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CAPITULO 2: HAY QUE JODERSE...
DOS AÑOS DESPUÉS...
Hola a todos y a todas, sí ha pasado mucho tiempo, dos años exactamente des de aquel inolvidable día, ahora tengo quince.
Yo eh cambiado mucho, soy más alta (normal no?xd), más flaca, con el cabello muy largo y sin fleco, mis dos mejores amigas lo siguen
siendo y el imbécil de Justin se cambio de instituto ara un año y medio, no lo veo desde esa fecha.
Mi madre esta muy feliz por que se ha echado novio, se llama Tom, y de momento no se van a casar, dice que tiene un hijo muy educado,
un año mayor que yo, yo no lo he visto pero dice que es muy guapo.
Ahora mismo estamos en vacaciones de verano, estaba recostada sobre el sofá, detrás de el había una ventana con vistas al exterior.
Desde ahí podía mirar como la lluvia se hacía cada vez más fuerte.
No era uno de mis mejores días, estaba triste y no sabía el porqué. Bueno, si que lo sabía. Hoy iba a venir el novio de mi madre y su hijo, y se
quedaría a vivir con nosotras. Tom, me caía mal, a pesar de que apenas lo conocía. Sabía que estaba siendo injusta con él, ya que no tenía la
culpa, pero me daba rabia que mi madre se olvidase de mi padre tan facilmente, ya que él había muerto en un accidente de tráfico hace casi
diez años; solo con recordarlo, un extraño dolor ataca mi cuerpo, oprimiéndome el estómago y acelerándome el corazón.
Cogí un cigarrillo y lo encendí algo nerviosa. Tan solo eran las once de la mañana y mi madre había salido a comprar para “hacerle una
comida especial a Tom”. El timbre sonó minutos después, cuando estaba a punto de apagar el cigarrillo. Me alarmé pensando que podía ser
mi madre, ella no sabía que fumaba, por eso enterré el cigarrillo en una maceta que mi madre tenía encima de un mueble y eché un
ambientador que olía a lavanda por toda la sala.
Si mi madre se llegase a enterar, os juro que me mataba.
Fui corriendo para abrir la puerta, pero detrás de ella no se encontraba mi madre, si no un chico joven, alto y delgado, que estaba mojado de
pies a cabeza.
-Me gustan este tipo de bienvenidas.- dijo escaneando mi cuerpo.
Me miré, y me di cuenta de que tan solo llevaba una camiseta de los Guns n' Roses y unas bragas negras. Fruncí el ceño y volví a mirarlo,
intentando no darle importancia a su comentario.
-¿Y se puede saber quien eres y que haces aquí?- pregunté bajando la vista para ver que llevaba en cada mano una maleta.
-Tu debes de ser Laura- dijo con una sonrisa.- Encantado, me llamo Justin.- extendió su mano para que le diese la mía, pero no lo hice, lo que
provocó en él una mueca de desagrado.
-Sigo sin saber quien eres.- insistí, bastante confusa por su presencia, me recordaba a alguien y no se a quien...
-¿No te habló tu madre de mi?- preguntó extrañado.- Pues que pena.- sonrió e intentó entrar en la casa, pero se lo impedí poniéndome en
medio.
-¿Mi madre?- pregunté de nuevo, sin entender nada de lo que pasaba.
-Soy el hijo de Tom, ¡y déjame entrar de una puñetera vez que me estoy mojando con la lluvia!- gritó, dejando de lado el papel de chico bueno.
-¡¿Qué?! No puede ser.- me quejé.- un momento... TU ERES EL IMBECIL QUE ME ROBO MI PRIMER BESO!!
Él aprovechó la situación para echarme a un lado y así poder entrar, ya dentro se hecho a reír.
Cerré la puerta con fastidio, y me giré para ver como las gotas resbalaban por su cabello oscuro, cayendo al suelo con rapidez, y formando
un pequeño charco.
-Un momento, TU ERES LA FEA? wow chica, si que has cambiado...-dijo mirando-me de arriba a bajo
-Oye, que estás mojando todo.- le dije molesta.- Cámbiate de ropa, o haz algo.
-La culpa es tuya por no dejarme entrar.- se rió, logrando enfadarme más de lo que ya estaba.
Dejó las maletas, que también estaban algo mojadas a un lado, y empezó a quitarse la chaqueta. Observaba atónita como después de tirar
esta al suelo, se quitaba la camiseta, dejando ver un perfecto abdomen. No sabía cual era exactamente mi expresión en ese momento, pero
que se deshiciera del cinturón fue la gota que colmó el vaso.
-¿Qué coño haces?- pregunté sintiéndome incómoda ante la situación, obligándome automáticamente a girarme para no verlo.
-Dijiste que hiciese algo, ¿no?- decía, mientras escuchaba como su pantalón caía al suelo.
Abrió la cremallera de una de las maletas para quitar de ella ropa seca, o eso me imaginaba, ya que mi mirada estaba clavada en uno de los
cuadros que mi madre pintara, y que ahora colgaba de la pared.
-¿Acabaste ya?- pregunté, pero no recibí respuesta alguna.
Volví a girarme para verlo, pero ya no estaba, tan solo se encontraban las maletas tiradas en el suelo al igual que la ropa mojada que antes
llevaba puesta.
-Maldito...- mascullé.
Me adentré en la cocina rápidamente, bastante molesta y enfadada. Allí estaba él, abriendo todos los armarios y cajones que había allí, para
finalmente coger un vaso. Después abrió la nevera y llenó este de zumo de naranja comprado. Lo miré perpleja, observando con detenimiento
su comportamiento.
-¿Y se puede saber donde está tu padre? ¿Acaso no iba a venir a las dos del mediodía?- pregunté ignorando lo que estaba haciendo.
-Si, pero me mandó venir antes para que trajese algunas de las maletas y así te fuese conociendo. Tu madre también estaba de
acuerdo.- añadió.
-¿También estaba de acuerdo?- pregunté con una sonrisa vacilante.- ¿Me estás diciendo que esto es una especie de plan para que nosotros
dos estemos a solas y nos conozcamos mejor?
Justin agarró el vaso y se bebió el zumo de un trago, despreocupado e indiferente. Al terminar me observó para contestarme:
-Si, algo así.
-Perdona si te ofendo,- empecé a decir con ironía.- pero no pienses que tengo ganas de llevarme bien con tu padre, y menos contigo.
-Tranquila, si vine hasta aquí fue por que me obligaron. Yo tampoco estoy interesado en caerte bien.
Me acerqué a una de las sillas que estaban alrededor de la mesa para coger mi bolso, rebusqué en el hasta encontrar una cajetilla de tabaco, cogí un cigarrillo y lo encendí. Esto me superaba.
Justin me miró a los ojos y de nuevo volvió a fijarse en mis piernas. Se acercó a mi lentamente.
-Oye, ¿puedes taparte antes de que acabe violándote?- preguntó sonriendo de lado, me quitó el cigarrillo de la mano y empezó a fumarlo.
Lo observé enfadada, y entonces pude ver detenidamente su cara; tenía los ojos marrones casi como la miel, la tez pálida y el pelo marrón
aún goteando. El humo salía de su boca e iba directamente a mi cara, en sus labios rosados, concretamente el inferior, tenía un piercing en
forma de aro, que por desgracia, le quedaba genial.
Inspiré el humo y di media vuelta para poder ir al segundo piso de la casa. Entré en mi habitación y busqué en mi armario un pantalón pitillo
de color negro y me lo vestí. Cogí el móvil que lo dejara sobre la mesilla y lo guardé en el bolsillo, entonces me fijé en una nota color azul que
había al lado, era de mi madre:
“Cariño, como te dije ayer voy a hacer la compra, vístete, que vas a tener una visita. Se que te vas a enfadar conmigo por no decírtelo, estoy
segura de que te llevarás bien con él, tiene tan solo un año más que tú y es muy buena persona, se llama Justin. Pasarlo bien, volveré pronto.”
-Muy buena persona...- susurré antes de empezar a reírme con fastidio.- Hay que joderse...
Una chica adolescente, Sofi, ve la vida de un modo diferente a los demás y cree que hay una vida social adolescente en varios grados. Ella está solo en uno. Pero cuando deciden mudarse de ciudad su vida cambia, gira unos 90º, ya no sabe quién le gusta, y tampoco quién está enamorada de ella. ¿Con qué chico acabará? ¿Cuál será su secreto? ¿Lo dirá? ... Todo esto y muchas más sorpresas en PALABRAS PARA ÉL.
domingo, 13 de noviembre de 2011
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