domingo, 13 de noviembre de 2011

Capitulo 51

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//QUE YO TE AMO SOFI//


Sus ojos se empezaron a humedecer y su labio inferior temblaba.

Lo miré con ojos abiertos como platos y ahora la petrificada era yo. ¿Estaba llorando?


—¿Alex?—dije con voz temblorosa por la tristeza que me provocaba verlo llorar.

Inmediatamente se llevó una mano a los ojos y se limpió las lágrimas.

—No pasa nada—dijo con voz ronca.

—¿Cómo que no? ¿Qué ocurre, Alex?—dije levantándome del columpio y abrazándolo.

—¿Qué no es obvio?—dijo él rompiendo a llorar desconsoladamente. Yo también empecé a llorar sin ninguna razón.

—¿Qué? No te en-entiendo—dije hipeando por las lagrimas.

—Que yo te amo, Sofi—dijo abrazándome.


Me quedé helada otra vez.

¿Qué? Pero… ¿Por qué? ¿Qué está pasando?

En ese momento colapsé, lo último que sentí fueron los brazos de Alex cargándome.


—¡Sofi!—fue lo último que escuché, su voz gritando mi nombre con desesperación…


Abrí los ojos lentamente y con cautela.

¿Fue un sueño?

Sería factible que hubiera sido un sueño tomando en cuenta que la última vez que había soñado con

Alex también me había dicho que me amaba, pero está vez se sentía extraño, porque yo también quería

a Martin.

Me incorporé despacio y me di cuenta que no estaba en mi cuarto.


—Al fin despertaste—dijo la voz de Alex, sobresaltándome.


Estaba sentado detrás de mí, era su cuarto. Seguramente me había llevado ahí después de que me

desmallé.


—¿Estás bien?—preguntó con un suspiro—Te desmallaste.

—Si—dije incómoda—¿Y tus padres, y Sam?

—Aún no están aquí. Solo te desmallaste media hora.

—Ah… ¿Y tú que hiciste mientras?—pregunté sin saber bien que hacer.

—Observarte dormida—dijo desviando la mirada y sonrojándose. Yo también me ruboricé.


Nos quedamos callados, en silencio, un silencio incómodo y que era tan profundo que hacía zumbar mis oídos.


—Sofi, lo que dije es verdad. Te amo—dijo rojo como tomate.

—Lo siento, pero tendré que decir que… ¿solo amigos?


Parecía irónico el estar rechazando al chico que tanto había deseado tan solo unas semanas atrás, pero no iba a lastimar a Martin, porque

lo quería demasiado.


—Voy a destrozar a ese tipo—dijo con rabia.

—¡Alex! ¡Lo prometiste, prometiste que no harías ninguna estupidez!—le recordé enojada.

—Eso no sería una estupidez, hubiera sido mejor que le diera una lección desde que dijo lo que dijo el lunes—dijo, cerrando las manos

en puños.

—¿Por qué harías eso? ¿Qué te ha hecho él?—dije confundida.


Su ira no tenía ningún sentido para mí.


—¡Él…! Él…—comenzó gritando pero se quedo callado al no tener argumento.

—¿Él…?—pregunté un poco irónica, alzando una ceja.

—Eres demasiado joven para tener novio, eso lo convierte en pervertido—dijo frunciendo el ceño— y un pervertido siempre merecerá ser

castigado.

—Alex… no es por ser mala, pero hace un minuto me dijiste que… bueno, que yo te gustaba o algo así—dije, rehusándome a decirlo tal

como era—. ¿Eso no te convierte a ti en pervertido?—le pregunté un poco divertida.


Se quedó callado, tragándose su enfado y sus palabras.


—Estoy celoso ¿ya?—dijo cruzando los brazos sobre su pecho como un niño enojado.

Suspiré.

—Tienes a Helen—le recordé.

—Helen nunca ha sido la persona que yo quería realmente…


No podía evitar sentir un poco de pena por ella, aunque fuera solo muy poca, casi nada.


—No le hagas esto. No te hagas esto a ti mismo—dije mientras me levantaba de la cama y buscaba los zapatos. Seguramente Alex me los

había quitado cuando me acostó en la cama.

—¿Te vas?—preguntó con aprensión.


Lo miré antes de responder. No podía irme tan rápido después de que recién me confesara su amor, seguramente lo lastimaría.


—No, solo quiero ponerme los zapatos—respondí encogiéndome de hombros.

—Están aquí—dijo señalando un sector del suelo que había pasado por alto.

—Gracias.


Me puse los zapatos y volví a sentarme. Otro silencio incómodo en el cuál yo desviaba la mirada y él me veía.


—¿Hoy no tenías planes con Helen?—pregunté tratando de encontrar un tema fácil para rellenar el estresante silencio.


En ese momento llevo su mano a su frente y abrió los ojos de golpe.


—Lo había olvidado por completo—se lamentó.

—Oh-oh—dije bajito—. Creo que será mejor que me marche.

—Sí… a menos de que quieras cambiar de opinión—dijo con la mirada gacha.

—Lo siento Alex, pero las cosas seguirán como están—dije mientras me levantaba de la cama y fruncía los labios.

Suspiró resignado.

—Supongo que solo resta esperar a que terminen—murmuró detrás de mí mientras me acompañaba escaleras abajo.


Sonreí. Recordaba haber escuchado algo muy similar salir de los labios de Hana hace unas cuantas semanas.

Estábamos a unos pasos de la puerta cuando sonó el timbre.


—No puede ser—dije para mí misma.

—¡¿Quién es?!—preguntó Alex con rostro espantado.

—¡Soy yo, cariño!—contestó la voz de Helen.


Genial… pensé con sarcasmo. ¿Y ahora qué? ¿Se abrirá el suelo y me tragará?


—¿Qué es capaz de hacer si me ve aquí?—pregunté preocupada.

—No lo sé… ¿Crees que sea capaz de terminar?

—Es tu novia, no la mía… Dime rápido. ¿Qué hago?

—Será mejor que no te vea aquí a menos que quieras una escenita…

—No, gracias.

—¡Alex! ¡¿Sigues ahí?!

—¡Un momento!—le contestó, luego se dirigió a mí—Rápido, ve a mi cuarto y escóndete.


Corrí escaleras arriba, a su cuarto y mientras lo hacía, me lamente el haberme puesto un short que me quedara flojo, ya que se me caía

mientras corría. Abrí el closet e hice espacio entre las ropas de Alex. Me senté y cerré la puerta corrediza en silencio.

Al otro lado de la puerta podía escuchar como Alex hacía pasar a Helen. No tenía muy buen oído, solamente escuchaba ruidos vagos de

sus voces.

Escuché pasos y me puse tensa. Alguien entró en la habitación cerró la puerta.


—¡¿Sofi?!—susurró con desesperación la voz de Alex.


Abrí la puerta del closet sigilosamente.

—¿Ahora qué?—le pregunté mientras me ayudaba a salir del closet.

—Ni idea. Va a estar aquí un buen rato, el plan de hoy es ver películas—dijo con algo de culpa.

Lo miré preocupada.

—Ahora estoy atrapada aquí…—dije tallándome la cara con las manos, como si eso fuera a aliviar el estrés.

—De verdad lo siento. Debí haberte dicho desde que llegaste, pero la tentación de pasar un día contigo…—dijo avergonzado—Simplemente

lo olvidé por completo.

Lo miré sonrojada.

—Concéntrate. ¿Qué hago? ¿Salgo por la ventana?

—¿Del segundo piso?

—¡Ah! Que lío…

—Podrías bajar mientras vemos las películas, obviamente en silencio y mientras está distraída.

—¿Y cómo sabré cuando está distraída?

—Cierto…

—¡¿Alex?!—gritó Helen.


Escuchamos sus pasos mientras subía las escaleras.

—¡Métete al closet!

Dicho y hecho. Sin una palabra me metí al closet a velocidad luz y cerré la puerta corrediza.

—¿Por qué tardas tanto?—preguntó Helen al entrar en la habitación.

—Es que no encontraba las películas—contestó él con demasiado nerviosismo en la voz. Negué con la cabeza, era malísimo actuando.

—Hm… ¿Qué te parece si… nos quedamos aquí?—preguntó Helen seductoramente.


Mierda. ¡Justo hoy se pone pervertida!


—Hm… Sabes, es que realmente quiero ver esas películas—dijo Alex.

—Anda, solo un minuto…


Y no se escuchó nada más durante los próximos cinco minutos. No pude evitar sentirme irritada, es decir, no podía dejar de quererlo de la

noche a la mañana, pero tampoco podía hacerle algo malo a Martin porque también lo quería. Todo era tan difícil…

Finalmente escuché algo.


—Será mejor que bajemos ya—dijo la voz ronca de Alex.


Sentí calor en mi cuello y mis mejillas solo de pensar que podían haber estado haciendo lo que Martin y yo hacíamos…

Suspiré lo más silenciosamente que pude y esperé a que bajaran. Una vez que escuché sus pasos bajando las escaleras salí del closet y

asomé la cabeza fuera de la habitación solo un poco, para ver en que parte de la casa se encontraban.

Alex estaba poniendo una película en el DVD, y Helen estaba en el sofá doble, dando la espalda a donde yo me encontraba.

Esperé a que la película empezara y se acurrucaran en el sofá.

Dejé que pasara aproximadamente media hora de la película para asegurarme de que realmente le prestaban atención y fue entonces

cuando me quité los zapatos y tomé un cinturón de Alex prestado, ya que si dejaba mi short tan flojo como estaba, me quitaría velocidad al

momento de mi huida.

Empecé a salir de la habitación con los zapatos en la mano derecha y agachada. Sentía un poco de emoción, ya que me recordaba a esas

misiones imposibles de película, una niñada.

Cuando terminé de bajar las escaleras me escondí debajo de la mesa y gateé hasta la puerta trasera.

Una vez que estuve fuera me puse los zapatos y me quité el cinturón, lo deje encima de la lavadora. Caminé por el pasillo que conectaba

al patio trasero con el delantero. Cuando estuve adelante, gateé hasta el portón y abrí la puerta en silencio.

Volteé a ver si se habían dado cuenta. Solo Alex me observaba a través del enorme ventanal, y me hizo un gesto de despedida con el brazo que no tenía rodeada a Helen. Tenía cara de tristeza y se me hizo un nudo en la garganta.


Cerré la puerta y me levanté del piso, fue entonces cuando la vi

a mis espaldas con una ceja levantada.

Maldición…


XXX: —¿Sofi? ¿Por qué sales a gatas?—

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