Sofi, te quiero—dijo mirándome a los ojos repentinamente.
—¿Qué?—le dije con voz ahogada, como si me hubieran propinado un golpe en las costillas.
—Mira, yo se que quizá tú no sientes lo mismo pero no quiero que esto se interponga en nuestra
amistad ¿sí?—me dijo con la voz quebrada y nervioso.
—Pero ¿y Helen?—le pregunté con una sonrisa que se empezaba a extender por mi rostro.
—Terminé con ella ayer. No podía seguir ocultando lo que sentía.
—Alex ¿hablas en serio?—le dije rompiendo en sollozos.
—Sí, pero ¿por qué lloras?—me dijo mientras me abrazaba y quitaba las lagrimas de mi rostro.
—Porque es-toy tan fe-feliz—le dije casi sin poder hablar por mis sollozos.
—¿De verdad?—me dijo tomando mi cara entre sus manos—¿Eso quiere decir que tú también me
quieres?

Capitulo 27

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''¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAIIIIIHH DIOOOOOOOOOOOOOOOS MIOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! que fuerteeee''
~~
—Martin, ya basta—susurré en su oreja mientras besaba mi cuello.
—¿Por qué?—me preguntó sin detenerse.
—Porque mi madre y tus padres, seguro llegarán pronto—le dije intentando dejar de tocarlo.
—Maldita sea, tienes razón—dijo, y después me besó en los labios.
Suspiré y dejé de besarlo.
—Llévame a casa ¿si?
—Está bien—dijo. Después me dio un último beso rápido y fue por mi mochila.
—Gracias—le dije mientras abría la puerta.
Cuando empezamos a caminar hacía mi casa me tomó de la mano y entrelazó sus dedos con los míos.
Caminamos en silencio. Ni una palabra, ni un suspiro, ni nada… Solo nos miramos a los ojos. Yo a él con culpa y él a mí con ternura.
Llegamos a mi casa y aún no estaba el coche de mamá.
—Nos vemos el lunes en la escuela—le dije mientras abría la puerta con las llaves y ponía la mochila en el suelo de la sala.
—Sí, hasta luego—dijo mientras tomaba mi cara entre sus manos y me besaba con suavidad.
¡Cuantos besos! Pensé.
Dejó de besarme y tomó mi mano mientras caminaba hacía atrás, dejándola ir poco a poco.
Entré y cerré la puerta.
Me dejé ir hasta el suelo recargada en la puerta.
Puse los pies en la tierra repentinamente. ¿Qué acababa de pasar?
Tomé mi mochila y subí corriendo las escaleras. Telefoneé el número de Rachel.
—¿Hola?—dijo la voz de mi amiga del otro lado de la línea.
—Rachel, a que no adivinas lo que acaba de pasar…
Le conté absolutamente todo y con lujo de detalles.
—¡No in-ven-tes!
—Así fue todo—le dije a Rachel con solemnidad.
—¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAIIIIIHH DIOOOOOOOOOOOOOOOS MIOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! que fuerteeee!
¿Y qué es lo que vas a hacer?!!—me preguntó.
—NO CHILLES LOCA!!, Pues, eso es lo que no sé…
—Sofi, no puedo creer todo lo que me acabas de contar—me dijo con voz emocionada y alegre—. Esto quiere decir que ya as olvidado a Alex.
Suspiré y me quedé callada.
—¿O quizá no?—dijo, al entender lo que significaba mi silencio.
—La verdad, lo sigo queriendo—le dije llevándome la mano libre a la frente.
—¿Entonces?
—Es que Martin me gusta y estábamos solos y mis hormonas se pusieron loquitas y todo fue muy rápido…—le dije rápida y nerviosamente.
—Tranquila, respira.
Hice lo que me decía.
—Sofi, en serio ¿estas demente? Pobre Martin, lo vas a destrozar…
—Se lo dije, le dije que estaba mal que nos besáramos porque yo queria a Alex y era muy probable que Alex también a mí.
—¿Y no reaccionó?—preguntó mi amiga con preocupación.
—Dijo que ese era su problema.
—Es un tonto—dijo bufando.
—Un tonto que besa demasiado bien—dije yo, recordando como sus labios se unían a los míos y luego bajaban hasta mi cuello.
—Sí, pero un tonto que tu no amas. Al menos no aún—dijo Rachel regañándome.
—Tienes razón. Ahora que tengo más clara la mente ya que no tengo a ningún chico guapo en frente de mí, ya sé más o menos que voy a
hacer… creo—le dije insegura, pero sí teniendo una idea de lo que haría.
—¿Se puede saber que harás?
—Él lunes voy a decirle a Martin que es mejor si olvidamos todo lo que pasó hoy.
—Esto es complicado—me dijo haciéndose eco de mis pensamientos.
—Lidiar con hombres siempre va a ser complicado—le dije, deprimida de solo pensar en todo lo que había permitido que sucediera esa tarde.
”Es que no se como pasó todo eso si hace solo una semana le di una cachetada por un beso ni la mitad de fuerte que los de hoy.''
—Yo sí lo sé. Es porque a pesar de que amas a Alex, Martin esta empezando a gustarte—me dijo Rachel con una ligera nota de felicidad
en la voz.
—Sí, pero esta mal que me permita a mi misma llegar tan lejos solo conociéndolo desde hace dos semanas—dije decepcionada por mi
poco autocontrol.
—Sofi, yo se que estas loquita, pero también se que dentro de ti hay una chica muy responsable y, a pesar de que aparece en el último
minuto, siempre aparece justo a tiempo, así que no te sientas tan mal. Además pronto lo vas a solucionar.
Suspiré.
—Eso espero. Bueno, estoy muy cansada, me voy a dormir.
—OK. Te marcó el lunes para que me cuentes como te fue.
—Está bien. Te quiero. Deséame suerte.
—Por supuesto. Yo también te quiero. Nos vemos.
—Adiós—le dije y luego colgué el teléfono.
Puse el teléfono en la mesita de noche y me acosté en la cama. Tenía ganas de llorar por sentirme tan atrapada y todo por mi culpa.
Me puse una almohada en la cara y solté un grito. Después me la quité y pensé un poco.
Decidí que no dejaría hablar a las voces de mi cabeza porque, sinceramente me sentía como esquizofrénica, así que las uní con el resto de mi mente para usarlas solo cuando yo
pensara en ellas.
¿Qué voy a hacer con Martin? Pensé.
Lo mejor que podía hacer era lo que ya había decidido, decirle que era mejor parar de hacer cosas que lo podían lastimar y que a pesar
de que fuera su problema, era mi amigo y no quería que sufriera.
Eso era lo mejor, pero por otro lado estaba el deseo…
Lo cierto es que me gustaba besarlo y mi voluntad bajaba tanto cuando nuestros labios se tocaban que casi no era capaz de pensar.
En ese momento se me ocurrió que lo mejor sería liberar únicamente a la voz de la sensatez, así que a pesar de sentirme como
esquizofrénica y probablemente estar algo chiflada, la liberé. Esa voz seguro me interrumpiría si Martin intentaba seducirme con sus besos.
Sus besos…
Jamás había besado a ningún otro chico en toda mi vida, (sin contar los picos jugando a la botella con mis amigos)
pero a pesar de eso dudaba que cualquiera pudiera besar así de bien.
Pensé en lo que él me había dicho, “besas muy bien”. Sonreí ante el recuerdo. No sabía a ciencia cierta si él decía la verdad, porque
me quería y dicen que el amor es ciego, pero decidí creerlo.
¿Y Alex? ¿Por qué pensaba en Martin en lugar de pensar en Alex?
Entonces tuve una idea e imaginé que todos los besos que había recibido esa tarde eran de Alex.
Suspiré. Era patética.
¿Por qué no podía ser Alex la persona que me quisiera tanto?
Me sentía demasiado cansada para pararme, así que solo tomé mi pijama y me volví a acostar. Me quité la ropa acostada y luego me puse
mi pijama.
—Tengo que lavarme los dientes—me quejé para mi misma.
Me levanté de la cama y me dirigí al baño para lavarme los dientes. Al verme en el espejo solté un grito ahogado.
Mi cuello estaba rojo de algunas partes y mis labios estaban ligeramente hinchados.
—Oh-oh—dije en voz muy baja.
Me lavé los dientes rápido y me eché agua fría en el cuello, pero no tuvo ningún efecto. No podía dejar que mi madre viera eso.
¿Qué hago? Estoy llena de chupetones!! -.-
Corrí a la cómoda que estaba en mi cuarto, ya que mi ropa interior y mis pijamas si las guardaba ahí, separadas del resto de mi ropa.
Cerré la puerta con seguro por si mi madre llegaba.
Busqué a toda velocidad un pijama que cubriera mi cuello. Los únicos pijamas que lo cubrirían eran los que tenían playeras de cuello tipo polo.
Elegí el pijama morado, porque era del mismo color del que estaba usando en ese momento, así que mi madre no notaría que la había
cambiado antes de que terminara la semana.
Me quité rápido la que tenía y me puse la otra.
Me fijé en el espejo y me di cuenta, con tranquilidad, de que me cubría toda la parte roja del cuello, ya que se concentraba principalmente
en la parte que estaba un poco más arriba de mis clavículas.
Cansada y, finalmente, relajada me acosté y me quedé dormida.